29 de enero de 2020
29.01.2020

Un investigador pone sobre la mesa en la UA la ansiedad que sufren cada vez más doctorandos

El catedrático y exdirector general de Universidades en Madrid alerta de que la presión por publicar resultados y la inestabilidad laboral pasan factura, pero alienta a los jóvenes porque «es una carrera preciosa»

28.01.2020 | 23:03
JOSÉ MANUEL TORRALBA. CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD CARLOS III

La presión por publicar resultados de las investigaciones, la inestabilidad laboral, las horas de más y un futuro incierto pasan factura cada vez más a los jóvenes investigadores que se incorporan a grupos de investigación y según un reciente estudio publicado por la prestigiosa revista Nature el 40% de los doctorandos sufre ansiedad o depresión. Con la charla «¿Cómo sobrevivir al sinuoso mundo de la Academia en España?» el catedrático de la Universidad Carlos III y ex director general de Universidades de la Comunidad de Madrid, José Manuel Torralba, puso sobre la mesa ayer en la Universidad de Alicante los problemas y posibles soluciones a esta realidad.

Acompañado por la vicerrectora de Investigación, Amparo Navarro, y el investigador distinguido del Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio Ramón Margalef (IMEM) Fernando Maestre, Torralba trató de guiar a los que piensan en dedicarse al mundo de la academia.

«Hoy en día hay mucha presión en los grupos de investigación para producir, el famoso 'publica o perece', y eso se traslada al doctorando, que es el eslabón más débil», explica este ingeniero experto en materiales. «El impacto, la meritocracia, las acreditaciones, donde piden un número de papers y un determinado número de horas, genera presión y la recibe este eslabón más débil. Esto provoca muchas frustraciones y problemas», añade. Además, alerta de que «en España no tenemos claro que eso se puede resolver con terapia, cuando en otros países lo tienen muy claro». «Hay que pedir ayuda si hace falta», aconseja este experto que ha dirigido más de un centenar de tesis doctorales y de grado.

En su opinión, «afortunadamente se está tomando conciencia de este tema y de lo importante que es que se produzca un buen ambiente laboral en los grupos de investigación». Estos grupos son clave en la estructura académica y se han ido generando de manera espontánea, indica, no son como un departamento o un instituto universitario. «Deberíamos tomar conciencia de que si no se estructuran bien pueden generar mucha tensión y problemas» afirma y piensa que al menos «se está empezando a abrir el debate».

Torralba ve difícil que el sistema actual cambie. «Es un mundo muy vocacional y aunque no quieras trabajas fuera de horario, yo no recuerdo un fin de semana sin trabajar en mi vida. El doctorando está tan metido en la aventura de sacar adelante su tesis que le pasa lo mismo. Pero no debería ser un trabajo siete por veinticuatro, hay que hacer un esfuerzo por evitarlo», recomienda.

La de investigador es una carrera de fondo llena de obstáculos. A los años que un joven debe dedicarle a su tesis se unen los que debe esperar para poder acreditarse como profesor titular en una universidad. Y los contratos de investigación se prolongan tres años en el mejor de los casos.

Aún así para este catedrático «merece la pena el esfuerzo porque la de investigador es preciosa cuando es vocacional». En esta profesión «se sobrevive bien si uno sabe cómo manejarse. Mucha gente entra en este mundo y lo desconoce por completo, no sabe cómo está organizado ni como funciona. Si a los jóvenes les das algunas claves se les puede ayudar a sobrevivir mejor». Una importante es que se preocupen de saber en qué grupo de investigación van a meterse. «Cuando un estudiante entra en un grupo debería mirar antes con quién va a trabajar y la evolución profesional de los que han pasado antes por allí y no sólo los resultados de investigación», aconseja Torralba. «Hay grupos donde la gente se estanca», advierte. «El investigador senior, el principal, debe mentorizar a su estudiante y velar por su progresión profesional, no taponarle», señala. Esta circunstancia es clave y puede condicionar el futuro del doctorando. « Todo el que trabaja bien en esta profesión sale adelante», asegura Torralba, pero admite que «aparte de la pasión y las ganas tienes que tener gente que te ayude y te dirija».

La realidad es que en la Academia al profesional le pagan por docencia e investigación y aunque se pueden reducir horas de dar clase para investigar, al final gran parte de los profesores investigan también en su tiempo libre. «Hay gente más focalizada en la docencia y otros más focalizados en la investigación. Las dos cosas son importantes y aportan valor a una institución», admite el catedrático, pero critica que «en España tenemos detrás de la política universitaria a mucha gente que piensa que todo el mundo debe dar muchas clases y realizar mucha investigación y ser buenos en todo». «Es tan ridículo como pretender que en un equipo de fútbol los once hagan de portero y de delantero centro», compara. De hecho, desvela que «en mi etapa como director general de Universidades intenté poner en marcha una ley que al final no salió en la que se hablaba de dedicación preferente a la docencia y dedicación preferente a la investigación. Recibí muchas críticas de sindicatos y de estudiantes que entendían que eso era ir en detrimento de la calidad de la Universidad, cuando yo creo que así se aprovecharían mejor las características de cada uno de los jugadores del equipo», lamenta.

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