29 de noviembre de 2017
29.11.2017

Prisión por dejar morir a tres hurones en un criadero en Chiva

Un juzgado de València impone 18 meses de cárcel a una pareja que tenía los animales en malas condiciones higiénicas

28.11.2017 | 22:34

El juzgado de lo Penal número 2 de València ha condenado a 18 meses de prisión a una pareja que tenía en su domicilio de Chiva un criadero ilegal de hurones, en el que los animales se encontraban en muy malas condiciones higiénicas, y parte de ellos murieron a consecuencia de su precaria situación.

La sentencia, que les condena por un delito de maltrato animal continuado, fue dictada tras un juicio de conformidad en el que los acusados se declararon culpables y se beneficiaron de una rebaja en la petición de pena que hizo el ministerio fiscal, según el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV).

Los criadores no podrán tener animales durante cuatro años y deberán indemnizar con más de 750 euros a la asociación que asumió el cuidado de los hurones que sobrevivieron. Los condenados no ingresarán en prisión. La pena de cárcel les ha sido suspendida con la condición de que no vuelvan a delinquir en dos años.

El criadero fue localizado en septiembre de 2015 y no disponía de autorización administrativa. Los animales se encontraban en «condiciones higiénicas deplorables», en jaulas llenas de heces, sin alimento ni agua limpia y sin el adecuado control veterinario.

Como se explica en la resolución, en la vivienda se localizaron dos cachorros, que fallecieron por falta de alimentación, y al menos siete hurones más en un deficiente estado de salud, con alopecia, delgadez y atrofia muscular, heridas e infecciones bacterianas, a causa de una inadecuada e insuficiente alimentación y limpieza.

El juez añade que tres de los hurones adultos, que fallecieron posteriormente, presentaban «abundantes parásitos, onicosis generalizada de varios dedos, traquioniquia u onicodistrofia con paroniquia bacteriana, onicomicosis generalizada, pérdida de visión del ojo izquierdo e infecciones crónicas». Los condenados cedieron a los animales, de los que se hizo cargo la asociación Huronlife, que asumió los gastos veterinarios y del cuidado de los hurones que sobrevivieron.

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