05 de octubre de 2012
05.10.2012

Un vecino anodino y reservado en el barrio y un inquilino "excelente"

La mayoría del vecindario de Sa Gerreria acogió con sorpresa la detención de Juan Manuel Morales

05.10.2012 | 02:00
Vecinos de sa Gerreria hablan con los medios de comunicación.

"Reservado, cabizbajo y poco hablador". Así definía ayer Carlos Suárez, el peluquero habitual de Juan Manuel Morales, la actitud del joven cada vez que entraba en su establecimiento de la plaza Quartera.
"Se sentaba y no hablaba prácticamente nada", recuerda el estilista. El martes fue la última vez que acudió a cortarse el pelo en la peluquería. Lo único que le llamó la atención fue su negativa a hacerse una ficha de cliente. "Todos los usuarios de Onda 10 se hacen una. él no quiso", subrayó.
Hacía apenas dos meses que se había mudado al barrio y en la mayoría de los casos había pasado completamente inadvertido. No había llamado la atención y muchos decían desconocerle.
El administrador de la finca que le alquiló el piso no albergó ninguna queja hacia él. Todo lo contrario. "Era un inquilino excelente", subrayó. La vivienda, de unos 40 metros cuadrados, constaba de salón, cocina, baño y una habitación.
"Era un chavalillo joven, solitario. Hablaba muy poco", destacó un vecino de la finca del número cuatro de la calle Can Gotleu, en pleno barrio de sa Gerreria, donde se había mudado recientemente. El número de policías que participaron en su detención le sorprendió. "Era como en las películas, llegaron todos con guantes", recalcó.
La discreta presencia policial en las últimas semanas no pasó inadvertida a muchos vecinos del barrio. Tal fue el caso de un coche, con agentes de paisano, estacionado en las proximidades de su domicilio. "Vimos un coche que estaba allí aparcado con personas durante un mes. Pensamos que estaban haciendo vigilancia", indicó el propietario de un bar situado en las inmediaciones.
Un camarero de un bar de la plaza Quartera no tuvo dudas. Los policías de paisano se identificaron para vigilar desde allí. "Durante tres semanas estuvieron viniendo. A veces sacaban fotos con el móvil con disimulo", señaló. "El miércoles por la mañana vinieron muchos con una furgoneta. Luego se despidieron: 'ya hemos acabado", me dijeron".

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