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El fin de un determinadotipo de capitalismo

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El prestigioso diario británico "The Independent" publicaba el pasado 28 de marzo un artículo en el que resumía la situación actual de la economía occidental. "El mundo occidental se encuentra sumido en una crisis económica de magnitud similar a la del petróleo de 1973. Asistimos al desmoronamiento del liberalismo ideológico y económico dominante en los últimos 30 años". "El País", el domingo, 27 de abril, encabezaba su portada del cuadernillo económico con una fotografía de unos trabajadores en Nueva York en 1929 y titulaba "¿Esta crisis es como la del 29É o va a ser peor?". Recordemos que la crisis de 1929, hace 79 años, trajo el crack de la bolsa de Nueva York, la hiperinflación en Alemania y la llegada al poder de Hitler.
Es posible que esta crisis signifique el fin del tipo de capitalismo que hemos vivido en los últimos años. No será el fin del sistema capitalista en sí. El capitalismo es connatural a los humanos que a veces olvidamos que somos una especie más del mundo animal y estamos en una jungla asfáltica en la cual la lucha es muy dura. El comunismo ha sido un fracaso histórico universal. Pero esta crisis debe traer consigo el fin del liberalismo económico especulativo en el que todo vale y el fin de una sociedad que haga del dinero fácil su único Dios.
Hemos asistido en España a diez años de especulación inmobiliaria y nadie, desde ninguno de los gobiernos de distinto signo político ha sido capaz de poner freno o de adoptar medidas correctoras. "Laissez faire, laissez passer" ha sido la política de los que nos han gobernado. El problema no se limita a España sino que se extiende a todo el mundo occidental. El crecimiento de una sociedad no puede basarse en la especulación inmobiliaria, en el incremento en una carrera frenética de los precios de los inmuebles, en la generación de dinero por cualquier medio, en la desigualdad cada vez más grande entre los trabajadores y los especuladores, en la penalización de la economía productiva. Las burbujas y los globos se acaban pinchando y dentro no queda nada. Y esto es precisamente lo que está pasando ahora. El globo se ha pinchado y dentro de él no queda nada. No hay desaceleración económica. Hay una auténtica crisis económica mundial que está empezando y sólo vemos la punta del iceberg del desastre que se avecina.
Se nos dice que saldremos de la crisis en dos años. Son puros cálculos, previsiones no basadas en datos reales ya que nadie tiene capacidad de adivinar el destino. Pero sin pretender ser pesimistas, apocalípticos o catastrofistas lo cierto es que los datos objetivos y en especial la tendencia son alarmantes. Y el problema es que la economía actual esta muy globalizada, hecho nuevo en una crisis. El efecto contagio de unos países a otros va a ser enorme. En la Asociación Europea de Abogados hemos organizado un congreso con representantes de 186 países en Madrid a finales de mayo con el tema "Perspectivas de la crisis económica mundial". Cuando hablamos con compañeros de otros países nos transmiten la sensación de que en todos los lugares están igual o incluso peor que en España. En nuestro país la crisis llega más tarde pero quizás sea más profunda y duradera por la particularidad del peso excesivo que tiene la construcción en la economía. Y aún más grave puede llegar a ser la situación en Alicante y Valencia por las inversiones inmobiliarias de las cajas de ahorros de la Comunidad. Como decía un analista del Banco de España "asusta el peso del ladrillo en las cajas y bancos".

En la sede central de la Asociación Europea de Abogados contemplamos diariamente con perplejidad cómo la morosidad se dispara pero también la mala calidad de la morosidad que nos llega, es decir las escasas o nulas posibilidades de recuperación de dinero en muchos de los procedimientos que nos encargan. Muchos de los deudores son insolventes e incluso ya no están en su domicilio y quizás ni siquiera en España. Mientras, los bancos y cajas se lanzan a la captación de nóminas desesperados por obtener dinero de los clientes, pero cierran el antes generoso grifo de los préstamos. Y es un problema común a todas las entidades. Ahora para dar un préstamo exigen capacidad de devolución del préstamo y en especial una nómina de trabajo. Los empresarios y los autónomos con dificultades transitorias de liquidez ya no pueden acceder a préstamos y muchos se verán condenados a cerrar su negocio incrementando la tasa de desempleo al tener que despedir a los trabajadores cuyas nóminas no pueden pagar. La economía sólo la pueden salvar los empresarios que sacrificando su familia, su ocio y a veces incluso su necesario descanso nocturno, sean capaces de seguir adelante, incluso sin la ayuda de los bancos y cajas que hace unos meses daban préstamos a cualquiera y ahora sólo los dan en casos muy especiales. Para estos empresarios no vale la jornada francesa de 35 horas porque ellos trabajan 70 horas semanales.
Es necesario también que Coepa, la Cámara de Comercio, Bancaja, la CAM y otras entidades bancarias se reúnan con el Gobierno nacional y el Consell y se cree un plan de lucha contra la crisis que involucre a todos. Deben y pueden adoptarse medidas que corrijan y amortigüen la situación creada.
Como ocurre al final del "Ocaso de los Dioses" de Wagner, última de las cuatro óperas del Anillo del Nibelungo, quizás de las ruinas del viejo mundo tras la crisis saldrá un mundo nuevo mejor. En ese mundo mejor se tratará de forma diferente a las rentas productivas que a las rentas especulativas, se pondrá límite a la acumulación de patrimonio, se aminorarán las diferencias sociales, se fomentará por los poderes públicos el acceso a la vivienda sin hipotecas vitalicias, y se borrarán del mapa anomalías injustificables como los paraísos fiscales de Liechtenstein y otros insertados en mismo corazón de Europa.
La nueva sociedad que emerja tras la crisis dotará de muchos más recursos humanos e informáticos a la justicia que perseguirá de forma especial el cohecho, el soborno, el tráfico de influencias y la corrupción en general. Los jueces y fiscales perseguirán con especial dedicación a las grandes fortunas que usan su dinero para comprar influencias y cometer ilegalidades. El tráfico de influencias ya tipificado en el actual artículo 428 del Código Penal tendrá que ser castigado con una pena mayor que la actual y mucho más investigado y perseguido. Y no se permitirá que cuando un poderoso insta una acción se le dé a veces trato de favor cometiendo delito de tráfico de influencias mientras que en algunas ocasiones cuando la acción se insta contra ese poderoso la justicia no actúa incurriendo en prevaricación. Ha ocurrido hasta ahora en muy pocos casos porque la justicia suele funcionar muy bien pero no debería ocurrir nunca.
La nueva sociedad tras la crisis deberá ser más justa y con más valores morales y espirituales. Debe ser el fin del dinero fácil especulativo y el retorno de una cultura de trabajo y esfuerzo en la que cada miembro de la sociedad se esfuerce al máximo por cumplir sus responsabilidades y busque la mayor perfección posible en su trabajo respectivo. El capitalismo seguirá pero necesariamente deberá ser distinto para que la sociedad sobreviva y no se fragmente aún más. Pero para superar la crisis Brunilda debe devolver a las Hijas del Rin el Anillo forjado por el Nibelungo Albrich con el oro que les robó al inicio de "El oro del Rin" tras renunciar al amor y establecer la acumulación de dinero como su único objetivo vital.

Pedro Beltrán es presidente de la Asociación Europea de Abogados.

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