26 de febrero de 2020
26.02.2020
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La indefensión aprendida

El óxido en los engranajes de la investigación universitaria

26.02.2020 | 04:15
La indefensión aprendida

The evil seed planted for you (La semilla del mal plantada para ti) The apple tree picked for you (El manzano escogido para ti) Rust never sleeps, Makes you to believe (El óxido nunca duerme, Te hace creer) What do you achieve? Harmony or peace? (¿Qué logras?¿Armonía o paz?) (Neil Young & The Crazy Horse)

No es tan fácil conectar con los jóvenes porque siempre hay un desfase inevitable provocado por el paso del tiempo. Como dice el poema: "nadie es capaz de mirarse dos veces en el mismo charco". Y digo charco y no agua, porque el agua corre, y en el charco en principio se queda estancada, o se evapora. Pero el cambio es siempre relativo y aunque uno se quede inmóvil, cambia el paisaje, cambia el escenario, y eso motiva inexorablemente que nada es igual. Yo, que llevo 26 años en contacto con estudiantes que tienen año tras año 18 años, no me siento para nada desconectado, porque la inteligencia es un campo magnético que orienta a los protones. En cualquier clase hay neutrones y neutrinos, que están ahí para ver pasar el tiempo. También hay electrones que no paran de moverse y no saben canalizar su energía. A todos ellos dirijo mis dardos. Hoy en día se puso de moda el término hiperactividad con déficit de atención, que es más común en chicos que en chicas. Dicen los expertos que las causas son desconocidas, quizás genéticas. Sin embargo, es más probable que la fuente esté cercana, es decir, en el mismo hogar y en los hábitos de familia. Obviamente si la manera de apaciguar a la fiera es ponerlo delante de una tablet o dejarlo ver MazingerZ hasta que se harte, es lógico que el niño termine cagando verde. Es como los perros que emulan a los impresentables de sus dueños. De hecho, muchos de ellos deberían llevar a los dueños atados y con bozal. Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños y unos amigos que viven en Cataluña, siempre en la vanguardia del estado, nos regalaron el libro "Duérmete Niño", el método del Doctor Estivill para educar el sueño. A dormir, como a todo, se aprende, y si te enseñan mal entonces te desquicias. Nunca agradeceremos lo suficiente este regalo que hizo que fuésemos felices durante muchos años –padres e hijos–.

Y obviamente, esto no ha sido una coincidencia porque el método funcionó con nuestros tres hijos, y también hubiese funcionado con nuestros perros, que siempre han tenido claro que formamos parte de la misma manada. Y creo que hubiésemos hecho lo mismo con un grillo, un caracol o un canario. De hecho, mi amigo Bernardo encontró un polluelo recién nacido que se había caído de un nido. Lo alimentó con cariño y lo sacó adelante. El canario hoy vuela libre y siempre vuelve a su hombro como si fuese un loro. El corolario es inmediato, si quieres a alguien tienes que respetarlo y dejarlo volar, crecer, ser uno mismo. No es correcto amar solo aquello que comprendemos, hay que respetar la diversidad que contribuye al respeto. Pues bien, cual sería nuestra sorpresa, cuando años más tarde vimos que se decía que los métodos del Doctor Estivill eran inhumanos. No hay peor cosa que un director sin criterio, y algunos padres no tienen ninguno, y de tenerlo, muchas veces es el contrario del correcto, y generan monstruos, engendros. Con y sin pin parental, el sentido común es el menos común de los sentidos.

Todas estas circunstancias y otras pautas ilógicas que la sociedad impone, originan lo que se denomina el sentimiento de indefensión aprendida, que es la sensación subjetiva de no poder reaccionar ante un problema. Y aunque la situación futura cambie y exista la oportunidad de actuar para cambiar las cosas, entonces la creencia de no poder hacer nada motiva que las personas se mantengan inmóviles como estatuas. Un ejemplo fueron los esclavos de las plantaciones del Mississippi, que cuando los nordistas ganaron la guerra civil y fueron liberados, la mayoría no se fue a ningún lado, y se quedaron en las mismas plantaciones donde habían sido explotados. Es como el burro que permanece atado a una estaca durante años, y aunque la estaca se pudra seguirá atado al suelo mediante un hilo imaginario. Las personas no escapamos de situaciones tóxicas no sólo porque no sepamos, sino porque creemos que no podemos. Y esto se repite y se repite en todos los estamentos. Por ejemplo en la Universidad de Oviedo no se respeta la investigación aunque se diga lo contrario. ¿Y por qué hago esa afirmación? Porque no existe ningún incentivo para que la investigación florezca, sólo unos criterios curriculares punitivos: si no investigas, no progresas. Es una visión negativa. Luego, cuando se trata por ejemplo de obtener desgravaciones docentes para poder dedicar más tiempo a la investigación, se fijan unos criterios que solo benefician a unos pocos, a grandes grupos que publican en ámbitos cuyo impacto es superior al resto de las áreas de conocimiento. ¿Y hacen algo los responsables académicos para remediarlo? Nada, pasarte el BOPA por el morro y decirte: "iluso, no cumples los criterios". Nos piden por ejemplo que publiquemos seis artículos al año en revistas Q1 (es decir, de muy alto impacto) para poder desgravar veinte tristes horas.

Muchas de estas revistas suelen tener cuotas de publicación que rondan los 2.000 dólares. Y henos aquí financiando con dinero público, una investigación que en la mayoría de los casos no genera ninguna innovación, ni desarrollo, tirando el dinero por las ventanas en manos de grupos editoriales que no buscan la diseminación del conocimiento, sino el negocio. Y al mismo tiempo se instauran medidas que promueven el café para todos, sin ninguna métrica de productividad. Este es solo un ejemplo. Todo esto (y la Universidad es una más) genera un sentimiento de indefensión aprendida, y uno termina pensando: "Para el tiempo que estaré en el convento...". ¿Me explico? ¿Cuál es entonces la solución? Dar un corte de manga virtual, haciendo las cosas por el placer del conocimiento, desaprendiendo lo aprendido si esto nos castra, intentando ser felices con lo que somos, con lo que significamos para aquellos que nos respetan como modelo. Y si pese a todo el malestar prosigue, habrá que desenfundar el Tizón o la Colada, tomar manos en el asunto e intentar cambiar las cosas con altruismo y empatía. La insensibilidad es para mí sinónimo de incompetencia, de desinterés, de dejadez, de desidia.

No vale darse por enterado y excusarse, agazapado tras la norma. Hay que ser proactivo e impulsar reformas en beneficio de todos, aplicar el método Sapiens. ¡Sigillum Regiæ Universitatis Ovetensis! Me encanta enseñar a mis alumnos que la herrumbre nunca duerme. Espero que ellos ayuden a limpiar el óxido de los engranajes que chirrían. Siempre seré un caballo loco, aunque no me llame Neil, ni sea precisamente joven.

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