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¡Bien hecho! …¿o no? Una visión estratégica del fútbol
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Blog ¡Bien hecho! …¿o no? Una visión estratégica del fútbol - Juan Carlos Delrieu

Juan Carlos Delrieu

Alicantino, economista, con una capacidad más analítica que intuitiva, una educada visión estratégica del mundo que nos rodea, aficionado al fútbol y, paradojicamente, apasionado del Hércules de Alicante CF. Encantado de recibir comentarios e intercambiar opiniones en juan.carlos.delrieu@gmail.com

Sobre este blog de Deportes

Dice Sir Alex Ferguson "Para un jugador de fútbol –y para cualquier ser humano– no hay nada más satisfactorio que escuchar: ¡bien hecho! Esta frase exige liderazgo, organización, esfuerzo, trabajo en equipo, táctica, etc, es decir, elementos ligados al mundo de la empresa y de la estrategia. ...


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  • 17
    Abril
    2017

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    Alicante Deportes

    Sin equipo, ni dirección, ni transparencia… ni alternativas

    Que el Hércules no ha sido representado en esta Liga 2016-2017 por un sólido equipo, no hace falta ni mencionarlo. Los resultados hablan por sí solos. Sólo con esto hubiera sido suficiente para que cualquier compañía, cualquier empresa, hubiera entrado en quiebra y estuviera al borde de la liquidación. Sin embargo, estos días atrás parecía haberse resuelto, aunque sea de manera transitoria, la sostenibilidad de la institución gracias al esfuerzo del Alcalde de Alicante y de la actual directiva del Hércules. Por ello, los aficionados deberíamos de celebrarlo pues aunque a falta de cuatro jornadas ya estamos prácticamente descartados para luchar por la promoción a Segunda División, lo importante era que el Hércules sobreviviera este año. En los dos próximos años, Juan Carlos Ramírez, Enrique Ortíz y Javier Portillo entrarían a gestionar el club con base cero para potenciarlo y regresar al equipo al lugar que soñamos los aficionados. Además, no hay alternativas. No hay inversores con ganas de arriesgar su dinero. En consecuencia, aunque este haya sido un año perdido, deberíamos de estar celebrándolo en Luceros porque el Hércules vuelve a tener dos nuevas opciones para ascender y limpiar así su balance.

    Sin embargo, nada me entristece y me frustra más que esta situación ya que el Hércules está seriamente herido por muchas razones pero, sobre todo, por estos mismos salvadores de los que ahora dependemos. Yo no lo digo con la misma animadversión que algunos aficionados, políticos o empleados de la LFP rezuman cuando se habla de Ortíz o de Portillo, sino porque con estas ejecutivos no hay dirección ni transparencia ni capital.

    Para empezar, el Hércules carece de una estructura organizacional. Quizás, los escasos recursos se han invertido tratando de ganar dos años más de vida o evitando la liquidación inmediata del equipo y, por ello, la única cara visible es la de Parodi cuando ejerce de abogado y, cada vez menos, la de Dani Barroso. Pero el Hércules, como organización, necesita de un equipo directivo, ejecutivo, que gestione todas y cada una de la parcelas de la organización y, por encima de ellos, un Director General. Sin un Consejero Delegado, la guía del equipo recae exclusivamente en Juan Carlos Ramírez pero es evidente que este exitoso ejecutivo de empresa no reacciona de la misma cuando se trata de gestionar su propio negocio que cuando trata de hacerlo en el Hércules (hay mil ejemplos, aunque el más llamativo fue la lamentable, ineficaz y ridícula rueda de prensa defendiendo a Tevenet). Asimismo, no hay duda de que se  debe sustituir al Director de Recursos Humanos (en nuestra jerga, Director Deportivo) que ha formado una organización sin el talento que esta empresa exige. También se echa en falta un Director Comercial de calidad (en nuestra jerga, podría ser el Director Técnico), el que debe entender el mercado, aleccionar y motivar a los jugadores, diseñar incentivos para el logro de los objetivos y, sobre todo, proporcionar satisfacción a sus clientes, que somos nosotros, los aficionados. Sin ninguna duda, se echa en falta un Director Financiero que marque la estrategia a seguir para mitigar el impacto de la deuda o, eventualmente, buscar inversores que aumenten el capital del Hércules pero, sobre todo, para evitar que las cuentas del Hércules sean gestionadas por el contable de alguna de las empresas de Ortíz o de Ramírez. Es decir, hay que imprimir transparencia en la gestión del equipo y no solo porque así debe ser, sino porque es la única manera de que un inversor pueda sentirse atraído por un proyecto razonable o los aficionados volvamos a mostrar alguna ilusión. Y, por último, aunque no menos importante, es necesario que el Hércules disponga de un Director de Comunicación y Relaciones Públicas, un puesto clave porque es el encargado de airear el cambio que se pudiera llegar a realizar, de transmitir confianza en los medios, en las instituciones públicas y entre la afición, es la persona que debe dar la cara para explicar qué se está haciendo y la figura que debe expresar la inconformidad del club (en las instancias adecuadas) cuando los arbitrajes mantengan un sesgo sistemático en contra del equipo. Es decir, justo lo contrario de lo que ha ocurrido este fin de semana con la carta de Laura Ortíz que, con su mejor intención y, probablemente, con argumentos tan legítimos como ciertos, se equivoca al defender directamente a su padre. ¿Cómo puede el Hércules caer en un error tan infantil como sentimental?

