29 de marzo de 2019
29.03.2019

¿Sufres ansiedad? Claves para superarla

Cuando nuestro pensamiento se transforma en una trampa sin frenos debemos tomar medidas

29.03.2019 | 10:11
¿Necesitamos la ansiedad para vivir?

En general, ¿cómo puede afectar la aparición de la ansiedad en la vida del individuo?

  • A nivel físico: taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, temblores, cansancio, sudoración, sensación de mareo e inestabilidad, molestias digestivas, náuseas, vómitos, alteraciones de la alimentación, rigidez muscular, hormigueo, etc.
  • A nivel psicológico: inquietud, agobio, sensación de amenaza o peligro, inseguridad, sensación de vacío, sensación de extrañeza o despersonalización, temor a perder el control, recelos, sospechas, incertidumbre, dificultad para tomar decisiones, etc.
  • A nivel de conducta: estado de alerta e hipervigilancia, bloqueos, torpeza o dificultad para actuar, impulsividad, dificultad para estarse quieto y en reposo, etc.
  • A nivel cognitivo: Dificultades de atención, concentración y memoria, aumento de los descuidos, preocupación excesiva, tendencia a recordar sobre todo cosas desagradables, rumiación, pensamientos distorsionados e importunos, incremento de las dudas y la sensación de confusión, susceptibilidad, etc.
  • A nivel social: irritabilidad, dificultades para iniciar o seguir una conversación, verborrea, quedarse en blanco y no poder reaccionar ante una pregunta o respuesta, dificultades para expresar una opinión, temor excesivo a posibles conflictos, etc.

La ansiedad es un mecanismo de defensa natural necesario para la supervivencia. Sin ella no podríamos reconocer un peligro y responder ante el mismo. El problema aparece cuando esta respuesta no es proporcional a la realidad del momento y los mecanismos de protección que se activan no son útiles (el cuerpo se defiende de algo que realmente no es un peligro). Es en esos momentos cuando la ansiedad se convierte en un lastre en lugar de una ayuda.

¿Qué es la ansiedad?

Sí, podemos afirmarlo. La ansiedad es un mecanismo de ayuda, es nuestro aliado para reconocer los peligros y responder ante ellos. Ahora bien, este mecanismo deja de ser de ayuda cuando el peligro no es real y, en cambio, nuestro cuerpo está sobre activado sin necesidad.

Tendemos a anticiparnos a las situaciones. Nuestro afán de prever qué pasará nos lleva a sobre planificar y sobre analizar todos los posibles ("¡qué no quede ni un cabo suelto!"). Desde el momento en que nos adelantamos al presente, aparece la incertidumbre, una batería de pensamientos que intentarán controlar lo incontrolable y, algo aun peor: un infinito de pensamientos que pondrán en duda los hipotéticos escenarios ("¿será realmente así?", "¿me sentiré bien?", "¿Saldrá todo como espero?", "¿Sabré...?", "¿Los demás€"?, etc.).

El intentar resolver todas estas incógnitas puede convertirse en un pozo sin fondo. Nuestro pensamiento se transforma en una trampa sin frenos que, naturalmente, activa todas las alertas. ¿El desenlace? La ansiedad disfuncional pasa a ser el gran titular de ese momento.

¿Y qué es un trastorno de ansiedad?

El Trastorno de Ansiedad es un término que abarca distintas expresiones de un trastorno mental. Por ello, primero debemos diferenciar la ansiedad como síntoma o la ansiedad como trastorno. En el caso del trastorno la funcionalidad del individuo se ve seriamente perjudicada.

La agorafobia o el ataque de angustia se encuentran dentro de los principales Trastornos de Ansiedad

Entre los principales Trastornos de Ansiedad destacan la Agorafobia, el Trastorno de Ansiedad Generalizada, el Trastorno de Ansiedad Social y el Ataque de angustia (Panic Attack) entre otros. Todos ellos se tratan desde un trabajo psicoterapéutico y, en aquellos casos en que sea necesario, desde un abordaje psiquiátrico.

¿Cómo podemos tratar la ansiedad disfuncional?

El primer paso es consultar a un profesional con el objetivo de hacer una exploración y entender qué motivos generan la aparición de dicha sintomatología.

Para tratar la ansiedad, tal y como decíamos al principio, debemos diferenciar la ansiedad como síntoma o la ansiedad como trastorno.

Shutterstock

Concretamente, si hablamos de ansiedad como respuesta a cualquier problemática (ansiedad como síntoma), será especialmente importante que detectemos qué pensamientos provocan su aparición y la retroalimentan llegando a generar un alto nivel de malestar. Así mismo, será importante detectar en qué contextos se agudiza dicha sintomatología y, por lo tanto, los pensamientos asociados. Este primer ejercicio de introspección dotará a la persona de autoconocimiento y, con ello, de mayor control.

Una vez detectados los pensamientos que alimentan la ansiedad, el trabajo irá dirigido a generar nuevos pensamientos constructivos que faciliten la aparición de emociones alternativas al miedo y la alerta continua.

Paralelamente, el psicólogo ofrecerá pautas psicoeducativas sobre cómo funciona la ansiedad así como ejercicios que faciliten la desactivación de síntomas como los que hemos mencionado anteriormente.

Una vez detectados los pensamientos que alimentan la ansiedad, debemos generar nuevos pensamientos constructivos

Hoy hemos visto que, cuando aparece la ansiedad, algo nos avisa de la necesidad de un cambio. La ansiedad, nos alerta, nos reclama un nuevo modo de pensar e interactuar con el entorno. Es importante escuchar la sintomatología que produce y buscar alternativas de pensamiento.

Si vemos que nuestra mente nos dirige hacia "el peor de los escenarios", ¡cuidado!, quizá estemos activando mecanismos que, en lugar de proteger, nos limitan.

Mª Teresa Mata Massó
INSTITUTO MENSALUS
Psicoterapeuta formadora en el entrenamiento de la Inteligencia Emocional presencial y online
www.mensalus.es

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