14 de marzo de 2018
14.03.2018

La mano asesina que mece la cuna

Once menores han muerto en la Comunidad por agresiones de sus progenitores, parejas de estos o cuidadores en los últimos diez años

14.03.2018 | 11:04
La mano asesina que mece la cuna

El asesinato del pequeño Gabriel y la sangre fría mostrada por la compañera sentimental de su padre y presunta autora de su estrangulamiento, Ana Julia Quezada, quien durante los días que duraron las batidas de búsqueda por Níjar fingió un papel de familiar preocupada por el bienestar del menor desaparecido, ha sido un mazazo para la opinión pública, al comprobar, una vez más, que el enemigo estaba en casa. Por desgracia no es un caso puntual y en los últimos diez años la Comunidad Valenciana ha sido escenario de otros once casos de menores muertos a manos de sus propios progenitores, de las parejas de estos o de las personas que precisamente estaban encargadas de su cuidado.

La mayoría de estos crímenes sobre menores de edad por familiares o personas allegadas al entorno familiar pueden dividirse en dos grandes grupos. Por un lado, casos evidentes de violencia machista, en los que los padres o compañeros sentimentales de la madre del pequeño utilizan la muerte de estos para causar un dolor mayor a sus víctimas. Ejemplo de este tipo de asesinatos sería el hombre que degolló a su hija de dos años en Alzira el pasado mes de noviembre después de que su mujer le dijera que había decidido poner fin a la relación. Laurentiu Mihai D., de 28 años, confesó que mató a la pequeña Maya Larissa en venganza contra su mujer.

Por otro lado, estarían aquellos casos en los que los niños son víctimas de malos tratos que acaban derivando en su muerte. En abril de 2007 unos padres, con problemas de toxicomanía, mataron a golpes a su bebé de cinco meses en Alzira para que dejase de llorar.

Ambos fueron condenados a quince años de prisión después de que los forenses demostraran que las lesiones que presentaba el pequeño, entre ellas golpes y quemaduras, eran producto de un maltrato continuado.

Pero también se dan asesinatos en los que la madre o cuidadora busca deshacerse del niño porque lo considera un "obstáculo", una de las hipótesis que se manejan en el crimen de Gabriel y cuyo caso más similar en tierras valencianas se produjo en mayo de 2015 cuando una mujer, natural de Nicaragua, mató a su hijo de cinco años en Almàssera porque quería volver a su país y éste suponía un obstáculo a sus deseos de libertad. Así, le suministró un fármaco para que se durmiera y una vez a solas con el menor lo asfixió con un almohadón. Aunque la infanticida alegó que estaba depresiva y que quería llevarse a su hijo al cielo con ella, la sentencia que la condenó recientemente a 18 años de cárcel consideró que era plenamente consciente de sus actos.

Arrojaron su cuerpo a la basura

Entre los casos de malos tratos que más conmocionaron a la sociedad valenciana fue el de Johan David, el niño de tres años cuyo cadáver fue hallado en junio de 2012 en un vertedero de Dos Aguas. Su madre, de nacionalidad boliviana, lo dejó unos meses bajo el cuidado de dos amigas porque había encontrado un trabajo en Francia. Durante ese tiempo las cuidadoras sometieron a un calvario de malos tratos al pequeño en su piso de València, hasta que éste murió y se deshicieron del cuerpo arrojándolo a un contenedor. Fueron condenadas a solo seis años de prisión por homicidio imprudente y profanación de cadáveres tras llegar a un acuerdo de conformidad con la Fiscalía.

Respecto a menores víctimas de la lacra machista, además del caso del parricida de Alzira, en octubre de 2013 otro hombre asesinó a su mujer y a su hijo de diez años en Vila-real. Posteriormente se quitó la vida. Los intentos de autólisis también son habituales tras cometer este tipo de crímenes. De igual modo, en mayo de 2015 otro maltratador asesinó de 18 cuchilladas al hijo de diez años de su compañera en Torrevieja. Fue condenado a 18 años de prisión.

Hay muertes de menores en esta última década que todavía se siguen investigando y cuyos indicios apuntan a personas de su entorno. Uno de ellos es el de Samara, quien falleció por una hemorragia cerebral a los 18 meses. El novio de la madre todavía está a la espera de juicio después de que se reabriera el caso en Torrent.

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