05 de febrero de 2020
05.02.2020
Crimen

El criminal de Gijón dejó a la mujer en agonía durante minutos tras apuñalarla

Dos familiares y dos amigos de Lorena Dacuña hallaron su cadáver junto a un cuchillo y su móvil

05.02.2020 | 10:56
Exterior de la vivienda en la que fue hallado el cadáver. En el recuadro, una imagen de Lorena Dacuña.

Lorena Dacuña, la mujer hallada muerta este lunes en su domicilio de La Calzada, en Gijón, con dos puñaladas en el estómago, agonizó durante varios minutos antes de fallecer, según se desprende de los primeros datos de la autopsia, a los que ha tenido acceso La Nueva España.

La investigación, de momento, se mantiene abierta porque se desconoce el paradero de la expareja de la víctima, que sigue siendo el principal sospechoso del crimen. La víctima, una empleada de la limpieza de 41 años, había roto su relación con el ahora fugado en el mes de noviembre. "Él no se lo tomó a bien y la acosaba por redes sociales y la llamaba a todas horas, pero nunca llegamos a pensar que podría hacer algo así", aseguró Francisco José Dacuña, hermano de la gijonesa. Aunque reconoce que aún no se ha podido demostrar la culpabilidad del varón, incidió en que "no hay muchas más opciones". El investigado está en busca y captura dentro y fuera de Asturias.

El cuerpo de Dacuña fue localizado poco después del mediodía del lunes por varios familiares y amigos, que entraron a su domicilio de la calle Callao número 6 con las llaves de su hermano. Fueron los primeros en ver el cuerpo desangrado de la mujer tumbado de lado en su cama. "También vieron dos cuchillos, aunque aún no sabemos si son los que utilizó él o no, y su teléfono móvil, que estaba como apartado de ella", afirmó el hermano.

"Eso es lo que me reconcome, que no hubiese podido pedir ayuda. Tanto si la mató en otro sitio como allí, no creo que se hubiese muerto al instante así que le tenía que haber dado tiempo a llamar. Creemos que él estuvo con ella desde que la apuñaló hasta que murió", concretó.

El presunto culpable responde a las iniciales J. M. S. M. y el entorno de la mujer calcula que tiene más de 45 años. Conoció a la ahora fallecida hace ocho, cuando él trabajaba como camarero en un sidrería de Moreda. Según las amigas de Dacuña, el varón se mudó a su piso poco tiempo después, aunque ella "tardó bastante" en hablarles sobre él. Primero se buscaron un piso en El Natahoyo y, después, se mudaron a La Calzada. Con el tiempo, sobre todo después de la ruptura, empezó a confiarles más detalles sobre su relación. "Tardó mucho en contarnos los problemas que tenía con él, muchas ni siquiera sabíamos nada", comentaron varias compañeras de trabajo durante el minuto de silencio que Brillastur -empresa en la que trabajaba la víctima- acogió al mediodía.

Este varón investigado debería haberse personado a trabajar el pasado domingo en una sidrería de la calle Luis Braille, pero no lo hizo. Desde entonces, los propietarios del local, que también son hosteleros, no son capaces de contactar ni con él ni con su jefe, que es quien figura como arrendatario del establecimiento desde hace dos meses.

A la gijonesa se le perdió definitivamente el rastro durante el domingo. El viernes salió de trabajar a mediodía y habló por la tarde con Ana Menes, una compañera prejubilada de la misma empresa y una de sus amigas más íntimas. "Yo me iba a Deva y solo quería decirle que, si me quedaba sin cobertura el fin de semana, hablaría con ella el lunes", explicó. Se sabe también que el sábado por la noche salió de fiesta con otra mujer, que según Menes es también compañera de trabajo, aunque no mantenían una relación tan estrecha.

"Yo creo que lo improvisó en el mismo día, porque no me dijo nada", afirmó ella. Dacuña, sin embargó, sí avisó el mismo sábado a su otro grupo de amigas que tendría que cancelar sus planes de visitar el rastro gijonés el domingo porque tenía previsto salir a tomar algo ese día. Durante la noche, las mujeres conocieron a dos varones y constan mensajes de audio a otras amigas en el que reconocían que ambos eran "muy pesados" y que "no las dejaban". "Pero hasta donde sabemos cada una se fue después a su casa; tuvo que ser después", matizó Menes.

La Policía Nacional, que tilda el caso como "prioritario", busca nuevas pruebas en el coche de Dacuña, que en realidad estaba a nombre del fugado, y en su teléfono móvil. También trata de reconstruir sus últimas horas de vida. En esas labores están miembros de la Unidad de Familia y Mujer (Ufam), Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (Udev) y Policía Judicial y Científica. El tanatorio de Cabueñes acoge este miércoles a las 13.00 horas la celebración de la palabra para despedir a la fallecida, que será enterrada en el cementerio municipal de Deva.

Su hermano: "Lorena me dio las llaves que le quitó a él"

El domingo es cuando empiezan a surgir las dudas, porque la cuñada de Dacuña la llamó a alrededor de las 21.00 horas y ella no respondió. "La verdad es que durante el fin de semana no hablamos mucho porque cada uno tiene más o menos su vida, así que cuando no nos lo cogió tampoco nos preocupamos demasiado. Queríamos preguntarle si podría hacerse cargo de nuestra hija por temas de trabajo", concretó el hermano. "Sigo pensando que pudo haberla matado perfectamente por la mañana o en la madrugada del día anterior y que tuvo todo ese día para huir", aseveró.

La alarma total saltó cuando Dacuña no fue a trabajar a primera hora de la mañana del lunes, una conducta muy poco habitual en ella. "Entraba a las cuatro de la mañana para limpiar en la nave de Lavachel y varios portales. Creímos que se había dormido", razonó Menes. Antes de las 11.00 horas, su ausencia ya no tenía explicación, así que la compañera contactó con esta prejubilada, que avisó a un amiga de la infancia que conocía a la familia.

Se juntaron el novio de esta amiga, la cuñada, otra amiga cercana y un tío de la fallecida. "Fuimos a picarle a casa y no contestaba, pero su coche estaba allí", explicó este grupo. "Luego fuimos a la sidrería en la que trabaja él y nos dijeron que no había aparecido desde el domingo; ahí nos pusimos en lo peor", añadieron. "A las doce ya me llamó mi mujer y le dije que tenía una copia de las llaves; me las había dado Lorena hacía poco, cuando se las quitó a él, y así pudimos entrar", completó Dacuña. Para entonces, la misma comitiva ya se estaba dirigiendo a comisaría, pero dio la vuelta para volver al domicilio de Dacuña y confirmar sus peores sospechas.

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