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Pintura gótica en Elx

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DAVID GARRRIDO Ciertamente, el estudio de la historia de Elx está plagado de sorpresas. Lástima que la desidia por las antigüedades patrias en el pasado y las altas dosis de ineptitud de quienes debiesen ser más competentes en el presente nos priven de una historia tan rica, peculiar e interesantísima. La cantera histórica de nuestra ciudad es todavía un mundo cuasi inexplorado, sea la época que sea, y por ello que los datos que hoy revelaremos al gran público nos maravillen más allá de la estricta información histórica que nos proporcionan.
Verán ustedes, nuestro Misteri es Patrimonio de la Humanidad y la iglesia que lo cobija todo un monumento. Pero antes del edificio actual, que se inició su construcción en 1673 y fue concluido definitivamente en 1784, existió otra Santa María, asolada en 1672, y antes otra, el espectacular edificio gótico que sustituyó la fábrica de lo que fuese mezquita. Precisamente de ese edificio de la Elx tardomedieval les quiero hablar hoy y de la posible presencia de un retablo en cuya elaboración participaron dos de los mejores pintores del estilo pictórico del gótico internacional que trabajaban en el Reino de Valencia, en concreto Jaume Mateu y su al parecer discípulo el gran pintor del gótico catalán Jaume Huguet.
Pero vayamos por partes, para que puedan comprender la importancia de lo que les digo. La mezquita mayor -o aljama- de tiempos de sarracenos fue convertida en iglesia bajo la advocación de Santa María cuando Jaime I y sus huestes entraron en Elx en noviembre de 1265. No nos extrañe la devoción mariana del rey de Cataluña y Aragón, que se convirtió en auténtica obsesión, llenando de templos en honor de la madre de Cristo las tierras por donde paseó su ímpetu conquistador. Arnau de Gurb, obispo de Barcelona y alcaide de la Calaforra ilicitana, se encargó de consagrar aquel templo donde otrora resonase la voz del almuédano. Y así pasaron los años hasta que en 1334, según la tradición, se decidió demoler la vetusta mezquita convertida en iglesia y en su lugar alzar un templo más acorde con los gustos de los conquistadores. Desconocemos exactamente el tiempo que tardaron en ejecutarse aquellas obras, que eclipsaron para siempre el rastro islámico de la capital del Baix Vinalopó. Hasta el 9 de junio de 1370 no tenemos noticia de los trabajos de construcción del nuevo edificio de estilo gótico, aunque por motivo de las diferencias que enfrentaron a Consell y maestro de obras, y la renuncia de éste a continuar en la labor el 1 de septiembre de aquel año.
Joan de Xerta fue su substituto y el encargado de acabar los tramos restantes y cubrir las bóvedas, que finalizó en 1384. Sin embargo, las obras aún continuarían al menos hasta el 1401. Aquel era un edificio recio, con la factura característica del gótico catalán, de una única nave con capillas en los contrafuertes y presbiterio poligonal. Lamentablemente pocas noticias nos han quedado, pero sabemos que en 1379 un artista apellidado Torres pintó de rojo la tercera arcada. Casi un siglo más tarde, se hicieron obras de iluminación, encargadas a Francesc Martínez, natural de Valencia, que cobró 216 «sous» y seis «diners» por aquel trabajo. Pere Ibarra, sin explicar el por qué de tal acción, fecha la demolición del templo gótico en 1492, para ser sustituido por otro que asolaron las lluvias torrenciales de 1672.
La verdad, no entiendo por qué se actuó de esa manera, echando a tierra un edificio que tanto costó de levantar y también de ornamentar. Casi nada sabemos de aquella Santa María del siglo XV, pero poco a poco afloran nuevos datos que dan constancia de su importancia, como se debe a la iglesia de una de las señorías feudales más dinámicas del País Valenciano, capaz de generar un volumen de rentas que la hacían muy codiciada y con una clase de caballeros lo suficientemente pudiente para invertir en arte.
El caballero ilicitano Pere Ferrandes de Mesa encargó un retablo para Santa María al carpintero oriolano, residente en Valencia, Jaume Espina, por el cual se estipuló un precio de setecientos florines de Aragón. El contrato se firmó en Alicante, ante un notario de esa localidad, con la obligación de que el retablo debiese ir convenientemente pintado, aunque no se menciona con qué motivos. Más adelante, el 30 de julio de 1445, Jaume Espina pacta con el maestro pintor Jaume Mateu, natural de Sant Martí Sarroca (Alt Penedès, Barcelona); y residente en Valencia, la elaboración de las pinturas del retablo, su traslado a Elx y su montaje en Santa María, por lo cual el artista pictórico cobraría 610 florines, que 90 quedarían para el carpintero. Y, bien, si importante es la naturaleza del contrato, por lo que respecta a Elx y la realización de una obra por uno de los pintores más destacados del momento, también lo es la firma, como testigo, de un personaje que tiempo a venir sería uno de los más grandes de la pintura gótica catalana, Jaume Huguet.
El documento en cuestión se encuentra en el Archivo de Protocolos del Colegio del Patriarca, en Valencia, una fuente documental llena de sorpresas, como la que mostramos, que fue exhumada de los viejos legajos por el historiador del arte Josep Ferre i Puerto, que dio noticia de ello hace cuatro años en la revista «Ars longa» (12/1993);. El documento cobra mayor importancia si cabe por la referencia a Jaume Huguet, lo que demostraría que el pintor de Valls se formó en Valencia en el taller de Mateu y no como se había propuesto hasta el momento en Zaragoza, en el círculo de artistas que trabajaban para el prelado catalán de esa ciudad Dalmau de Mur. Es un dato que permite reconstruir parte de la biografía del genial pintor del retablo de «Sant Abdó i Sant Senén» (Terrassa); o el también impresionante de «Pedro el Condestable de Portugal», exhibido en la capilla de Santa Águeda del viejo palacio real barcelonés.
Jaume Mateu se estableció de muy joven en Valencia (está documentado entre 1402 y 1452);, llegando a trabajar para las principales instituciones de la ciudad, aunque su única obra documentada es el retablo de la «Adoración de los pastores» de la iglesia de Cortes de Arenoso (Alto Mijares, Castelló);. No era costumbre de los pintores del gótico firmar sus obras, de ahí las dificultades de identificación. No obstante, se le atribuyen, entre otras obras, el retablo de «San Valerio» del valle de Almonacid -o Almonesir- y el «San Jerónimo» del Museo de la Catedral de Segorbe, todas ellas localizadas en tierras de la actual provincia castellonense. Sin embargo, el contrato de 1445 supone un trabajo destinado a las tierras de «dellà Xixona», la primera prueba documental encontrada del trabajo de un pintor del gótico internacional en las comarcas meridionales valencianas. No sería el único y aquella iglesia que el tiempo se llevó debió de contener algún ejemplo más. En este caso, un caballero ilicitano invirtió la cantidad de 700 florines, todo un verdadero capital para la época, en la elaboración del retablo, que debió ser, sin ninguna duda, el que exhibiese la capilla mayor de la Santa María del «cinquecento».
En cuanto a los Ferrandes de Mesa (utilizó la versión autóctona y tradicional del apellido, también Ferrández y Fernández); es uno de los linajes ilicitanos más destacados de la primera mitad del siglo XV, al cual ya le dedicamos un artículo monográfico. Pere Ferrandes de Mesa fue un asiduo colaborador de los procuradores barceloneses de Elx y Crevillent y hasta el mismo accedió a esa dignidad en 1401, cargo que mantuvo durante veinte años. Fue ennoblecido por Martín I «el Humano» al año siguiente. No creemos que éste sea el autor del encargo a Jaume Espina, que en 1445 sería un hombre extraordinariamente anciano, como ya mayor sería su hijo Joan, otro colaborador de Barcelona y durante años lugarteniente del procurador de la señoría. Quizá otro hijo de Pere, o bien nieto, con igual nombre que su padre o abuelo y gran peso en el gobierno local, fuese el cliente de los artistas. También nos queda la duda si la obra llegó a realizarse, que en principio hemos supuesto que sí. No obstante, eso no desdice que Jaume Huguet trabajó en sus años de formación en Valencia y, por otro lado, que el sur valenciano también existió en el mercado de arte de la época. q
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