19 de febrero de 2020
19.02.2020
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El padre del bebé, a los policías: "Me habéis salvado la vida. Mi hijo estaba muerto"

El niño, al que reanimaron "al menos diez veces" en 20 minutos, está estable en la UCI pediátrica del Clínico

19.02.2020 | 16:51
El padre del bebé, a los policías: "Me habéis salvado la vida. Mi hijo estaba muerto"

«Estábamos convencidos de que se nos moría. Fueron alrededor de 25 minutos que se nos hicieron eternos. Pero, al final, conseguí mantener la serenidad y reanimar al niño cada vez que volvía a dejar de respirar. Y pude hacerlo gracias a que mi compañero me daba seguridad, apartando a la multitud y abriéndome paso mientras hacia la reanimación RCP al bebé». Lo cuenta Rui, de 39 años y que ayer cumplió 10 años con el uniforme de la Policía Nacional.

Es el agente que en la tarde del domingo salvó, literalmente, la vida a un bebé de 54 días, con bronquiolitis y apneas, que entró en parada cardiorrespiratoria momentos después de que sus padres le administraran la medicación que les había dado un pediatra. Fue en su domicilio, en la calle Cuba, en pleno corazón del barrio de Russafa, atestado de gente cuando se produjo la emergencia.

Los policías, al saber que estaba comprometida la vida de un bebé, fueron a toda velocidad, con los prioritarios luminosos y sonoros conectados y tocando el claxon. Incluso recorrieron un tramo de la calle Sueca en contradirección. «Los padres estaban con el niño ya en la calle, y gritaban que no respiraba y que estaba muerto. Mi compañero -Juanjo, 38 años, 11 como policía nacional- era el que conducía, así que salté del coche y cogí al niño sin pensármelo», explica Rui, quien se colocó al pequeño a lo largo del antebrazo, como recuerda que le explicaron «en la formación de los cursos Amoc, en vídeos que he visto y en información que he leído», y comenzó a reanimarlo.

Mientras, el griterío alededor. Los padres, chillando que el niño se moría; los viandantes, amontonados mirando; las bicicletas y los patinetes, pasando sin cesar y tocando el timbre, ajenos a la emergencia. Rui solo encontró una manera de aislarse: caminar, con el niño en brazos, ora reanimándolo, ora colocándolo sobre el hombro los escasos segundos en que aguantaba sin caer de nuevo en parada, a lo largo de la acera.

Mientras, Juanjo contenía, «como podía, con mi cuerpo, con los brazos, a los familiares, a los vecinos, a los curiosos, dándole un espacio de seguridad a Rui y caminando junto a él todo el rato en ese ir y venir», en medio del griterío y de peregrinas sugerencias espontáneas.

Juanjo, además, llamó al 112 y pidió hablar con un médico en busca de instrucciones, «que seguimos al pie de la letra, aunque lo único que funcionó fue no parar la RCP en ningún momento. Gracias a eso, no hubo falta de oxígeno en el cerebro».

Finalmente, «cuando lo había reanimado diez o doce veces, el niño se recuperó y estornudó. Fue la mayor alegría de mi vida», confiesa Rui, que ya salvó otra vida, la de un bañista de avanzada edad en Cullera, en 2014, estando libre de servicio.

Tanto él como Juanjo habían desechado llevarlo al hospital, por dos riesgos: «Que llegara instantes después la ambulancia que pedimos o que no pudiera hacerle las maniobras por la conducción rápida». Acertaron. Cuando Rui ya no sentía los brazos y Juanjo ya no sabía cómo contener a los curiosos, llegó un médico enviado por Emergencias (no había ningún SAMU libre). Y unos segundos después, otro radiopatrulla de la Policía Nacional. El médico cogió al bebé y, tras comprobar «que ya estaba estable gracias al esfuerzo, dijo que había que llevarlo al hospital». Los dos coches patrulla se pusieron en los flancos y abrieron paso en paralelo al vehículo del médico hasta el hospital Dr. Peset.

El niño permanece en la UCI pediátrica, pero está estable y en breve podrá irse a casa. Los padres, primerizos, llegados de Marruecos hace 14 años, se han deshecho en agradecimientos. «Me habéis salvado la vida, porque si mi hijo muere, yo muero. Y mi hijo estaba muerto», les dijo el padre, mientras les daba las gracias «más de cien veces». «Y nosotros queremos dárselas también a nuestra sala del 091 y al otro patrulla. Sin ellos, no habría sido posible».

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