19 de marzo de 2019
19.03.2019

Presos de confianza vigilan a los parricidas de Godella para evitar un posible suicidio

Los forenses sospechan que la supuesta infanticida empleó un objeto cilíndrico y pesado como arma homicida, pero aún se desconoce cuál

19.03.2019 | 00:07

La dirección del centro penitenciario de Picassent, donde se encuentran internados los supuestos parricidas de Godella, ha establecido que ambos permanezcan internados en la Enfermería del recinto y que se les aplique, como es preceptivo en estos casos, el protocolo de prevención de suicidios (PPS).

Se trata de una medida habitual en todos los delitos graves que implican la muerte de una persona, para evitar que el acusado atente contra su vida.

Además, en este caso se da otra circunstancia: tanto la madre, María G. M., de 27 años, como el padre, Gabriel Salvador C., de la misma edad, han mostrado síntomas de trastorno mental, lo que aumenta la posibilidad de que intenten quitarse la vida.

Es más, en el caso de María, ya había anunciado el lunes, tres días antes de los infanticidios, que iba a suicidarse y a «reunirse con el Creador». Lo hizo en un mensaje que envió a su madre, quien, asustada, pidió ayuda ese mismo día en el juzgado y en la Guardia Civil.

Dentro del protocolo, ambos han sido internados en celdas con un recluso y una reclusa de confianza. Habitualmente, son internos que llevan tiempo cumpliendo, la mayoría con delitos no graves, y que dan la alarma en cuanto se produce alguna señal de alerta sobre la integridad física del preso al que acompañan las 24 horas del día.

El arma homicida

Aunque Gabriel y María llevan desde el sábado y el domingo, respectivamente, ingresados en la cárcel de Picassent, la Guardia Civil y el juez de Instrucción número 4 de Paterna aún no han dado por concluida la investigación.

De hecho, una de las prioridades en este momento es fijar, de manera objetiva, el grado de participación de Gabriel en los hechos. Ambos están en prisión como coautores del doble asesinato, aunque las evidencias recogidas hasta el momento parecen establecer que fue ella quien, en pleno brote esquizofrénico -así lo ha calificado el psiquiatra forense que la exploró por primera vez el viernes pasado en el hospital La Fe-, dio muerte a los niños en el exterior de la casa y luego los sepultó en las inmediaciones.

Otro de los puntos sin resolver es qué empleó para provocarles las numerosas fracturas craneoencefálicas que causaron las muertes. Los forenses, a tenor de las heridas, creen que se trata de un objeto pesado y cilíndrico, ya que las heridas carecen de bordes cortantes.

María ha sido la última de los dos en ingresar en prisión. Lo hizo el domingo, después de que la comisión judicial se desplazara a la unidad psiquiátrica del Hospital de Llíria adonde había sido conducida el viernes por la tarde. La supuesta parricida se negó a declarar, como ya había hecho su pareja un día antes. En ese momento, María estaba estabilizada gracias al tratamiento farmacológico de urgencia. Durante su detención, sin embargo, se mostró incongruente y con síntomas evidentes de ideas delirantes, como afirmar que a su hijo, Damiel, lo secuestraban por la noche miembros de la secta de los Illuminati para hacerle daño.

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