31 de mayo de 2013
31.05.2013
Nutrición

Comer bien para envejecer mejor

01.06.2013 | 02:16
Unos hábitos saludables están ligados a una mayor longevidad.

l próximo 28 de mayo celebramos el Día Nacional de la Nutrición que cada año organiza la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD). En ésta su XII edición, va dedicada a «Comer bien para envejecer mejor». El envejecimiento es un proceso fisiológico que va ligado a la vida. Envejecemos nosotros, al igual que lo hacen todos los seres vivos que nos rodean, dado su carácter inevitable. En teoría empezamos a envejecer desde el mismo momento de la concepción, disminuyendo cada vez más nuestra capacidad de regeneración. Hasta que no aparecen las arrugas o las canas, no somos conscientes de este proceso, pero para entonces nuestro organismo ya hace tiempo que comenzó su declive. Y es precisamente el estado de nuestros órganos y tejidos lo que determinará cómo será ese proceso de involución de nuestro cuerpo. De modo que envejecemos un poco cada día y todos debemos ser conscientes de que en nuestra mano está condicionar este proceso.
Un recién nacido en el año 1900 en España tenía una esperanza de vida de 35 años. El nacido en 1950 la tenía de 62 años y en 2009 la esperanza de vida es ya de 83 años. El envejecimiento y la longevidad dependen de varios tipos de factores. Por una parte, los factores intrínsecos del individuo, es decir, la genética, que no podemos alterar. Pero también depende de otros factores, igualmente importantes, que son el ambiente y el estilo de vida. Estos factores sí podemos modificarlos y siguiendo unas sencillas pautas pueden convertirse en nuestros aliados para aumentar nuestra longevidad y disfrutar de una buena calidad de vida durante esos últimos años. A este respecto, la FESNAD nos aconseja:
·Seguir una dieta saludable
·Realizar actividad física
·No fumar
·Dormir lo suficiente
·Pasar poco tiempo sentado
·Tener actividad social
El resultado de aplicar estos sencillos consejos es una mayor esperanza de vida. Y es que está demostrado que un estilo de vida saludable se asocia a una mayor longevidad. De modo que lo que hacemos hoy condiciona de forma importante lo que podremos hacer mañana. Niños, jóvenes, adultos y ancianos tenemos en nuestras manos la posibilidad de intervenir en el futuro de nuestro propio cuerpo. No debemos esperar a los primeros signos de envejecimiento para poner en marcha estos consejos, podemos empezar ahora.
Tal vez es buen momento para mirar hacia nuestros mayores y las razones por las que nuestra esperanza de vida es de las más elevadas de todo el mundo. La mejora de las condiciones socio-económicas y sanitarias es la clave para entender la espectacular evolución de este parámetro a lo largo de los siglos XX y XXI. Esto ha permitido que, entre otras cosas, mejorara la alimentación. Pero sin duda, parte del éxito se lo debemos a la Dieta Mediterránea, de la cual nuestros mayores son los principales abanderados y protectores. La Unesco la declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2010, reconociendo que «no comprende solamente la limentación, ya que es un elemento cultural que propicia la interacción social». Los beneficios se basan en una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares, datos que están siendo corroborados con los primeros resultados del ensayo Predimed puesto en marcha hace unos años con el objetivo de determinar si la Dieta Mediterránea previene las enfermedades crónicas. Aún tendremos que esperar unos años para conocer los resultados a largo plazo. Mientras, debemos ser conscientes de que estamos perdiendo la Dieta Mediterránea, especialmente entre la población más joven, atraída por otros patrones alimenticios menos saludables. Volvamos a una alimentación saludable y sigamos estos sencillos consejos:
·Consumir al menos 5 raciones de frutas y verduras al día.
·Incorporar en nuestra alimentación las legumbres, al menos dos o tres veces por semana.
·Consumir tres veces por semana pescado.
·Incorporar al menos 3 veces por semana un puñado de frutos secos.
·Sustituir los lácteos enteros por los desnatados o semidesnatados.
·Realizar al menos tres comidas principales diarias y una o dos pequeñas comidas saludables entre horas.
·Llevar una vida cotidiana activa y dedicar al menos 30 minutos diarios a la actividad física.
·Beber agua a diario: entre 1,5 y 2 litros al día.
Podemos acabar recordando al muy ilustre Dr. Gregorio Marañón y aquello que dijo una vez de que «los jóvenes deben saber que algún día serán viejos».

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