31 de marzo de 2020
31.03.2020
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Excepciones del coronavirus

No todo es negligencia, también existe el sentido de la oportunidad - Estonia, paraíso tecnológico, aleja los temores

31.03.2020 | 04:15
Excepciones del coronavirus

Un pequeño pueblo de Oklahoma atesora el mérito de haberse preparado para la plaga gracias a un epidemiólogo local

Masha Gessen recoge en el "New Yorker" la particularidad estonia en la lucha contra el coronavirus. Consiste en la falta de miedo y en un gran sentido de la oportunidad. Los mensajes que salen de ese pequeño país báltico suenan discordantemente confiados en comparación del terror que despierta la plaga en otros lugares de Europa. Los estonios creen –cuenta la periodista neoyorquina– que no solo están manejando la pandemia sino que, a la vez, también se enfrentan al mundo en el que viviremos después de que esta termine.

En muchos sentidos, la respuesta de Estonia a la emergencia no se distingue de la de la mayoría de las naciones europeas. El país cerró sus fronteras, sus escuelas y clausuró los negocios de entretenimiento y ocio. El Gobierno se ha comprometido a cubrir la mayor parte de los ingresos personales perdidos debido a la pandemia; también ha sido criticado por carecer de una estrategia coherente para abordar la crisis, que incluye no tener un enfoque claro y consistente para las pruebas de detección del COVID-19. Aún así, con una tasa relativamente alta de infección –hasta hace unos días figuraba en el noveno lugar– Estonia parece soportar un nivel bajo de pánico.

Gessen escribe que puede ser la nación mejor preparada para las consecuencias de la pandemia, tanto económica como socialmente. Su economía está ligada a la tecnología, su gobierno es digital, no en el sentido de que ha sido nombrado a dedo sino en la práctica tecnológica, y la mayoría de los servicios en el país son o pueden proporcionarse electrónicamente; de hecho, resulta casi imposible exagerar el alcance de la digitalización estonia. "La gente vota en línea y usa todo tipo de recetas digitales; un solo documento de identidad almacena de forma segura la información personal de cada estonio, incluidos los registros de salud, fiscales y policiales; incluso se puede establecer la residencia y comenzar a pagar impuestos digitalmente". Los estonios presumen de que solo tres tipos de interacción con el Estado requieren su presencia física: el matrimonio, la transferencia de bienes y el divorcio. En algunos casos, los nacimientos tuvieron que registrarse in situ, pero este requisito se suspendió debido a la pandemia de coronavirus. El noventa y nueve por ciento de los hogares tienen conexiones a internet de banda ancha, Estonia es líder mundial en el desarrollo y uso de tecnologías electrónicas. En definitiva, la perspectiva de tener que trabajar, estudiar y comprar en línea puede no requerir allí el tipo de reajuste al que muchas personas se enfrentan en otros lugares.

La historia de cómo Estonia se volvió digital –recuerda Gessen– se ha contado más de una vez. El expresidente Toomas Hendrik Ilves juega un papel primordial en ello. Aprendió a codificar cuando era un estudiante de décimo grado en una escuela secundaria en Nueva Jersey. Ilves nació en Suecia, creció en Estados Unidos, trabajó como psicólogo, educador y periodista, y recibió el encargo de ser embajador en su país adoptivo un año después de que terminara la ocupación soviética, en 1992. Diplomático, miembro del Parlamento y, más tarde, presidente, promovió las clases de informática en las escuelas en los años noventa, la creación de centros públicos de acceso a Internet en todo el territorio y la idea de que la innovación tecnológica fuese posible en un remoto remanso del noreste de Europa.

Estonia declaró el estado de emergencia el 12 de marzo. La noche siguiente, dos compañías, en cooperación con el gobierno, lanzaron una campaña de cuarenta y ocho horas, llamada "Ataja la Crisis". Cinco de las ideas allí expuestas recibirían fondos iniciales de hasta cinco mil euros, para su ejecución inmediata. "No te detengas ante nada", escribieron los organizadores. "Piensa en cosas que necesitan una regulación diferente". Al menos dos participantes propusieron escribir aplicaciones que conectarían a los voluntarios con personas que necesitan ayuda durante el estado de emergencia. Otra propuesta era una aplicación para dispositivos portátiles que reaccionarían a gestos arriesgados, como rozarse la cara. Otro más fue para un programa de intercambio de mano de obra entre empresas, por ejemplo, permitir que los trabajadores de la industria del turismo trabaje provisionalmente en el comercio electrónico, para poder emplearlos en algo útil dado que su actividad está parada por causa del virus. La propuesta incluía cambios legislativos y una plataforma en línea para organizar dichos intercambios. Masha Gessen, como tantas otras veces, se ha ocupado de una historia diferente.

También lo ha hecho el "Washington Post" al husmear en la América profunda. Allí está el caso de Bristow, una población del Oklahoma que apenas sobrepasa los 4.000 habitantes y donde el epidemiólogo Mark Brandenburg, jefe médico de un pequeño hospital, vio cernirse la amenaza hace meses: "Los datos que salían de China indicaban que esta podría ser la pandemia que se había temido durante mucho tiempo", explicó. No esperó las órdenes del Gobierno federal o la dirección de la cámara estatal, a mediados de febrero había organizado ya un equipo de respuesta ciudadana para preparar a la comunidad para la llegada del nuevo coronavirus. Los líderes locales mantuvieron una cadena telefónica y se formaron equipos de adolescentes y estudiantes universitarios para entregar alimentos a las personas mayores. Mucho antes de que las escuelas de todo el país comenzaran a cerrar sus puertas, el sistema escolar de Bristow preparó un programa para alimentar a los niños si cerraban los centros, algo imprescindible en una ciudad con una tasa de pobreza del 25 por ciento. El gobernador republicano del Estado seguía mientras tanto aplicando la doctrina pasiva de Trump. Una semana después Nueva Orleans se disponía a celebrar su Mardi Grass.

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