13 de marzo de 2019
13.03.2019

El testaferro uruguayo confirma que Zaplana era «la figura protagónica que decidía todo»

El fiduciario Fernando Belhot admite que administró 7,9 millones de las empresas del exministro y sus amigos Francisco Grau y Joaquín Barceló

13.03.2019 | 00:01
El expresidente de la Generalitat Eduardo Zaplana.

El abogado de Montevideo declara que entregó 2,3 millones en metálico al exjefe del Consell.

Un personaje clave en el caso Erial ha confirmado punto por punto la investigación realizada por la UCO de la Guardia Civil, la Fiscalía Anticorrupción y el Juzgado de Instrucción 8 desde noviembre de 2015. Se trata del testaferro uruguayo de Eduardo Zaplana, Fernando Washington Belhot, que declaró como testigo por videoconferencia desde Uruguay el pasado 25 de enero. Su testimonio será una de las claves de bóveda de la acusación contra el expresidente de la Generalitat y la trama nacional e internacional gestada para ocultar el dinero procedente de supuestas mordidas. «Eduardo Zaplana era la figura protagónica, que decidía todo y a quien consultaban continuamente», reveló Belhot a preguntas de los investigadores.

El fiduciario uruguayo confirmó que conoció a Eduardo Zaplana en 2009 a través de «unos conocidos» como una «persona de gran influencia en el sector público y en el sector privado, aunque ya hacía años que había dejado la actividad política» (la fecha exacta fue en abril de 2009). Al parecer, Zaplana se vendió a sí mismo ante Belhot como «empresario» porque «tenía una empresa de consultoría» y su esposa Rosa Barceló «pertenecía a una familia muy importante del sector hotelero (Grupo Barceló)».

La excusa alegada por Zaplana para contactar con el testaferro uruguayo fue que tenía «un amigo de la infancia, Joaquín Barceló, vinculado al sector inmobiliario en el sur de España, y un asesor fiscal de ambos, Francisco Grau. Y que Barceló, en virtud de su actividad y la crisis inmobiliaria en España había solicitado a Grau que montara una estructura societaria que le permitiera optimizarse fiscalmente». La ingeniería financiera ideada por Francisco Grau (abogado, asesor fiscal, economista y profesor de economía financiera y contabilidad en la Universidad de Alicante) se tradujo en nueve empresas ideadas para blanquear el dinero de las mordidas. Una de estas empresas, Imison International, tenía sede en Luxemburgo.

Pero el dinero suele ser cobarde. Y la trama societaria creada por Zaplana y su círculo más cercano de confianza necesitaba movilizar el dinero atesorado en Luxemburgo (un total de 6,4 millones de euros) para rentabilizarlo y, cuando fuera seguro, retornarlo a España para reinvertirlo en caprichos o inversiones inmobiliarias. Por eso en «febrero o marzo» de 2009 (Zaplana fue reelegido diputado en el Congreso en las elecciones de marzo de 2009) se produjo la reunión clave entre el exministro de José María Aznar y los que se convertirían con el tiempo en sus tres testaferros de confianza.

Belhot barrió para casa en esa reunión y les aconsejó que invirtieran en Uruguay porque en el país sudamericano la jurisdicción «es más barata y adecuada, por el convenio de doble imposición y de protección económica, además de disponer de un secreto bancario muy fuerte». El abogado debió inspirarles confianza porque Zaplana y sus dos testaferros valencianos pusieron en las manos de Belhot un total de 7,9 millones de euros sin que mediara ningún contrato por escrito. «El negocio jurídico se basa en la confianza entre el profesional y el cliente. Todos los acuerdos con los tres indicados [Zaplana y sus amigos] fueron verbales. No tengo nada firmado con Joaquín Barceló y con Eduardo Zaplana», declaró Belhot ante la jueza y la Fiscalía Anticorrupción. Aunque Barceló sí aparece como representante fiscal en España de las dos mercantiles uruguayas (Disley y Misfey) creadas por Belhot para movilizar el dinero.

Con el tiempo, Belhot asegura que «se dió cuenta de que la figura protagónica era el señor Zaplana, a quien consultaban continuamente». El abogado uruguayo llegó a preguntárselo al exministro de Aznar. «Me reconoció que él tenía la mayoría de las empresas y los otros dos [testaferros] una pequeña cantidad. Y que él no había querido aparecer como titular de esos activos financieros, porque había sido una persona con actividad pública muy importante, presidente de la Comunitat Valenciana, miembro del PP, era empresario de éxito con un patrimonio personal y familiar importante y no quería exponerlo públicamente y por eso no quería comparecer».

Otras poderosas razones para recurrir a Belhot fueron las desastrosas inversiones realizadas por Barceló. Parte del dinero ingresado en una cuenta de Andorra «se invirtió en un banco griego que quebró». Otros 500.000 euros se destinaron a la compra de terrenos en Panamá en 2008 que también les estafaron porque el dinero «se pulverizó». Incluso llegó a adquirir acciones de National Geographic en España, pero la inversión también se perdió por «mala administración».

