La Policía Nacional de Alicante ha localizado hasta el momento a siete víctimas del presunto chamán arrestado y encarcelado en Mallorca por drogar y abusar sexualmente de adeptas que acudían a sus encuentros conocidos como «las ceremonias de agua del amor». Sin embargo, los investigadores temen que aumente el número de denuncias de personas afectadas porque los rituales se llevaban a cabo por todo el país. Como informó ayer este diario, además del autodenominado chamán la Policía detuvo en Mallorca a su pareja, de 43 años, y anteriormente arrestó en Santander a un colaborador de la trama, un hombre de 40 años conocido como «el chamanito» y que presuntamente cobraba una comisión por cada asistente que llevaba a las ceremonias del amor.

Los adeptos que asistían a los eventos que organizaba tenían que pagar una cantidad que oscilaba entre los 100 y los 175 euros. La Policía ha imputado a la trama delitos de tráfico de drogas, estafa, pertenencia a grupo criminal y varios delitos contra la libertad sexual.

La trama ha podido ser desmantelada por la Policía Nacional tras una investigación iniciada el pasado año por el Grupo de Delincuencia Violenta de la Policía Judicial de Alicante. Hay denuncias que se tramitan en los juzgados de Ibi, Novelda y de otras provincias.

Según informó ayer la Comisaría Provincial, los arrestados, dos de los cuales se encuentran en libertad provisional, comenzaron ofertando cursos relacionados con la meditación y la espiritualidad.

El objetivo era seducir a víctimas con un perfil determinado. Sobre todo trataban de captar a mujeres con una edad en torno a los 45 años y con ánimo de iniciarse en los rituales al estilo de ayahuascas, una bebida alucinógena que se elabora con plantas del Amazonas y usan los chamanes en sus rituales.

Red de contactos

Con esta publicidad y la invitación a ceremonias gratuitas se fue tejiendo una red de contactos por toda España que difundían su actividad a través de chats de Whatsapp.

El chamán organizaba liturgias de «Agua de Amor» y buscaban lugares para preparar ritos de meditación en los que ponía música relajante o tambores.

Según la Policía, durante las celebraciones el chamán hacía ingerir a sus víctimas agua y les decía que su consumo «liberaría el amor», pero en realidad «su verdadera intención era perpetrar delitos contra la libertad sexual».

Durante la ceremonia presuntamente manipulaba el agua y le echaba algún tipo de sustancia estupefaciente. Según las investigaciones practicadas por los agentes la droga podría tratarse de algún derivado de la anfetamina.

Esa sustancia provocaba efectos alucinógenos desinhibiendo a las personas participantes.

Las celebraciones litúrgicas se convirtieron luego en festivales donde tanto el líder de la organización como sus cómplices, distribuían presuntamente drogas a sus víctimas. «Marihuana, DMT, San Pedro, y setas alucinógenas (psilobicina), eran algunas de las sustancias estupefacientes que se consumían durante las ceremonias», asegura la Comisaría.

Algunos asistentes eran drogados contra su voluntad dado que desconocían que el agua estaba intoxicada con anfetaminas. El chamán presuntamente aprovechaba que anulaba la voluntad de las adeptas con la droga y abusaba de ellas.

La Policía asegura que el chamán puso en peligro la vida de sus víctimas, ya que algunas de ellas han padecido problemas psicológicos, brotes esquizofrénicos o dependencia emocional con posterioridad a las celebraciones. Asimismo, llegaron a sufrir insuficiencia respiratoria y fuertes taquicardias durante los rituales, según los investigadores.