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Manuel Pamies Andreu

Colaborador de INFORMACIÓN durante más de tres décadas. Interesado siempre por lo que pasa alrededor.

Sobre este blog de Vega Baja

Torrevieja, ayer y hoy.


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  • 24
    Noviembre
    2015

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    Alicante Vega Baja Torrevieja belén oposición

    Ruedas de molino

    Cogí un trapo viejo. Mientras lo trajinaba con fuerza para hacerle los dos nudos de rigor pronuncié en voz alta las palabras del conjuro: «San Cucufato, San Cucufato los cojones te los ato, si no nos devuelves el belén no te los desato». Mano de santo. Las 250 figuras del belén municipal de Torrevieja, con sus múltiples alegorías locales incluidas, aparecieron por arte de magia. El tal Cucufato, (la consulta en glooble que es muy remediá) cuenta que gracias a la intervención divina sobrevivió a todo tipo de tormentos, torturas y canalladas a manos de los romanos, hasta conseguir de su buen dios que permitiera por fin que le cortaran la cabeza y convertirse en mártir.

    Aún así, el santo en el cielo por lo visto no soporta tener anudados los huevos. Por lo general el personal suele creer en soluciones santeras, y se tragan con pasmosa facilidad de comulgantes las ruedas de molino. Por eso se creenlas justificaciones sobre el «secuestro» del nacimiento por parte de quienes lo habían tenido «custodiado» ¿A iniciativa propia? Afortunadamente, por aquello de que «El diablo sabe más por viejo que por diablo», con la sapiencia de los años, recurro a la sabiduría tradicional a la hora de resolver mis incordios de variadas calañas.

    Por ejemplo, echo mano de la raíz de caña y el pelo de pachocha para endilgarme un bebedizo destinado al correcto funcionamiento de los riñones. También recurro para curar heridas y mitigar el dolor de los golpes al ungüento de piel de lagartos machos cogidos en los cruces de cuatro caminos la noche de San Juan, macerados en hojas del Paraguay. Acudo a Doña Fabia para que me mida el estómago cuando me duele, aunque, a veces, ella vea más conveniente darme un sobo en la barriga a base de aceite de oliva virgen. Para el dolor de sesera nada mejor que te saquen el sol de la cabeza. La pena es que desafortunadamente falleció el «Tío Gorrión», sin transmitir su inmensa sabiduría a la hora soldar fracturas óseas o arreglar dislocamientos a tirón limpio. No entiendo por qué estos ancestrales remedios terapéuticos de reconocida eficacia no se aplican hoy en día. Si se utilizaran más gozaríamos de una mente sana en un cuerpo sano, y no la «cagaríamos» cada vez que abrimos la boca.

    Para empezar no hablaríamos por encargo, como la hacen esa caterva de políticos de un signo u otro en estos lares, quienes hasta cuando dicen buenos días dan la impresión de tener acumulado el sol en la cabeza o encontrarse desubicados. Me refiero por ejemplo a la historia del tan llevado y traído belén. Al pretender que al pentapartido le crezcan los enanos –que le crecen sin necesidad de mucho impulso– empezaron a divulgar que este año «los rojos» quitarían el nacimiento, con sus reyes magos incluidos. Parece mentira, pero personas que han  demostrado a nivel personal estar sumamente preparadas, ser eficaces y trabajadoras, por los lógicos avatares de la política, no busquen con afán remedios para sus males y se encuentren ahora a la intemperie, buscando un «reoso» para resguardarse del frio.

    Y pasa lo que pasa: se achaca sibilinamente el cierre de un prestigioso comercio local a lo que llaman nula política de apoyo del gobierno del pentapartido en este sector. Todo un insulto de mala idea e inaceptable para una firma que ya tenía previsto cerrar su actividad desde el pasado abril. Algo parecido viene ocurriendo, aunque con más frecuencia, con el tema de la palmeras atacadas por el picudo en la Plaza de la Constitución, cuando estos ejemplares los habían venido cuidando como a la niña de sus ojos cuando estaban gobernando. Al pentapartido se le puede y se le debe criticar, como a cualquier gobierno, para eso está la oposición, pero hay que mojarse y eso es difícil hacerlo sin resultar el opositor «encapillaó», como quien escupe al cielo. De ahí que, a mi juicio, sólo se dediquen cacarear lo superficial. Un día de estos facilitaré, a quienes me lo pidan, una mis fórmulas magistrales, para que dejen de hacer el ridículo.

     

     

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