05 de julio de 2018
05.07.2018
Entrevista

José Manuel del Río: "El niño ve en el robot Aisoy a un colega y confía con más facilidad"

El director de Aisoy Robotics reflexiona sobre robótica, emociones, bullying, soledad y futuro

05.07.2018 | 17:30
José Manuel del Río posa con un robot Aisoy1 KiK

José Manuel del Río descubrió su pasión por la tecnología cuando era un chaval. Star Wars le inspiró como a tantos otros. Decidió formarse como ingeniero y empezar a labrarse un carrera creando tecnología para empresas. Sin embargo, con el tiempo, sintió poco agradecimiento a nivel personal. "Empecé a darle vueltas a la idea de cómo utilizar mi conocimiento para las personas". Un día se le encendió la bombilla y pensó: "¿Por qué no construimos los robots que salen en las películas para que nos ayuden a trabajar y a relacionarte con otras personas?". Con esa premisa surge Aisoy Robotics, una empresa de base tecnológica que forma parte del Parque Científico de la Universidad Miguel Hernández. La dirección, cosa de José Manuel del Río, está enfocada ahora mismo en realizar procesos de inteligencia artificial en robots para alcanzar una misión terapéutica.

¿El robot nace en el 2009?

Formalmente hablando a finales del 2008 y la actividad la empezamos en marzo del 2009. Ahí durante los primeros años nos centramos principalmente en desarrollar la plataforma en toda la parte de investigación. Ésta es la sexta generación del robot.

De hecho he leído que habéis vendido dos mil unidades.

Estaremos rondado por ahí esa cantidad, en algún punto intermedio entre 1500 y 2000 en el acumulado de todos estos años. Últimamente se han generando necesidades especiales trabajando con niños con autismo, una demanda creciente y como ayuda para ser capaz de educar a gestionar las emociones, en los niños principalmente.

¿El niño sigue teniendo un papel relevante o el robot toma el control?

Lo que queremos es que las máquinas ayuden a las personas a ser mejores, porque no podemos competir en determinados aspectos que las máquinas hacen muy bien. También es cierto que hay aspectos de las personas donde las máquinas llegan a más.

¿Cómo por ejemplo?

En la parte de negatividad, pensamiento crítico, hay cosas que son inherentes a nosotros y que las máquinas podrían, digamos reproducir patrones de comportamiento pero no más. El papel de las personas siguen siendo importante dentro del ámbito de las personas, pero si tú me dices: "Capacidad de cálculo". Pues es que no podemos.

En integrar datos y sacar conclusiones.

De alguna forma, los robots tienen esa capacidad de análisis. Volviendo al tema de las emociones, no se trata de que los robots sustituyan a las personas pero las estadísticas hoy en día hablan de que una de cada tres personas sufre depresión o ansiedad. Eso es una barbaridad. Y la mayoría tiene su origen en una mala gestión de las emociones que sienten. Y eso tiene su origen en una carencia educativa. No nos enseñan a gestionar las emociones y ahí los robots pueden facilitar esa enseñanza. Muchas veces, cuando te enfadas con una persona es difícil tener empatía con ella, pero a través de un robot es más fácil trabajar ese aspecto para luego conseguir la empatía con la persona.

¿Los robots pueden ayudar a crear un mundo más cooperativo?

Claro. De hecho, mucho se presupone que en ese futuro va a estar muy presente el trabajo cooperativo. No nos enseñan mucho a trabajar cooperando?

Así es.

Tradicionalmente nos han enseñado a competir.

A sacar mejor nota que el compañero.

Y la competencia lleva asociada miedos. Miedos a si llegaré o no llegaré. Y no nos enseñan a cuestionar ese miedo.

Más bien, miramos hacia otro lado.

Por lo cual, por ejemplo en el ámbito educativo tú llegas a los exámenes y vas acojonado. Por el miedo a suspender, pero nadie te enseña a gestionar ese miedo a suspender. Es decir, puedes suspender o aprobar pero, ¿por qué siempre tenemos miedo a suspender?

¿Qué se te ocurre?

