22 de septiembre de 2011
22.09.2011
Torrevieja

El colegio Acequión ya es una ruina

Los alumnos se fueron a los barracones y abandonaron su colegio hace un año para acometer unas reformas necesarias

22.09.2011 | 02:00
El colegio Acequión ya es una ruina

Vandalismo y abandono. Los alumnos del Colegio Público Acequión se fueron a los barracones y abandonaron su colegio en septiembre de 2010 para acometer unas reformas necesarias. La Conselleria de Educación se comprometió a realizar una ampliación esperada durante una década. Pero de las obras nada se sabe todavía, y el centro es objeto de robos y actos vandálicos que provocan un grave deterioro.

Aquel día de septiembre de 2010 muchos padres y alumnos del colegio público Acequión expresaban un sentimiento agridulce. Los "peques" dejaban este "colegio de toda la vida" para reubicarse en aulas prefabricadas (heredadas de otro centro). Aquello tenía un buen propósito. Iban a ampliar su colegio por fin, tras una década de inescrutables trámites urbanísticos para adecuarlo a la legislación.

Una año después de lo que parecía ser una despedida temporal, las instalaciones de este colegio, uno de los pocos "de barrio" como su propio nombre indica que permanecen en el centro urbano de Torrevieja, presenta un aspecto desolador. El patio ha sido tomado por la vegetación "de solar", cosa lógica si no hay mantenimiento. Pero según se avanza por las instalaciones el destrozo tiene menos solución.

Muy pocos cristales han aguantado los efectos de las pedradas. Y, lo más llamativo, algunas aulas han sido desvalijadas, caso de cuatro clases de Infantil situadas en un pabellón anexo al edificio principal. Gran parte del mobiliario escolar que no se trasladó cuando fue desocupado -pizarras, armarios, sillas y mesas- han aterrizado en el patio.

El suelo está alfombrado de cristales. Los amigos de lo ajeno, será también cosa de la crisis, se han ido haciendo con el material más preciado como fontanería y grifería en los aseos y han intentando arrancar los marcos de ventanas y puertas para hacer negocio con el aluminio. Tampoco ha quedado rastro de las lámparas y en dos clases las puertas han desaparecido.

El Ayuntamiento que, como otros tantos, se debe hacer cargo del mantenimiento y la dotación de personal no docente de los colegios de Infantil y Primaria, no llegó a calibrar los efectos del desalojo. Tampoco ha mantenido vigilancia en el recinto, ni siquiera recurriendo a la instalación de alguna de las cámaras de protección del patrimonio como ha hecho en otros enclaves y edificios públicos. La valla perimetral del centro también presenta un estado lamentable. En algunas zonas ha sido parcheada con vallas de obra.

Adjudicar
Poco después de las últimas elecciones, el 3 de junio, la comunidad escolar salió a la calle para exigir a la Generalitat que cumpliera su promesa de adjudicar unas obras para las que existen 60 empresas ofertantes. Eso argüía el anterior concejal de Educación cuando quiso hacer creer a los padres que el retraso se debía al "complejo" estudio de unas ofertas presentadas hacía más de un año.

El procedimiento de adjudicación se ha paralizado, sin embargo, porque no hay en las arcas de la Generalitat los 5,8 millones de euros necesarios para abordar el proyecto.

Fue el nuevo alcalde, Eduardo Dolón, quien se comprometió a reclamar la actuación ante la Conselleria y en las últimas semanas ha llegado a anunciar en varias ocasiones una reunión con el conseller. Tanto Dolón como Daniel Plaza, edil de Educación, han subrayado que su prioridad en este mandato es sacar adelante la ampliación. Ahora tendrán que pelear además para que a esa partida multimillonaria se le añada una suma que permita recuperar lo que se ha perdido y restaurar lo deteriorado.

Historia
El Acequión no es un colegio nuevo. Se puso en marcha en el curso 1983/1984 con once aulas que pronto se convirtieron en dieciséis, pero tampoco es de los más antiguos que funcionan en Torrevieja.

Su situación intraurbana y su tradición docente lo convertían en uno de los más demandados antes de que alguien tuviese la feliz idea de mandar a sus 420 alumnos y treinta profesores a barracones para forzar el inicio de las obras.

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