El abogado de Montevideo asegura que no sospechó del origen ilícito de los fondos «porque ya habían pasado más de cinco años de su actividad pública», aunque Zaplana no dejó la política hasta abril de 2009. Además, el exministro de Trabajo y portavoz también le proporcionó «muchos e importantes contactos con presidentes del IBEX 35 en activo y retirados, políticos de países iberamericanos a través de la Fundación FAES [el laboratorio de ideas creado por José María Aznar] y grandes empresarios de mercantiles como Repsol, Acciona o ACS».

A Zaplana no le fue mal la gestión que Belhot hizo de los 7,9 millones transferidos de forma pautada a las empresas uruguayas que, después, viajaban hasta una cuenta en Suiza. Tampoco al abogado uruguayo, que se quedaba con el 0,75% «sobre el monto de lo administrado de forma anual». Parte de ese dinero retornó a España y a los bolsillos de Zaplana a través del «sistema de cambios» (intermediarios que entregan dinero en metálico en cualquier parte del mundo) y que «en el 90 % de los casos se entregaba en Madrid a Mitsouko Henríquez», la secretaria de Zaplana. Un total de 2,3 millones de euros entregados a lo largo de siete años. Porque Zaplana «buscaba la inmediatez del dinero para utilizarlo sin que estuviera invertido».

El piso donde fue detenido se alquiló al líder de una trama de blanqueo


Miroslav Schopoff está investigado por una red que utilizaba lingotes de oro para ocultar dinero ilícito
El piso de la calle Pascual y Genís de València donde fue detenido Eduardo Zaplana el 22 de mayo de 2018 y donde residía desde que fue intervenido por el transplante de médula en 2015 estaba alquilado al líder de una trama de blanqueo de capitales, Miroslav Schopoff, actualmente buscado por la justicia española, según consta en el sumario del caso Erial que se notificó ayer a las partes.

La identidad del arrendador era desconocída por María Zaplana, la hija menor del exministro que fue, según declaró ante la Guardia Civil el 29 de noviembre de 2018, quien consiguió el alquiler en esta céntrica calle de València a través de una conocida agencia inmobiliaria de pisos de lujo. Por la vivienda de Pascual y Genís, que eligieron por las exigencias de «asepsia» que les pedían en el hospital tras la intervención al exministro, abonaban un alquiler de 3.500 euros al mes. Unos pagos que realizaba el yerno de Zaplana a través de una cuenta compartida con su hija. María Zaplana nunca llegó a conocer a Miroslav Schopoff, declaró, porque la firma del contrato se hizo a través de la agencia inmobiliaria.

Schopoff es el fundador y presidente de la empresa OroDirect, investigada desde 2014 en una operación desarrollada en 12 provincias contra el blanqueo de dinero en la compraventa de oro.

OroDirect llegó a facturar más de mil millones de euros al año y lideraba el mercado de recuperación de oro particular en España con una cuota cercana al 40 %. Schopoff llegó a ser detenido en esta operación.

La trama con epicentro en Valencia acusada de blanquear dinero a partir de la compra fraudulenta de oro y plata supuestamente defraudó a la Agencia Tributaria diez millones de euros, según publicó este diario.

La causa acumuló más de ciento setenta imputados y una treintena de perjudicados. La investigación arrancó en València en septiembre de 2012 por los presuntos delitos de blanqueo, receptación, fraude fiscal y documental a cargo del Juzgado de Instrucción número 12, que se inhibió a favor de la Audiencia Nacional ya que el fraude era superior a siete millones (cantidad que marca el cambio de competencia), había implicados grupos internacionales organizados de delincuencia y la red actuó en siete provincias españolas.

La red de blanqueo de capitales de Schopoff podría haber sido utilizada por investigados del caso Taula para invertir el dinero procedente de las presuntas mordidas en lingotes de oro, según publicó El País en febrero de 2016.

El «relato» hallado en el maletín del exministro


Otro papel mecanografiado hallado en el maletín personal del exministro de Trabajo y portavoz del Gobierno de José María Aznar apuntala la acusación contra Eduardo Zaplana como director de orquesta de una trama internacional de blanqueo de capitales. Tras ser detenido el 22 de mayo de 2018, los agentes le incautaron un «relato» de un folio escrito a ordenador en el que se detalla paso a paso la estrategia para ocultar el dinero en el extranjero y después repatriarlo: «Pachano [el apodo de Joaquín Barceló, su amigo y testaferro] constituye una sociedad española denominada Medlevante SL» que pasa a ser propiedad de Fernando Belhot [el testaferro uruguayo] a través de sucesivas ampliaciones de capital». El escrito refiere la compra de parcelas en el plan parcial de Poble Nou de la Vila Joiosa e, incluso, el intento de compra frustrado, de Marina Greeenwich.

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