14 de septiembre de 2018
14.09.2018
Campaña en Torrevieja

Como un buen vino

Agamed trata de desterrar tópicos con una cata de distintas aguas, en la que se aprende que el recurso sí tiene sabor, olor y color, según su origen

14.09.2018 | 01:58
Como un buen vino
Como un buen vino

¿Es potable el agua de Torrevieja? Con esta sorprendente pregunta se encuentra a diario el personal del área de Turismo de Torrevieja. Así, que la empresa que gestiona el suministro, Agamed, para responder a éste y otros interrogantes sobre el agua (potable) y su calidad, ha organizado unas curiosas catas de aguas.

El agua embotellada y la que sale del grifo sí tienen color, sabor, y olor. Puede ser más brillante o mate, saber a sales minerales y oler a cloro. Eso lo pudieron comprobar ayer algunos de los peatones que se encontraron con la carpa montada por Agamed, la empresa mixta de gestión del agua en Torrevieja, en el acceso al mercado de abastos municipal para llevar a cabo una cata de aguas. Incluso con aquel ritual de comprobar el color, meter la nariz en la copa para capturar el olor, o el de saborear y escupir más propio de sumilleres.

El objetivo de la iniciativa podría resultar sorprendente: «vender» las bondades del agua del grifo. Pero es que en el caso de Torrevieja y de otras muchas ciudades de la Vega Baja y la provincia ese caudal -pese a lo que cuesta que llegue a las casas y pagarlo- no tiene la mejor fama entre los mejores «bebedores de agua».

Cuando en el mes de julio se presentó esta campaña, la edil de Turismo, Fanny Serrano, explicó que con ella, en parte, se pretende dar respuesta a una pregunta que los turistas y visitantes suelen formular con frecuencia en la Oficina de Turismo: ¿El agua del grifo es potable? Con la campaña se espera que los ciudadanos, en especial los turistas residenciales, «tengan claro que el agua del grifo es perfecta y que lo deseable es que la consuman», es «potable y de calidad», es «más barata que el agua embotellada, y consumiéndola evitamos un uso innecesario de envases de plástico».

Muchos de los catadores que se acercaron con curiosidad a la iniciativa aseguraban que no tenían intención alguna de beber agua del grifo. Sobre todo turistas procedentes del norte y centro del país, que no solo le ponen pegas al sabor, también ponen en duda si es potable. Entre las muestras se degustaban a ciegas aguas minerales embotelladas y aguas captadas de origen superficial y procedentes de la desaladora. Todas numeradas sin que el ciudadano sepa inicialmente qué agua es la que está probando. Y muchos valoraron al final como la mejor la que correspondía al agua del grifo.

Como es lógico, la empresa quiere que sus más de 120.000 abonados prefieran el agua del grifo y descarten la embotellada, que, recuerdan, genera un gran impacto ambiental por el residuo. Pero otro de los objetivos es que los catadores improvisados «aprendan a reconocer a través de los sentidos las distintas características que pueden apreciarse y potenciar el consumo del agua del grifo para beber».

Amparo García, responsable de calidad del agua de Agamed, y el biólogo Jesús Seva, respondían otras dudas de los usuarios. Por ejemplo, por qué el agua cuesta lo que cuesta en el recibo: en el caso del sureste español para garantizar el suministro que procede de varias fuentes, como el Trasvase Tajo-Segura, la cuenca del Segura y la desalinización, con un esfuerzo energético y en infraestructuras de transporte muy elevado, al que se suma el de potabilización y las mejoras de la red en Torrevieja.

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