Blog 
A Sotavento
RSS - Blog de Manuel  Pamies Andreu

El autor

Blog A Sotavento - Manuel  Pamies Andreu

Manuel Pamies Andreu

Colaborador de INFORMACIÓN durante más de tres décadas. Interesado siempre por lo que pasa alrededor.

Sobre este blog de Vega Baja

Torrevieja, ayer y hoy.


Archivo

  • 27
    Octubre
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

     
    Alicante Vega Baja

    Ecos lejanos

     

    Aquella mujer se ganaba la vida amasando y vendiendo rollicos de anis. Con su cesta de mimbre pregonaba por las calles de Torrevieja su dulce mercancía.
    A pleno pulmón avisaba al vecindario gritando «rollicos socialistas, rollicos republicanos». Llegó el levantamiento militar y la guerra.

    En la larga paz de los cementerios, nuestra vendedora ambulante siguió voceando, aún con más ahínco, las excelencia de su producto con un nuevo mensaje: «Rollicos de la Purisímica Concepción». El negocio siempre será el negocio.

    Viuda y con cuatro hijos menores de edad, se sintió acosada no sólo por la miseria. Las andanzas de sus jóvenes vástagos le estaban acarreando demasiados problemas.

    Los chicones cuando se iba la luz, por las restricciones de energía eléctrica, tan frecuentes en aquella época, se encaramaban en los tejaos y robaban los escuálidos cables del tendido eléctrico.

    Aquella mujer rodeada de un ambiente hostil y de las murmuraciones, sin otro horizonte para su familia numerosa que vivir del trapicheo, se lió la manta a la cabeza y se fue a Barcelona con toda su prole.

    Pasó el tiempo y esta familia de emigrantes se abrió paso en todos los sentidos alcanzando una situación bastante digna y honrada. Barcelona siempre ha sido un referente para vecinos de este pueblo. Cuentan que ante aquella viuda, ya con medios económicos y generosa, paraban los tranvías por si quería subir.

    Siempre, según decían, cuando algún paisano torrevejense le preguntaba si pensaba volver a su pueblo, aunque sólo fuera de visita respondía lo mismo: Torrevieja, a las piedras vaya. Le recordaban que en su cementerio estaba enterrado su marido y ella respondía «Allí, allí está bien».

    De muy niño lo oí contar. Años más tarde, lo leí en el semanario municipal Vista Alegre. La historia narraba el único viaje que como chico de barco (grumete) realizó aquel Joven en su adolescencia.

    Navegó a bordo de un velero desde Torrevieja a Málaga, patroneado por un tío suyo el cual  años después murió de frio (creo que de vergüenza tras perder el pailebote a su cargo) en una playa de San Carlos de la Rápita, frente a los Alfaques.

    Los chicos de los barcos se encargaban de quitar las piedras que venían mezclada con el arroz, entre  otras tareas. Todavía no me explico el por qué de tanta piedra en el arroz durante la posguerra.

    El caso lo originó un marinero cuando masticando el guiso sus muelas dieron con una piedra. Tras soltar las blasfemias correspondientes mandó llamar al chico ordenándole poner su mano derecha sobre la toldilla de cubierta. Cogió la piedra y girando con fuerza el dedo gordo de su manopla la incrustó en el reverso de la del grumete, el cual al llegar a puerto todavía con la mano dolorida, dijo adiós al barco.

    No hace tantos años la cruel anécdota también me la contó el fallecido Tomás Boj Andreu uno de los hombres más ha amado el teatro en este pueblo
    Tomás añadió algo al relato. Dijo que mi padre, el protagonista de aquello, volvió andando desde Málaga hasta Torrevieja, vestido de gitana para no ser localizado en su larga caminata. Pudo ser así o no.   

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook