11 de octubre de 2019
11.10.2019

Acoso escolar: ¿Cómo detectar y combatir el bullying?

Este tipo de maltrato se caracteriza por proceder de un modo sistemático y estratégico

11.10.2019 | 10:11
Acoso escolar: ¿Cómo detectar y combatir el bullying?

El término bullying proviene de la palabra inglesa bully, que significa "matón" o "peleón", y de la terminación -ing que en inglés se traduce como "la acción de", un concepto que en español podemos traducir como "acoso escolar", "intimidación" u "hostigamiento".

Combatir el bullying es cosa de todos. Cada uno de nosotros tiene una responsabilidad y un poder para atenderlo y cambiarlo. La intimidación en la escuela es resultado de una herencia cultural cargada de significados que temen y rechazan la diferencia.

¿Qué diferencia al Bullying de otras conductas conflictivas?

Este tipo de acoso suele aparecer a partir de la pre-adolescencia (10 años) y es un fenómeno social que implica tanto a la víctima como al agresor o agresores, los compañeros y los adultos (padres, profesores y personas allegadas).

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El bullying se diferencia de las conductas conflictivas que pueden ocurrir en el marco de las relaciones sociales especialmente por dos elementos clave:

- La reiteración en que se producen las conductas agresivas.

- La víctima está en situación de inferioridad con respecto al agresor o agresores.

Este tipo de maltrato se caracteriza por proceder de un modo sistemático y estratégico y extenderse por un periodo de tiempo más o menos prolongado. Puede existir tanto maltrato físico, verbal como psicológico. El maltrato físico se caracteriza por golpes, empujones, puñetazos y destrozos. El maltrato verbal responde a insultos, burlas continuas, comentarios hirientes, rumores y mentiras. Por último, el maltrato psicológico consiste en amenazas, chantajes y aislamiento.

¿Es fácil detectarlo? ¿Cómo transcurre habitualmente la agresión?

Detectarlo y actuar es cosa de todos. El rápido diagnóstico puede ayudar a frenarlo y evitar peores consecuencias.

El acosador habitualmente fija unos objetivos potenciales. Este lleva a cabo pequeñas intimidaciones que no son afrontadas fácilmente por la víctima, hecho que alimenta erróneamente su seguridad y disminuye la confianza del acosado. El otro ingrediente del bullying son los espectadores, compañeros de clase que apoyan la intimidación con el objetivo de "formar parte del grupo" o se desentienden para "no dejar de formar parte del grupo" y/o por miedo a ser víctimas también.

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Habitualmente, tras la intimidación llega la agresión física. La intensidad de las agresiones suele aumentar progresivamente. El niño, por temor a las represalias, vergüenza a ser señalado y miedo a no ser comprendido, vive en silencio sentimientos de impotencia y frustración al no poder frenar la agresión, una realidad emocional que llega a desembocar en conductas de aislamiento e invisibilización tales como no desear participar en clase, no jugar en el recreo con el resto de compañeros, no ir a salidas y excursiones, etc. ("si no me ven estaré a salvo"). En definitiva un sinfín de acciones que afectan seriamente a su autoestima.

Educar en valores de igualdad e integración de "lo desconocido"

Históricamente hemos rechazado lo desconocido, no hay duda. El precio que hemos pagado como sociedad es muy elevado y, posiblemente, nos quedan muchos años de deuda. Es momento de plantearnos si, en nuestros hogares, en nuestras escuelas, en nuestros barrios, en nuestras ciudades, etc., queremos seguir cargando con un precio tan costoso a partir de decidir qué actitud deseamos tomar cuando convivamos con la diversidad, entendida como una realidad imposible de ignorar y esencial para comprender al ser humano. Todos somos únicos y diferentes y, a su vez, esto nos hace iguales.

Así pues, tal y como decíamos, es momento de elegir qué mensaje queremos trasladar a nuestros pequeños cuando vayamos a comprar el pan, juguemos en el parque, miremos la tele o paseemos por la calle y convivamos (siempre es así) con la realidad de nuestra sociedad.

Generar un espacio de libre expresión

Es necesario establecer una relación de confianza con los hijos en la que no exista miedo a expresar preocupaciones. Para ello, es esencial dialogar sobre temas ajenos a la rutina. Nos referimos a hablar sobre inquietudes que aparecen fruto de los cambios de etapa, del marco social en el que vivimos, de la desinformación, etc. Charlas que, posiblemente, crearán un espacio de libertad de expresión, comprensión y aceptación.

Si el chico/a no expresa, es importante estar atento a manifestaciones relacionadas con el sufrimiento interno tales como pérdida de interés por actividades que antes le encantaban, fatiga generalizada, nerviosismo, miedos repentinos, irritabilidad o aislamiento entre otros.

Aprender a solucionar conflictos, ¿de qué pautas partimos?

El conflicto forma parte de nuestra vida y aparece en ella en multitud de contextos y situaciones. Aun ser necesario y natural, no siempre lo gestionamos del mejor modo.

Los adultos, nuevamente, tenemos una gran responsabilidad. Velar por una mejor gestión ayuda a los niños/jóvenes a lidiar con el problema en lugar de evitarlo o contraatacarlo. Para empezar, es importante ser conscientes del estilo comunicativo que adoptamos dentro y fuera de casa, qué hacemos para afrontar un problema, así como qué pensamientos habitualmente van asociados cuando nos planteamos la existencia del mismo ("¿En qué porcentaje lo vivo como una amenaza y/o como una oportunidad?").

Más concretamente, para mejorar la convivencia educativa y prevenir la violencia, es preciso actuar en la propia escuela y enseñar las bases relacionadas con la resolución de conflictos. Desde la Inteligencia Emocional encontramos muchas respuestas y herramientas prácticas que nos aproximan a un abordaje claro. Así pues, existen pasos que podemos poner en práctica a la hora de resolver un problema relacional. Hoy, compartimos con vosotros algunos de ellos:

- Cada uno de nosotros tiene que realizar un trabajo interno: detectar qué le preocupa exactamente del conflicto "X" y cómo le hace sentir.

- En segundo lugar, podemos preguntarnos qué ha sucedido anteriormente que nos ha llevado hasta la preocupación detectada.

- Dicho esto, es momento de detectar qué hemos intentado hacer hasta el momento para poner solución y qué creemos que necesitaríamos para solucionarlo. Con esta respuesta, es interesante diferenciar entre qué depende de nosotros y qué depende de los demás.

- Paralelamente, es importante buscar un modo claro y conciso de expresar la información detectada teniendo en cuenta cuáles son nuestros derechos y necesidades y previendo cuáles pueden ser las del resto de personas implicadas. Aquí aparece un elemento importante: la empatía. Existen otros "personajes" en la historia, por ello podemos preguntarnos qué piensan y qué sienten.

- Por último debemos recordar que nuestro mensaje no siempre llegará en el mejor momento, no siempre será bien recibido, no siempre será comprendido, etc. Llegados a este punto será de utilidad entender qué ha sucedido (qué parte depende de nosotros y qué parte depende del otro/s). Solo así podremos dar otro paso para solucionar el problema o pedir a los demás que lo den.

- Solucionar los conflictos no "es cosa de uno", es cosa de dos o más.

- Educar integrando la diversidad evita la creación de conflictos que nacen el puro rechazo.

Mª Teresa Mata Massó, psicoterapeuta formadora en el entrenamiento de la Inteligencia Emocional presencial y online

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