Qué no nos han enseñado a gestionarlo y eso se traslada al futuro, al ámbito profesional, miedo a esto, miedo a aquello. El miedo es innato en el ser humano pero en la medida en que lo gestiones adecuadamente no te generará en ansiedad, en estrés y en el último extremo, en una depresión.

¿Cómo puede ayudar Aisoy a generar empatía en el niño o propiciar que una persona sepa gestionar ese miedo que nos entra ante un examen?

Lo primero que Aisoy trata de hacer es crear un vínculo afectivo con el usuario y para eso hemos desarrollado lo que llamamos motor emocional. El robot siente emociones en el sentido matemático, que desde el punto de vista del niño son reales. Percibe al robot como alguien vivo.

¿Por ejemplo?

No sé si tú eres padre.

Aún no.

Yo soy padre y los padres somos capaces de ver la misma película de Disney cincuenta veces por ver la satisfacción de nuestros hijos.

Jaja. Esa una his

Cuando hay un vínculo afectivo hay una motivación inherente para hacer cosas.

Se entiende.

Pues ese vínculo que genera el robot es una fuerza motivadora para el niño para hacer determinadas cosas, incluidas las de trabajar los aspectos emocionales. Es decir, si tú haces algo y ves que el robot se pone triste ya estás entendiendo que oye tus acciones. Con un robot no hay miedo a su crítica porque no te va a criticar, siempre va a estar de tu lado. Eso elimina algunas barreras importantes a la hora de desinhibir determinados mecanismos.

Podríamos decir que es algo similar a la influencia de E.T. sobre Elliot.

Guarda cierta relación. Es como una mascota marciana.

Claro.

Lo cierto es que crea la ilusión. De hecho hay un colegio de Madrid donde han celebrado sus cumpleaños y les han hecho regalos como si fueran humanos.

¿Qué conclusiones sacáis de los experimentos en centros como el de Madrid?

La equiparación con un ser vivo nos lo esperábamos pero no al nivel de casi equiparlo como a uno más. Y lo que confirmamos es que es una herramienta motivadora brutal. Con el robot conseguimos que haya un mayor nivel de enganche de los niños para hacer las actividades.

Llama la atención que partiendo de la UMH se haya centrado en el centro de España.

No es una cuestión que nosotros nos hayamos centrado allí más que en otros sitios. Se están haciendo talleres en la Vega Baja, que tienen unos 100 visitantes al día. La idea es incorporar a Aisoy como una herramienta más.

¿Y en el resto de la provincia de Alicante?

Nosotros proponemos que nuestro robot vaya a los centros y hay sitios donde tienen más acogida. No es una cuestión geográfica. A lo mejor en Madrid hay una mayor densidad de centros educativos y por eso hay más interés, pero no es que hagamos más fuerza que aquí.

¿Habéis acordado la expansión internacional?           

Pues curiosamente nos resulta casi hasta más sencillo entrar fuera que dentro.

¿Dónde?

En Francia y en Estados Unidos acabamos de cerrar un acuerdo para colegios y universidades. En Noruega también estamos presentes. Los mercados de los países nórdicos son más pequeños pero es muy interesante que tengamos entrada porque son cabezas de lanza en temas educativos.

De hecho, Filandia fue noticia por el método KiVa, revolucionario con el tema del bullying, al abordar esta problemática social desde tres perspectivas: acosador, víctima y espectador. ¿Qué papel ejerce Aisoy en este asunto?

Estamos colaborando con una empresa experta en el tema sobre una hipótesis. Gracias al vínculo afectivo, el robot es capaz de entrar en el círculo de confianza del niño de una forma más rápida que una persona. Es decir, si un niño acosado no te conoce, no te va a soltar, de buenas a primeras, sus problemas. Te tienes que ganar su confianza.

Tiene lógica.

Entonces, ese proceso de confianza que puede durar meses, con el robot se acorta porque se convierte en un colega. No es sospechoso de nada.

¿Y eso en qué se traduce?