    Por supuesto, la empresa, nuestro Hércules, no sería una compañía de primera, si no tuviera un Gobierno Corporativo que limitara las decisiones personalistas y fomentara la transparencia. Un Gobierno que debería de guiar el futuro del Hércules por encima de la opinión, posiblemente, bienintencionada de Ortíz y Ramírez. En definitiva, una estructura directiva formal, con carácter ejecutivo y a tiempo completo. Creo firmemente que solo así el Hércules puede sobrevivir de manera rentable y por muchos años.

    Es decir, más importante que recomponer al equipo con un nuevo entrenador y nuevos jugadores, a mi modo de ver, creo que sería más importante conformar una empresa en la que los accionistas, la directiva, los empleados (jugadores) y los aficionados mantuvieran una fuerte alineación.

    Ahora bien, ¿cuán cerca estamos de este escenario? ¿Dejarían los principales accionistas del club que su capital (sea cual sea el que hayan puesto) fuese gestionado por un equipo solvente que limitara sus decisiones personales? ¿Estarían dispuestos a conformar un equipo gestor y nuevos fichajes con su dinero? ¿Estarían dispuestos a exigir el saneamiento del club y, posteriormente, cuando la situación se normalice, una rentabilidad mínima, sin inmiscuirse en las decisiones del día a día? Por supuesto, creo que la respuesta a todas estas preguntas es un no rotundo.

    Es decir, habremos ganado un par de años de vida gracias a la gestión del Alcalde, Parodi y compañía y volveremos a tener como accionistas relevantes a Ortíz y Ramírez, pero ¿esto debe ser motivo de alegría? ¿Nos vamos a Luceros para celebrarlo aunque hayamos vivido una temporada catastrófica? Pues no, porque los principales accionistas están cansados de poner el dinero que se necesita para hacer un equipo sólido, para hacer una empresa. Este invierno se podía haber reforzado al equipo cubriendo los dos francos más débiles (el centro del campo y la delantera) y sustituyendo a un entrenador que solo ha sabido alargar los partidos para que las derrotas fuesen más dolorosas, pero se prefirió gastar lo menos posible pues no había garantías de que el Hércules pudiera subsistir. Se prefirió sacrificar una temporada, en lugar de pensar que con unos buenos refuerzos el Hércules estaría clasificado para jugar la promoción, con posibilidades de ascender y, sin duda, en una mejor posición para negociar con Hacienda y el IVF (y si algún lector duda, que mire la clasificación del Real Murcia, un equipo que en enero se encontraba en la misma situación que el Hércules y que mientras nosotros dábamos una infructuosa rueda de prensa, ellos, con la llegada de Mir, se van a clasificar para jugar la promoción; léase también en mi blog el artículo “Maldita comparación: el año que vivimos peligrosamente” del 28 de febrero).

    Por todo ello, se volverán a tomar decisiones no solo personalistas sino que, con Portillo, también serán de interés familiar. Se volverán a dilatar decisiones que puedan corregir el rumbo del equipo. Se volverán a hacer fichajes en el último minuto del mes de agosto, a pesar de tener cuatro meses por delante para planificar la próxima temporada. Se volverá a sacrificar la posibilidad de reforzar al equipo si el diseño inicial no funciona porque, como este año, el equipo estará en riesgo de desaparición. Se volverán a plantear ruedas de prensa o misivas sentimentales con un impacto contraproductivo. Y los dos años pasarán y como no habrá nadie que pueda estar interesado en invertir en un equipo opaco, sin futuro, con deudas pendientes, se volverá a hacer un pulso entre los accionistas y los acreedores poniendo en juego los sentimientos de una afición cautiva, aunque cada vez más cansada de esta situación.

    Por tanto, que nadie malentienda. No lamento que los principales accionistas del Hércules sigan tomando las riendas del equipo. No hay más opciones, pero creo que tampoco se promueve el entorno adecuado para que entre nuevo capital. Por ello, lo malo no es que no vayamos a jugar la promoción, ni que Ortíz y Ramírez sigan siendo los principales accionistas del equipo. Lo malo es que sabemos cómo gestionan el club que tanto queremos y a dónde nos lleva  esto.

    ¡Macho Hércules!

     

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