01 de marzo de 2020
01.03.2020
Para madres & padres

Mi hijo es desobediente. ¿Qué puedo hacer?

29.02.2020 | 19:39
Mi hijo es desobediente. ¿Qué puedo hacer?

Piensa en la zona azul de la ciudad en la que vives. La acera está pintada, existe señalización, parquímetros, y carteles que advierten de que serás sancionado si no pones el ticket. Ahora imagina que sabes a ciencia cierta que en esa zona azul no hay revisores y que pese a las advertencias, aunque dejes el coche sin poner la hora no te multarán. ¿Crees que pagarías por el ticket, o dejarías el coche sin más? Seguramente la segunda. Pues esto, madres y padres, es lo que le ocurre a nuestro hijo cuando le damos una orden que no va seguida de ninguna consecuencia: que no tiene motivos para cumplirla.

Personalidad y crianza


La desobediencia es una pauta de comportamiento muy frecuente en los niños y uno de los principales motivos de los casos que atiendo en mi consulta. Hay diversos factores que explican la aparición de la desobediencia y el negativismo, pero principalmente son dos: las características de personalidad del niño y las prácticas de crianza de los padres. Cuando un niño desde bien pequeño presenta un comportamiento impulsivo, con una baja regulación emocional o irritabilidad, esto supone una «mochila» que hace que la labor de ser padres se complique y las órdenes, que son la herramienta fundamental de los padres para educar a sus hijos, dejen de funcionar como queremos. Veamos un ejemplo.

Pérdida del control


El temperamento impulsivo e irritable de un niño provocará que ante una orden negativa para él (apagar la tablet, hacer los deberes, ir a la ducha...) responda con quejas o con peticiones de que le dejemos «10 minutos más». La negativa del niño provocará el enfado de los padres que repetirán la orden con un tono de voz más alto o con amenazas. Eso irritará todavía más al niño que se quejará de manera más enérgica. Tras repetirse este ciclo unas 4 o 5 veces, los padres actuarán o bien de manera agresiva o bien dando el caso por perdido y dejando al niño que se salga con la suya. En cualquiera de los dos casos los padres han perdido ya que no han sido capaces de que su primera orden haya tenido el efecto deseado.

Socialización


Para romper el proceso anterior, lo que se necesita es que las órdenes de los padres vuelvan a tener efecto. El comportamiento de los niños ante una orden siempre debe tener una consecuencia. Si la respuesta es la deseada, la consecuencia deberá ser positiva (un abrazo, un elogio, un gesto de aprobación) y si es la no deseada, negativa. Este proceso llamado «socialización» es lo que permite canalizar el temperamento del niño a través de experiencias que le enseñan a tolerar la frustración, a educarse en el «no» y a entender que la obediencia siempre reporta beneficios mayores que la desobediencia. Conseguiremos con esto, siguiendo el ejemplo con el que empieza el artículo, que nuestro hijo ponga el ticket de la zona azul en el coche, aunque (igual que nos pasa a los adultos) preferiría no tener que hacerlo.

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