02 de enero de 2020
02.01.2020

El TSJ rechaza que el hombre que mató de 68 puñaladas a la hija de su vecina en Alicante sufra delirios

El fallo dice que el procesado padece un trastorno antisocial pero no una anomalía psíquica

01.01.2020 | 21:35
El acusado saliendo de la Audiencia el día que fue declarado culpable por un jurado popular.

El tribunal confirma la condena de 22 años de cárcel por asesinato que impuso la Audiencia de Alicante al acusado tras declararle culpable un jurado popular.

El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad (TSJ) ha descartado aplicar atenuantes por enfermedad mental al hombre que mató de 68 puñaladas a la hija de su vecina en Alicante y le ha confirmado la pena de 22 años de cárcel que le impuso la Audiencia Provincial tras ser declarado culpable de asesinato por un jurado popular, según la sentencia de la Sala de lo Civil y lo Penal a la que ha tenido acceso este diario.

El asesinato de África Moreno, administrativa en el Hospital General de Alicante de 58 años, conmocionó a la sociedad alicantina. La mujer encontró la muerte el 28 de marzo de 2018 cuando fue a casa de su madre para irse a celebrar con ésta su 92 cumpleaños. El acusado abordó a las dos mujeres cuando salían del ascensor, cogió a África del cuello y la arrojó al suelo, sin que tuviera capacidad de reaccionar, ni de defenderse. Con una navaja de diez centímetros de hoja, comenzó a apuñalarla por casi todo el cuerpo. El padre del acusado también fue condenado por amenazas.

El acusado, Raúl Mendoza Tuomisto, adujo en el juicio que, en el momento del crimen, estaba sufriendo un delirio fruto de más de veinte años de adicción a las drogas. Los forenses aseguraron en la vista oral que el procesado sufría un trastorno de personalidad Cluster tipo B. El jurado consideró probado que éste sufría descompensaciones de tipo psicótico por el consumo de drogas, pero que no estaba acreditado que sufriera alteración mental alguna en el momento del crimen. Por estos motivos, el abogado defensor Ricardo Martínez había recurrido la sentencia al TSJ alegando que deberían haberse aplicado atenuantes por enajenación mental.

La sentencia del TSJ valora que el jurado dio mayor validez a los informes que emitieron los médicos forenses del juzgado, en lugar de las conclusiones del perito aportado por la defensa. En este sentido, el TSJ ve «correcta y coherente» la motivación del fallo por parte del tribunal popular cuando valoran el testimonio de los forenses. Estos médicos concluyeron que el trastorno tipo Cluster B que padece el acusado «es un signo de personalidad antisocial pero no una anomalía psíquica». Del mismo modo, concluyen que el testimonio de la perito de parte fue «manifiestamente insuficiente» que se entrevistó en dos ocasiones con el acusado y que sus conclusiones básicamente se basaron en los informes de la Unidad de Conductas Adictivas, donde una doctora derivó al acusado para un informe psiquiátrico que nunca se realizó. «En contraposición, los médicos forenses no sólo analizaron la inexistencia de anomalía psíquica sino también la inexistencia de síntomas de consumo de drogas», argumenta el TSJ.

La sala recalca la declaración del forense cuando dijo que el acusado tres meses después de los hechos y después de haberse rapado la cabeza solicitó una prueba capilar sobre la afectación de drogas, prueba que no se pudo realizar dado que no existía pelo alguno en la cabeza que analizar. Por tanto, concluye el tribunal, que no hay prueba alguna para concluir que el acusado se encontrara afectado por el consumo de drogas o tuviera limitada sus capacidades en el momento de cometer el crimen.

El jurado consideró a Raúl Mendoza Tuomisto culpable de un asesinato con las agravantes de alevosía y ensañamiento. El tribunal popular consideró que el ataque se produjo de manera «sorpresiva» sin que la víctima tuviera posibilidad alguna de poder defenderse. Asimismo aseguraba que con las 68 puñaladas el acusado «aumentó de forma deliberada e inhumana el dolor de la víctima, que quedó todavía viva y tirada en el suelo en un gran charco de sangre», según relata el fallo.

 
Problemas de convivencia por los ruidos por la noche

Durante el juicio, el acusado cambió de versión y adujo que sufrió un delirio por las drogas. Sin embargo, en el momento de su arresto aseguró que lo había hecho harto del ruido que hacía su vecina de 92 años cuando se levantaba por la noche para ir al servicio. En el juicio se reflejó un clima de problemas de convivencia en el edificio, donde el acusado había llegado a agredir al marido de la ahora fallecida y tenía aterrorizados a otros vecinos.

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