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Los días laborables
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Sobre este blog de Sociedad

Un breve y desafinado canto a la vida.


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  • 27
    Septiembre
    2017

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    Escribir ficción

    Encorvarse hacia adelante, estirar la espalda, repetir el proceso, ya saben; uno y dos, uno y dos. Cerrar la puerta de la habitación, subir el brillo de la pantalla del ordenador, encender la lamparilla que ilumina como farolas viejas. Abrir la ventana para que silbe el aire. Dejar que el ruido de la noche diga lo que tenga que decir. Apagar la música, escuchar la que llevamos dentro.

    Comenzar tachando, continuar tachando. Borrar. Volver a borrar. Volver a borrar. Volver a borrar. Ahí hay algo. Continuar corrigiendo. Buscar el ritmo. Por aquí y por allá. De eso se trata, ¿verdad? Es casi un baile. Una manera de bailar digo. Un juego en el que si eliminas lo que debes empiezas a encontrar algo. Atacar ese algo. Lanzarlo contra el blanco a través de las palabras. Convertir la idea en música. Escuchar el ritmo. La resonancia. Dejar el hueso expuesto. Entender que lo que queda es la suma de lo que quitas.

    Olvidar el texto.

    Escribir ficción

    Dejar que el tiempo nos limpie los ojos de los fallos escondidos. Volver para eliminarlos. Leer. Releer. Entender, como Gatsby en su locura, que la luz verde no se puede atrapar. Y no dejar de intentarlo. Lograr un destello es suficiente para prenderlo todo.

    Hay escritores de brújula y hay escritores de mapa. Me da igual. Escribir es tomar decisiones como un francotirador escoge a sus víctimas. Esto sí, esto no. Repetir el proceso. Yo no sé de qué voy a escribir cuando empiezo. Pero siempre termino escribiendo de ella.

    Supongo que las cosas rotas brillan el doble.

     

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