22 de enero de 2020
22.01.2020

Un geógrafo de la Universidad de Alicante, cazador de rayos y tormentas

Samuel Biener ha llegado a recorrer 200 kilómetros siguiendo la descarga de fenómenos adversos en una labor «compleja y peligrosa» pero importante para realizar series y mediciones

22.01.2020 | 00:29

Cuando se va a formar una tormenta importante en la provincia, allí intenta estar él, aunque tenga que recorrer 200 kilómetros para buscarla. El geógrafo y miembro del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante (UA) Samuel Biener es lo que se conoce como un «cazador de rayos y tormentas».

«Es complicado porque las tormentas son fenómenos muy localizados y tienes que saber interpretar muy bien los mapas y los modelos para poder estar en el sitio y en el momento adecuados, además de tener suerte, claro», explica.

Con la borrasca Gloria, aún en el horizonte, y que la pasada madrugada descargó más de 400 rayos en la provincia, Biener afirma que «el trabajo de campo es muy importante porque es lo que nos permite realizar series y mediciones para poder estudiar y entender mejor este tipo de fenómenos». «Si se producen en un área habitada enseguida sabemos los efectos que causan, pero muchas de ellas se forman en áreas deshabitadas, de ahí la importancia de localizarlas», añade.

Precisamente los rayos le han provocado «más de un susto». Recuerda especialmente una tormenta que divisó desde el castillo de Santa Bárbara en mayo de 2010 en la que uno de los relámpagos le cayó a escasos cien metros. Otra que le marcó fue en 2018 cuando siguiendo una tormenta llegó hasta la provincia de Albacete en la que también vio el peligro de cerca. «Allí nos encontramos con una tormenta de las llamadas supercélula que van acompañadas de tornados y ocasionalmente de granizo, que son poco frecuentes», apunta.

Por eso recomienda que personas ajenas al conocimiento meteorológico se abstengan de aproximarse a las tormentas para sacar imágenes. «Nosotros vamos con cuidado y más o menos sabemos cómo va a evolucionar y donde colocarnos», sostiene. En las salidas de campo los «cazadores de tormentas» llevan instrumentos portátiles para medir los cambios de temperatura y la presión, así como la velocidad de viento, pero no son capaces de medir la carga y la potencia de los rayos, que requiere un aparataje muy caro que sólo maneja la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). «Se producen rayos nube-nube, nube-cielo y nube-rayo-tierra y estos últimos son los más peligrosos. También lo son los de carga positiva», señala. Pero matiza que «no necesariamente cuando descargan más rayos es cuando la tormenta es de mayor intensidad, porque eso se decide en función de la lluvia registrada y el tiempo en que ha caído. Hay tormentas secas con fuertes descargas eléctricas. Depende de las cargas y las fricciones que se producen dentro de las nubes», concluye.

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