19 de junio de 2010
19.06.2010

Cae una, nacen dos

19.06.2010 | 02:00

Bandas latinas. La Policía no sabe cómo atajar un problema que sigue creciendo en la Vega Baja y que supone cada vez una amenaza mayor al estar formada por jóvenes cada vez más organizados en una estructura cerrada como una concha.

A los treinta años está cansado de ver por dentro bandas latinas. Trabaja en la Comisaría y no deja de aprender sobre cómo estos grupos juveniles y violentos han conseguido ir, poco a poco, ganándose un lugar en sus reuniones de trabajo de cada mañana. Las técnicas que utilizan son cada vez más depuradas. Son niños que juegan a ser mayores y lo hacen con navajas, palos y con una sensación de impunidad que te golpea el rostro cada vez que te miran. "Pasa algo", eso es lo que se lee en sus ojos.
En los últimos cuatro años han sido desarticuladas, desmanteladas, desmontadas o destruidas -se puede poner cualquier otro adjetivo- una docena de bandas latinas de todo corte en la comarca de la Vega Baja. "Antes eran una modo que todos pensamos pasajera, pero no lo es. Están para quedarse", asegura un policía que rechaza de plano que el trabajo diario que realizan no sirva de nada: "¿Verdad que ya no oyes hablar de los maravillosos? -pregunta casi en voz alta- porque han desaparecido. Hemos acabado con ellos". Pero reconoce que detrás de una banda que se van vienes dos, o vienen tres.
Esta semana se ha desarticulado en Orihuela otro de estos grupos juveniles que, curiosamente, se estaba peleando con otro de Callosa de Segura, una población pequeña de la comarca que, cada vez más, lleva camino de granjearse un "nombre" dentro de este mundillo de las bandas urbanas. La Policía asegura que, cada vez más, "hay arrepentidos. De ellos se aprenden, de lo que cuentan, porque entrar en esos grupos, para nosotros, es imposible".
Como también lo es evitar los actos vandálicos, los robos y las peleas. "Pero si a las diez de la mañana quedan un miércoles para una fiesta,¿quién puede evitarlo?", añade. Lo que cualquier policía asegura es que las bandas no son buenas, aunque alguna se haya legalizado. "Una organización a la que se entra recibiendo una paliza o demostrando que uno es violento o ha sido detenido, no puede nunca ser algo positivo", añade el agente al que, curiosamente, le sorprende el hecho de que los miembros tengan que justificar sus ausencias. Piensa y luego saca una conclusión, "será porque necesitan un orden y castigos algo que, seguramente, nunca han recibido en sus casas".

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