15 de marzo de 2020
15.03.2020
Información

«Poco a poco vamos recuperando lo perdido, hay que seguir adelante»

Vicente Sáez, vecino de Dolores, se convirtió en uno de los iconos de las inundaciones de septiembre, de las que se cumplen seis meses

14.03.2020 | 21:53
Vicente mira, con un gesto tierno, a su bisnieto nacido hace dos meses en la puerta de su vivienda en la huerta de Dolores.

Su imagen caminando con el agua por la cintura en su casa de la huerta, entre sus animales muertos y sus pertenencias flotando, se hizo viral.

Se cumplen estos días seis meses desde que la DANA –un nombre que nadie olvidará en la Vega Baja– decidió romper con fuerza provocando las peores inundaciones en 140 años en la comarca, que se agravaron con la rotura de la mota del río Segura en Almoradí que anegó gran parte de su territorio. Las imágenes de la Vega Baja bajo las aguas dieron la vuelta al mundo y dejaron miles de historias de sufrimiento, pero también de superación, de una comarca que se resistía a perderlo todo. Una de las imágenes que se convirtieron en virales fue la de un hombre de 78 años, ataviado con un impermeable prestado por los bomberos, que, con un sorprendente optimismo, narraba cómo lo había perdido todo mientras caminaba por su casa de la huerta de Dolores, con el agua por la cintura, y sorteando sus pertenencias, que flotaban, y a sus pollos ahogados. «Los ánimos a la fuerza tienen que ir bien. Con amargarte no ganas nada. Somos valientes, saldremos de ésta», decía entonces Vicente Sáez, ocho días después de que la rotura del Segura anegara su hogar.

Este testimonio, recogido por INFORMACIÓN, conmovió a todo aquel que vio cómo Vicente contaba, sin perder ese optimismo, que el seguro le había dado de baja la póliza, sin enterarse, porque había dado dos partes anteriores, por lo que se quedó sin cobertura para recuperar nada. «Poco a poco vamos ya recuperando lo perdido, hay que salir adelante», nos cuenta ahora, seis meses después de que el agua se llevara por delante todo lo que su Pepa, su mujer, y él tenían. «Hemos perdido toda una vida, no quedan ni los recuerdos, como las fotos, se queda uno como si fuera un extranjero», lamenta.

Asegura que no pasó miedo cuando vio que el agua inundaba todo a su alrededor. «A mi edad no puedo asustarme de nada» (sonríe). «Toda esta zona entre las Dayas, San Fulgencio y Dolores se quedó como un lago enorme de cuatro kilómetros, que ya es haber agua», cuenta, «y ahora nos van a hacer un canal de bombeo que va a evitar que se repita una inundación así». El agua se quedó dos semanas embalsada en esa zona. «Cuando vino la Guardia Civil a decirnos a mi mujer y a mí que nos teníamos que ir, nunca me esperaba que hubiera tanta agua», recuerda Vicente. A los ocho días regresó con su nieto. «Entramos con dos canoas y el agua todavía cubría metro y medio, llegamos a sacar cinco camiones de muebles, todo para tirar». «Menos mal que la estructura de la casa resistió».

No tardó mucho más en volver al que es su hogar de toda la vida. «Me vine con un brasero, una cocina y una cama». En este tiempo Vicente «el Sáez» ha sido bisabuelo. Fue hace dos meses de un precioso niño al que un día explicará cómo superar las adversidades, de lo que puede dar lecciones. «Tenía 18 pollos y todos se ahogaron y de las gallinas se salvaron cuatro de doce al subirlas a un altillo; a las dos semanas mi nieto viene y me dice: abuelo, que hay gallinas vivas», explica. Ahora ya ha plantado «algunos arbolicos para comer, porque todos se secaron».

Ayudas

El seguro, finalmente, no se hizo cargo de las pérdidas en su vivienda. Sí que ha recibido las ayudas de la Generalitat Valenciana para hacer frente a la compra de bienes de primera necesidad, tanto los primeros 1.500 euros, como los 3.000 restantes que le fueron ingresados la pasada semana. «Vamos poco a poco haciendo cosas, aún queda pintar la casa, será lo siguiente». Su tractor, que se averió al quedar inundado, ha podido recuperarlo al hacerse cargo de la avería el seguro del vehículo. No duda en subirse para mostrarnos que vuelve a funcionar.

En el Rincón de los Pertusa, donde vive, apenas quedan ahora una veintena de vecinos de los 80 que residían aquí hasta septiembre. «Ahora ya no pasa ni el panadero», indica. «Se han ido muchos con familiares y otros han decidido no arreglar sus casas, algunos por no tener dinero», comenta junto a la porchada de su casa mientras observa cómo come «Pepina», su burra, «que ya tiene más de 32 años, es otra superviviente», comenta con una mezcla de ternura y cariño.

Vicente, hace seis meses, con el agua por la cintura, junto a sus pollos, que perecieron ahogados.

Como Vicente, muchas familias lo perdieron todo por culpa de la gota fría y la rotura del río. Unas están saliendo mejor que otras de este revés. Seis meses después de la catástrofe aún quedan por llegar más de un tercio de las ayudas prometidas por la Generalitat, aunque en las últimas semanas se han acelerado los decretos, también para los agricultores.

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