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El cofre de mis tesoros
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Blog El cofre de mis tesoros - Moisés Aparici

Moisés Aparici

Escritor entusiasta de las causas más desfavorecidas de nuestra sociedad.


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  • 17
    Octubre
    2016

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    SOCIEDAD Alicante

    Mendicante sin escrúpulo

    Distante como la luna y absorto en mis pensamientos, he aquí que me encontraba en un bar intentando dar cuenta del almuerzo cuando penetró en el local un individuo de aspecto desangelado pidiendo limosna para “comprar una barra de pan a sus tres hijos”. Crédulo y un tanto abochornado viendo lo privilegiado que me sentía al hincar el diente al bocadillo en tanto la otra persona pedía para comer, me decidí. Después de darle unas monedas e imaginar la atmósfera hogareña con los niños, el padre y las barras de pan, sentí fuego en la sangre cuando a mi lado otro cliente describía como el mendicante sin escrúpulos cruzaba varias calles en busca del supermercado donde habitualmente compra cartones de vino para calmar su dependencia.
    Vemos a diario personas pobres que demandan auxilio y se funden con el entorno, y aunque son seres humanos como nosotros, les hacemos casi el mismo caso que cuando contemplamos una sinuosa pompa de jabón a merced del aire que la empuja. Dar con alguien necesitado de tantas cosas como que nos conmueve el alma. Pero la tibia pesadez de la pléyade de personas en precario, la continuidad de éstas en el tiempo y, ese nefasto uso que de la necesidad hacen algunos mendicantes sin escrúpulos, transforma un día radiante en algún tipo de confusión en nuestros sentimientos. Esta clase de personas pobres son tan dignos de ayuda como cualquier otro necesitado, lo que ocurre es que no les distingo a primera vista, tan sólo cuando vuelves a reconocerlo borracho perdido con el vino adquirido con esas monedas que les damos. ¡Qué pena! Sus andares son penosos e indecisos cuando se levantan del duro suelo sobre la acera. Y su imagen desafortunada llena mis retinas. Nunca más limosnas, pero siempre pico, como ese sol que se revela al otoño.

     

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