Un abanico o un ventilador de casa para aliviar los más de 30 grados centígrados que se han llegado a registrar estos días en algunas estancias; un paraguas y/o un casco para los por si acaso; y paciencia, altas dosis de paciencia, para sobrellevar con buen humor todo lo que allí suceda. Si usted ha de ingresar o acompañar a un enfermo durante los próximos días en el Hospital Comarcal de la Marina Baixa, éstas son algunas de las recomendaciones que debería tener en cuenta a la hora de preparar la maleta. Y sí, si no tienen ni idea de lo que viene ocurriendo en este centro sanitario en los últimos meses, seguro que todo lo anterior le resulta altamente chocante. Pero, créame: si hace caso de estos consejos, no se arrepentirá.

La falta de mantenimiento y de inversiones que arrastra desde hace décadas el centro hospitalario de referencia para cerca de 200.000 ciudadanos que residen en la Marina Baixa -sin contar con la población no empadronada y los turistas- ha convertido a este edificio en una auténtica ruina, donde prácticamente no hay día en el que no ocurra un incidente digno de mención. El pasado miércoles se produjo el último de estos acontecimientos. Parte de la escayola de un falso techo se vino abajo en la zona de las taquillas del vestuario que utiliza el personal de quirófanos, dejando en el suelo numerosos cascotes y causando serios daños materiales. Por fortuna, el desplome tuvo lugar por la tarde, cuando no hay cirugías, lo que hizo que nadie resultara herido. Sin embargo, hubo que clausurar cuatro quirófanos, que ahora podrían estar cerrados al menos dos meses, y suspender o reprogramar las operaciones que estaban previstas, con el consiguiente perjuicio para aquellos que esperaban como agua de mayo una intervención.

La del miércoles, no obstante, no ha sido la única. Se trata del tercer desprendimiento de un falso techo que se produce en el Hospital de La Vila en el último año y medio, después de que también se vinieran abajo los del laboratorio y de uno de los pasillos del centro. A todo ello se suman, además, constantes roturas de tuberías en distintas zonas, muchas de las cuales han llegado a inundar pasillos o habitaciones donde había pacientes.

Hace diez días, el problema fue el aire acondicionado. La rotura simultánea de las tres máquinas de refrigeración dejó a todo el edificio sin servicio en pleno mes de agosto. La respuesta de Sanidad fue instalar dos refrigeradores de alquiler mientras se compran los nuevos. Pero esta solución provisional tampoco ha funcionado como se creía y sigue habiendo muchas zonas en las que usuarios y profesionales, literalmente, se asan de calor.

Tres décadas y el doble de población

El Hospital de la Marina Baixa fue inaugurado en julio de 1986 y proyectado para atender a una población real de 100.000 personas. Más de tres décadas después y tras duplicarse los residentes de derecho, el centro se ha quedado a la cola en todos los aspectos, a excepción de la entrega del personal que allí trabaja. Por ejemplo, es el único que no tiene resonancia magnética, el último donde se implantó la epidural 24 horas... La falta de aparcamiento es ya un problema endémico, con coches que llenan las cunetas de los acceso o los bancales de alrededor.

Además, es el único de la provincia en el que la Generalitat apenas ha invertido desde hace lustros ni un euro -o sólo en obras contadas-, con el pretexto, primero, de que construiría un nuevo hospital y, después, de que ampliaría el actual; primero el Partido Popular y, después, PSOE y Compromís.

Lo cierto a día de hoy es que sigue sin haberse hecho nada. Pese a que hay presupuestados más de 12 millones para la obra, Sanidad no tiene ni siquiera redactados los proyectos básico y de ejecución. Los plazos de la Administración hacen inviable que esta promesa sea una realidad, al menos, hasta 2021. Y mientras, el viejo Hospital se cae a pedazos.