28 de octubre de 2019
28.10.2019
Evolución

Un nuevo estudio sitúa en el sur de África la tierra ancestral del humano moderno

La región identificada es hoy desértica y con salinas pero en su día fue una región verde y húmeda

28.10.2019 | 22:41
La genetista Vanessa Hayes habla con ?kun ?kunta.

La tierra ancestral donde surgieron los humanos de anatomía moderna ha sido localizada al sur del río Zambeze, sur de África, según un estudio publicado en la revista "Nature", que aporta el contexto geográfico a la evolución humana.

La investigación, liderada por el Instituto Garvan de Investigación Médica de Sydney (Australia), señala que ya era sabido que África había sido la tierra natal del humano como lo conocemos hoy, pero no la zona exacta de este origen.

La principal autora, Vanessa Hayes, de ese instituto australiano, indicó que diversas disciplinas fueron aplicadas para llevar a cabo este análisis, como la genética, la geología y la física climática.

La región identificada es hoy desértica y con salinas, pero en su día fue un gran lago dos veces más grande que el Lago Victoria.

El lago se dividió en otros pequeños hace unos 200.000 años hasta formar una gran zona húmeda donde los humanos se establecieron. Era una región verde y en ella permanecieron durante unos 70.000 años hasta que el clima cambió y empezaron a dispersarse, desencadenando las primeras exploraciones.

Estas migraciones dieron paso, añaden los científicos, al desarrollo genético humano y su diversidad étnica y cultural.

Las poblaciones migraron primero hacia el noreste y después al suroeste, y supusieron los primeros pasos hacia una migración fuera de África y, por último, hacia el resto del mundo.

"Antes del surgimiento del humano moderno, el lago empezó a secarse debido a un cambio en las placas tectónicas. Esto creó una gran zona húmeda, que es uno de los ecosistemas conocidos más productivos para sustentar vida", según Andy Moore, geólogo de la Universidad de Rhodes (Sudáfrica).

"Ha estado claro durante un tiempo que los humanos anatómicamente modernos aparecieron en África hace aproximadamente 200.000 años. Lo que se ha debatido durante mucho tiempo es el lugar exacto de esta aparición y la dispersión posterior de nuestros primeros antepasados", explicó Hayes.

Según la científica, el ADN mitocondrial (material genético) actúa como una "cápsula del tiempo", al acumular cambios a lo largo de las generaciones.

Para esta experta, comparar ese código genético de los distintos individuos ha permitido saber cuán relacionados están entre ellos.

Hayes y sus colegas tomaron muestras de sangre de comunidades locales para crear un exhaustivo catálogo de los mitogenomas (código genético completo) de los primeros humanos modernos.

"Nuestro trabajo no hubiera sido posible sin la contribución generosa de las comunidades locales", dijo Riana Bornam, profesora de Sanidad Pública de la Universidad de Pretoria.

"Fusionamos 198 mitogenomas nuevos y poco comunes a la actual base de datos de la población humana moderna más antigua conocida", lo que permitió a los expertos entender mejor el árbol de la evolución de "nuestras primeras ramas ancestrales", señaló Eva Chan, del citado instituto y a cargo de los análisis filogenéticos.

De esta manera, al combinar el linaje con la distribución lingüística, cultural y geográfica, el estudio reveló que el origen de los primeros "homo sapiens sapiens" (hombre moderno) se situó al sur del río Zambeze, un área de Botsuana, Namibia y Zimbabue.

Para entender estas primeras migraciones humanas, Axel Timmermann, de la Universidad Nacional de Pusan, analizó datos geológicos del sur de África de los últimos 250.000 años.

Según el experto, un cambio climático pudo crear corredores verdes por donde los antepasados migraron por primera vez.

"Estos primeros migrantes dejaron atrás una población en su tierra natal", indicó Hayes, y puntualizó que los descendientes de este grupo de seres humanos se puede situar hoy en Kalahari, sur de África.

La investigación se llevó a cabo bajo la consulta de las comunidades africanas locales y el visto bueno de sus líderes, precisa Nature.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook