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DE TOROS

Diego, el mayoral de la viuda

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Revolviendo en la memoria, donde tantas riquezas de buenos sentires se almacenan, rememoro la figura de Diego, aquel mayoral de la ganadera Celsa Fontfrede, viuda de Fernando Concha y Sierra.

MIGUEL LIZÓN En sus amores, ya viuda, con Manuel García " Espartero", dicen que se inspiró Blasco Ibáñez para los personajes centrales de la novela "Sangre y Arena". El miureño "Perdigón" frustró los planes futuribles de la pareja un 27 de mayo de 1894 en Madrid. Como los "toros de la viuda" se conocían también los famosos de Concha y Sierra. Algunos toros de esa divisa, de por sí decididamente histórica, ganaron fama en los anales del toreo al proporcionar a Juan Belmonte éxitos de clamor, incluso decisivos en la carrera del gran torero. Tal era la devoción de Juan por aquellos toros que, cuando pasaba ante la casa sevillana de la ganadera, se descubría e inclinaba la cabeza reverencialmente.
Diego no era, que se supiera, lorquiano "mayoral de pálida niebla". Tampoco que fuera "duro con las espuelas" ni "blando con las espigas". Era de estatura media, recio, con algunas nieves en su cabeza, cetrino de rostro, cejijunto y de mirada franca. Un buen tipo aquel Diego, que apareció por Alicante en la década de los cuarenta hasta principios de los cincuenta. Fallecida Doña Celsa, nuevas y más responsables obligaciones hicieron imprescindible la presencia de Diego en la ganadería. "Ya no podré venir más por Alicante", comunicó a sus alicantinos amigos, quienes le homenajearon regalándole un petacón repleto de la mejor picadura de la fábrica, pura flor de la tabaqueras flores, y un par de botellas de Cantabria, a cuyos sabores se había aficionado en sus repetidas estancias en Alicante. En ocho ocasiones convivió en los lares alicantinos.
El 29 de junio de 1889 debuta la ganadería en Alicante, como toros de Celsa Fontfrede, para "Guerrita" y "Lagartijillo". Ya como Concha y Sierra, corrida de Beneficencia, con nueve toros -tres de Veragua, tres de Murube y tres de Concha y Sierra- para Antonio Fuentes, Antonio Montes y Ricardo Torres "Bombita". Joselito y Belmonte los torean, mano a mano, el 6 de agosto de 1915. Así como Belmonte el 31 de mayo de 1925, reaparición de Juan en España, cuando la exclusiva de las 25.000 pesetas, un fortunón para la época, que le firmara un avispadísimo Eduardo Pagés. También estarán los Concha y Sierra en la triunfal despedida alicantina de Marcial Lalanda, 2 de agosto de 1942, con ocho toros a cargo de Marcial, Domingo Ortega, Juanito Belmonte, hijo de Juan, y Pedro Barrera.
Durante los años cuarenta, vienen los Concha y Sierra en repetidas ocasiones. Así, dos veces en 1942, en 1946 y tres en 1947. "Hasta el mes que viene" se despedía Diego por entonces, "Me tocará veranear con ustedes". La última corrida de Concha y Sierra, ya sin Diego como mayoral, la mataron el mejicano Jesús Córdoba, qué buen torero, "Pedrés" y la presentación de "Antoñete", 29 de junio de 1953. Una novillada el día de San José de 1957, a cargo de "El Tino", "Chicuelo hijo" y "Sanluqueño" cerraba la alicantina andadura de los Concha y Sierra: once corridas de toros y ocho novilladas. Diego, aquel mayoral de cálidas y entrañables cercanías. Alicante. Enero.

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