25 de marzo de 2020
25.03.2020
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El síndrome del Presidente

25.03.2020 | 00:05
El síndrome del Presidente

Me gustaría preguntarle a la España de los balcones, a la de las caceroladas, a las dos Españas, ¿cuentan ustedes con epidemiólogos en la familia?

Decía Zygmunt Bauman que los tiempos que venían eran tiempos líquidos. Pero lo que no imaginábamos era que los tiempos que vivimos serían líquidos de medio minuto. Llama la atención cómo nace una noticia y a los 30 segundos ya se ha quedado obsoleta porque ha salido otra que la desmiente, la complementa, o simplemente no era tal. Datos, noticias, fake news, internet, twitter...

Vivimos en la era de la información, pero también en la de la desinformación. En definitiva, en la era del bombardeo informativo.

Parece fácil acertar que la sociedad sufre los efectos de tal bombardeo. Estrés, polarización, intolerancia al diferente, pero sobre todo falta de empatía. Y en estos tiempos líquidos que vivimos seguramente será eso lo que nos matará de verdad.

No es fácil la situación que vivimos, un país confinado. Casi 50 millones de españoles que salen a las 20h a aplaudir desde sus balcones a los «soldados» que se dejan la piel para que esto acabe. Me cabe una pregunta, ¿es la misma España que luego no empatiza con un presidente que sufre en primera persona las consecuencias de este virus tan hijo de puta? ¿Es la misma España que nos insultaba a los sanitarios cuando en urgencias tardamos más de 1 hora en atenderles porque estábamos ocupados con pacientes más graves? No sé, ya lo dijo Amadeo I de Saboya, me voy de aquí porque «Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados, tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la Nación, son españoles».

Somos un país que viene de pasar más de una década de recortes en todos los ámbitos, también en sanidad. Practicados por populares y socialistas en las distintas comunidades que han gobernado durante la crisis económica 2008-2016. Falta de camas, de material y de personal. He visto en primera persona, como enfermero, cómo había plantas cerradas y pacientes en los pasillos de urgencias esperando cama para ingreso. Tuvimos tiempo para reforzar nuestro sistema sanitario y no lo hicimos.

Pero al ser el tercer país en expandirse la pandemia en el mundo, no hemos podido prever la cantidad de recursos que nos hacían falta. Ni en el peor de los escenarios se contemplaba la crueldad de semejante virus. Da cuenta de ello que solo China ha sido capaz de dar una respuesta contundente. Un país cuya producción es en condiciones de precariedad absoluta infinitamente peores que las del nuestro, pero que bajo el yugo del comunismo pudo hacer frente a las restricciones más absolutas y disponer del material necesario porque solo se aisló a una provincia de 60 millones de habitantes, Wuhan, mientras el resto de provincias proveían el material necesario para ésta.

España no es el caso, hubo dos focos muy primarios en Madrid y en País Vasco, pero aunque hubiéramos cerrado estas provincias, que sí, que es un error no haberlo hecho, los españoles hubiéramos seguido pasándonos las restricciones por el forro. Aún a día de hoy sigue ocurriendo. Ya no tiene sentido cerrar provincias, ni comunidades, el riesgo ya está el todo el país. Pero me gustaría preguntarle a la España de los balcones, a la de las caceroladas, a las dos Españas, ¿cuentan ustedes con epidemiólogos en la familia? Seguramente alguna responderá que sí. Y en ese caso, ¿saben este dicho que es popular entre personal sanitario? Un médico cura, dos dudan y tres muerte segura.

Lo que viene a decir esta reflexión es que si le preguntamos a los epidemiólogos, seguramente uno nos responderá que las medidas fueron acertadas, otro dirán que faltaron medidas, y otro dirá que todo es una catástrofe.

Yo tampoco comulgo con muchas de las medidas, creo que llegaron tarde algunas de ellas, sobre todo la del material de protección individual, los llamados EPI's que tanto necesitan nuestros compañeros en primera línea de batalla en todo el país. Pero es momento de arrimar el hombro, no de quejas. Todos llevamos un presidente del gobierno dentro que seguramente haría las cosas mejor, pero también se equivocaría, porque os recuerdo a todos que nadie es perfecto, NADIE.

Tiempo habrá de dirimir responsabilidades políticas de la gestión de esta crisis. Los sanitarios ahora nos toca poner nuestros conocimientos y nuestras manos para recuperar al mayor número de compatriotas que caen como moscas en esta batalla infernal. Lo haremos a pesar de poner en riesgo nuestra salud y la de nuestras familias por no contar con los EPI's necesarios.

Pero cuando esto acabe, que acabará sin duda, la reflexión que tendremos que aplicar sobre el sistema sanitario es que tal vez, no teníamos el mejor sistema sanitario del mundo, sí los mejores profesionales, pero no el mejor sistema, porque está infradotado tanto de material como de personal.

El personal sanitario de este país saldrá a la calle para reclamar estas mejoras. Pero mientras tanto, a trabajar con empatía.

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