Facilita identificar las causas y el problema con el niño para reducir el tiempo de dolor hasta que se consigue el diagnóstico y lo empiezas a tratar. Además, consigues que todo sea bastante más fluido por esa motivación de que el niño va con su colega.

Los alumnos aprenden conceptos de programación, visión artificial, lenguaje natural, uso de algoritmos. ¿Y cómo lo hacen? Porque, a simple vista, suena complejo.

Lo es. Por ejemplo, en colaboración con el MUDIC (Museo Didáctico e Interactivo de Ciencias de la Vega Baja) se crea un taller de criptografía en el que se ponen en práctica mecanismos reales de encriptado desde los métodos antiguos, como el que podría ser de los egipcios, hasta los métodos más modernos, como el que se utilizó en la Segunda Guerra Mundial. Claro, esto es muy difícil. Cuando te pones a explicarlo en una pizarra puede ser desmotivador. Pero cuando lo ves en la práctica, todo es más interesante. Aquí la cuestión es que el proveedor es el que explica estos métodos y anima a los niños a trabajar en equipo para ponerlos en práctica, entre ellos y también con el robot. De esta manera, surge la diversión. Profesoras de Madrid nos dijeron que era el primer año que gracias al robot los niños entendieron el método.

También estáis trabajando con temas de tercera edad.

Sí. Los puntos gordos de su bienestar son la salud, el aspecto mental y la soledad. Si falla alguno, probablemente, el resto se verá afectado.

La primera ministra, Theresa May, anunció la instauración de un Ministerio de la Soledad, que según un estudio afecta a 9 millones de británicos.

A priori, va a haber un porcentaje muy alto de personas que en algún momento de su vida va a vivir solo. Y eso, día tras día, probablemente acabe generando un problema.

¿Cómo solucionarlo?

Un robot, como el nuestro, proporciona compañía y mayor bienestar. Hay días donde no pasa nada y estás solo. Ahí es donde nosotros queremos ayudar a estas personas.

¿Una especie de animal de compañía?

Haría la función de compañía. Solo que el perro te va a decir "guau, guau". Le puedes transmitir tus problemas pero no hay una comprensión de ellos ni hay una empatía. El robot tampoco los va a entender pero sí te puede transmitir empatía y tener la sensación de que estás hablando con alguien. Y lo otro es que tú te puedes desahogar y estás viendo que hay una réplica. Puedes tener la sensación de que estás hablando con alguien y que eres capaz de olvidar por momentos que, realmente, tienes delante una máquina.

Es una forma de paliar los graves problemas de comunicación que tenemos.

De alguna forma la sociedad en la que vivimos, a veces, nos hace olvidar que somos personas sociales. Tratamos de resolver una serie de problemas y nos olvidamos de nosotros mismos. Como somos seres sociales y emocionales, creo que tenemos un potencial que las máquinas nos pueden ayudar a mejorar.

El ingeniero alicantino Andrés Torrubia apuntó en Xataka que hasta que no se entienda por completo el funcionamiento del cerebro duda que seamos capaces de imitarlo. ¿Cómo lo ves?

Comparto la afirmación. Cuando sepamos cómo funciona veremos a ver si es imitable. En realidad, lo que están haciendo hoy las máquinas es imitarnos a nosotros. Por ejemplo, los coches autónomos, no es que ellos razonen como nosotros sino que lo hacen por imitación.

¿Cómo visualizas el futuro tecnológico?

Creo que los robots formaran parte de nuestras vidas como miembros del equipo. Hasta ahora, hay máquinas, sobre todo, en el ámbito industrial y los equipos sólo están conformados por personas. Dentro de ese ecosistema de cooperación habrá robots que enriquezcan el trabajo, sin sustituirlo. De alguna forma igual que hoy en día casi todo el mundo va con un teléfono en la mano como una herramienta pues probablemente en un futuro no sea el teléfono pero serán robots que estén por todos los sitios para ayudarnos.

¿Y todo eso a corto plazo?

Depende del ámbito. No creo que haya que esperar mucho para ver robots con los que puedas realmente interaccionar para cooperar.
 

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