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La ´Fábrica de Cementos´ de San Vicente

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Ante las "últimas novedades" sobre el futuro de las instalaciones cementeras en San Vicente, es obligado realizar algunas reflexiones y recordar ciertos análisis o antecedentes sobre la cuestión. En lo que a mí respecta no es la primera vez que trato el tema de la Fábrica de Cementos de Sant Vicent. Bastaría recordar mi libro sobre el desarrollo económico sanvicentero, resultado de una investigación en las universidades de Valencia y Alicante o, entre otros, el artículo "De Alicantina de Cementos a Cementos Mexicanos" (INFORMACION, 17 de julio de 1992);.
La instalación de la "fábrica de ciments", la "Compañía Alicantina de Cementos", data de 1925, luego adquirida en 1928 por Valenciana de Cementos, hasta su incorporación al grupo Cemex en 1992. Su ubicación en ese lugar se debe a las ventajas comparativas que presenta sobre otros lugares de la provincia, en lo que respecta a su situación estratégica y a las infraestructuras de comunicación. En el centro del área del sureste, al lado de la capitalidad provincial y su puerto, junto a una línea férrea que la comunicará con toda España; además de su cercanía a la materia prima (canteras calizas);.
La fábrica que no inaugura el proceso de industrialización del municipio, si que, obviamente, contribuye a consolidarlo y darle unas ciertas características, realizando una evidente aportación a la cultura industrial y económica local y dejando una impronta en el municipio.
También hay que referirse a la población activa empleada en la fábrica. Y, con los datos en la mano, obtenidos de los censos oficiales de población y población activa de los años 40, 50, 60 y 70, el empleo en la fábrica de cementos nunca superó en su mejor etapa, comparativamente hablando, los años cuarenta, el 12% del total, y añadiendo el empleo inducido tampoco llegó al 15%. Las cifras del censo de población activa de 1970 son mucho menores, un 5,38% empleo directo y teniendo en cuenta el inducido el 6,50 % (1);. Es evidente que, en los últimos años, los porcentajes son obviamente menores.
Cifras importantes, sin duda alguna, pero que están lejos y contradicen la pretendida afirmación de que: "casi la mitad de la población subsistía gracias a la actividad de la fábrica en los años 50 y 60". La fábrica de cementos nunca fue, afortunadamente para el municipio, el "monocultivo industrial".
Si una fábrica de cementos era hace ochenta años, en el siglo pasado, un gran factor de modernidad, un icono del progreso, hoy, en plena era de la globalización y consiguiente redistribución de las actividades económicas a nivel mundial, ya no lo es. Sólo hay que fijarse en el mapa de las instalaciones cementeras y sus tendencias, íntimamente ligadas a factores estrictamente económico-empresariales de costes o flujos de intercambios. Todo ello sin contar con la contaminación y los protocolos o acuerdos internacionales de lucha contra ella, el famoso Protocolo de Kioto.
Debemos tener bien claro todo lo dicho anteriormente al llegar al punto actual. Todo ello, junto a la obsolescencia de las instalaciones y la actividad, el entorno urbano, la creciente contestación ciudadana, según los vecinos "parece que tira más humo que antes" y la masiva urbanización del entorno, plantean una decisión a la ubicación de la fábrica, sin olvidar que hay otra a unos mil metros.
Se plantea, por tanto, una salida a la ubicación de la fábrica y, obviamente no es lo mismo que una empresa decide que su estrategia, en el contexto globalizado, le indique que se tiene que ir o que alguien intente arrogarse el presunto mérito de que "he quitado la fábrica de cementos" (sic);. "Informaciones privilegiadas" aparte, es un insulto a la inteligencia ciudadana el que alguien pretenda arrogarse tal cosa. Otra cosa es que se presione más o menos.
Si la fábrica de cementos llegó hace ochenta años, lo fue por unos condicionamientos empresariales estratégicos, de infraestructura, sociales, en fin económicos; cuando se vaya lo hará por otros condicionamientos similares. Atendiendo, en definitiva, a la implacable lógica económico-empresarial.
Llegados a este punto, queda la cuestión del futuro de los terrenos, el futuro de ese espacio, y dentro de ella, el presunto valor de las instalaciones. Y es evidente que cualquier empresa, y más una multinacional, tiene valoradas sus instalaciones. Presenta un "valor en libros", y unos activos no sólo valorados contablemente, sino también por otros factores, "auditados" y perfectamente calculados. Así como unos posibles costes de deslocalización. Por tanto, sería otro insulto a la inteligencia, que alguien salga ahora diciendo que la empresa "tiene ahora que contratar con una consultoría lo que vale".
Es lógico que una empresa intente rentabilizar el valor de unos activos y particularmente de unos terrenos, pero atendiendo la situación actual y todos los pormenores anteriormente citados, la capacidad de negociación de los representantes municipales, que deben ser todos los grupos políticos presentes en el Ayuntamiento, es bastante amplia.
Y, finalmente, sobre el destino de los terrenos, mi opinión personal, según mi leal saber y entender, es que deben ser destinados a actividades de servicios o de industria de avanzada tecnología, vinculadas a la investigación de la Universidad de Alicante. Entendiendo también como servicios a zonas comerciales o de ocio, o ubicación de unas instalaciones feriales; junto a una zona verde. Siendo tal ordenación incluida en un modelo de ciudad polivalente, plasmado en un nuevo PGOU.
No parece lo más adecuado construir mil o quinientas viviendas, teniendo en cuenta la zona (entre autovía, cementerio, vía férrea; condiciones para un gueto);. Todo ello sólo contribuiría a suburbanizar más si cabe el municipio, e incrementar, masificada y caóticamente, unas condiciones de ciudad dormitorio.

(1); Canals, F. (1987);: "Evolució i desenrotllament económic de Sant Vicent del Raspeig". CAM.

Francisco Canals Beviá es doctor en Economía.

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