12 de enero de 2020
12.01.2020

¡Todo es mentira!

12.01.2020 | 01:32

Decir eso es posiblemente una mentira; se aproximaría más a la verdad decir que muchas cosas son mentiras. En la sociedad actual predomina el fingimiento. Incluso si está viendo los concursos de la televisión, en muchos de ellos el jurado representa su papel, hace lo que dice el guion, su actuación es parte del programa. Su decisión se había preparado antes de que los concursantes actuaran.
Otro caso es el de los políticos¨; y eso es manifiestamente así entre los líderes sindicales; su lenguaje corporal con frecuencia dice lo contrario de lo que sale por sus labios. Cuando se dirigen a un colectivo, creen que influye en él más que el contenido de las palabras que dicen, el tono de su voz, por ello les gritan, chillan y hacen soflamas incendiarias. Parece que hablaran sin altavoz, y lo tienen.
Incluso la mayoría de nosotros gasta mucho dinero en cambiar nuestra apariencia, en tener una imagen distinta de lo que realmente somos; nos agrada más presentarnos cómo queremos ser; ello va desde el cortado o la tinción de los cabellos, el colorear los labios, hacernos piercings, tatuarnos dibujos, o llegar hasta la cirugía para eliminar arrugas, o hacer crecer las mamas.
Otras veces la verdad causa dolor. Puede serlo si vives en un cuerpo que no te gusta, por ej. si te sientes mujer y tu imagen corporal es la de un hombre, si eres un travesti. Recientemente hubo una campaña publicitaria con autobuses en los que se decía es que con pene eres niño y siempre lo serás; provocó una gran respuesta social porque atentaba contra los derechos de los niños transexuales y favorecía la discriminación y el odio.
En otras ocasiones saber cuál es la verdad no es fácil. Usted qué cree: ¿Es más rico el que más tiene o el que menos necesita?
Puede que mentira sea una palabra demasiado dura, y que quede mejor hablar de fingir o falsear, pero eso sí es frecuente.
Posiblemente no decir la verdad se ve apoyado por el hecho de que lo que más llama la atención es sorprender, ya sabe: importa más que el niño muerda al perro que este lo haga al niño; puede que eso haya favorecido que en nuestra sociedad hayan crecido los fingidores, posiblemente eso y el saber que, aunque mientan no les va a crecer la nariz. No olvide que Pinocho es irreal, es el personaje de un cuento.
También decimos que hay quien cree que por repetir mil veces una mentira la convierte en verdad o esa frase que parece un mantra para determinados periodistas: ¡no permitas que una verdad que arruine una buena noticia!.
En el mundo de las artes los escritores han encontrado un filón, que les permite jugar con la realidad o la verdad y la mentira, es lo que llaman novelas de ficción, y nosotros imaginación, y está muy bien visto. Disfrutamos con ello.
Los anuncios publicitarios a veces simplifican, pero también exageran; les pongo algunos ejemplos que tiene que ver con la política. Hay quien se anuncia de Izquierda Unida, cuando la mayor parte de las ocasiones demuestra que está desunida, o Podemos, cuando sabe que no pueden; también el partido popular que suele agrupar a personas de la clase media hacia arriba.
A veces es difícil decir que es verdad o mentira, pues todo depende del color del cristal con que se mira. No podemos olvidar que nuestra actitud lo condiciona todo. Si vamos por la vida con las gafas oscuras, lo veremos todo negro, y esa será nuestra verdad. Pero también es real que las supersticiones nos acompañan; y una superstición es una creencia que no tiene fundamento racional y que consiste en atribuir carácter mágico o sobrenatural a determinados sucesos o en pensar que determinados hechos proporcionan buena o mala suerte. Hasta al más escéptico le sigue entrando cierto reparo inevitable cuando ve cruzar un gato negro, o al tener que pasar por debajo de una escalera o, si por torpeza derrama un salero sobre el mantel. Si nos cuentan la desgracia de alguien, nos parapetamos tocando madera o cruzamos los dedos para que nuestros deseos se cumplan, y si podemos no nos casamos o viajamos el martes y trece; incluso algunas mujeres se evitan vestir de amarillo pues creen que ello les da mala suerte.
¿Y qué me dice de la magia?, lo que parece ser no es; pero con ella algunos se liberan de esposas, doblan cucharas o en una caja parece que ya les cortan en dos pedazos.
Algunas verdades son muy duras; muertos en una guerra o una catástrofe natural, incluso en peleas juveniles o acciones violentas de pareja. Otras son maravillosas: cuando terminan las guerras, o terminan de pasar los ciclones. En el terreno de lo científico lo es descubrir cosas nuevas, por ej. cómo curar un cáncer o fotografiar un agujero negro. Para muchos las verdades son cosas más simples, por ej. saber que les tocó la lotería, o que cenarán en familia.
Es cierto que en todas las situaciones puede estar presente la mentira. Esta muchas veces se usa para cubrir una realidad.
También hemos inventado la duda, porque no siempre es fácil saber qué es cierto, y ella nos permite vivir sin sacar conclusiones.
Los racionalistas piensan que la verdad llega por el camino de la razón, la mente o la inteligencia. Pero no dudan de que existen los sentimientos o los instintos, aunque no los ubican bien, y a la vez discuten sobre la existencia del alma.
Uno podía preguntarse sí existe la nada. Las palabras: nada y existir, parecen contrapuestas; hay quien duda sí puede ser uno igual a tres, por ej. en el caso del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y se plantean cuantas copias de la Santa Faz se hicieron, si la Verónica trabajo tanto; lo dudan pues parece existir una aquí en Alicante, otra en Jaén y otra en Roma.
Hemos conocido la situación de algunos que se suponen relevantes y que han falseado sus currículos (C.V.); Y lo que es curioso es que han contado con la complicidad de otros a los que se tenía por honestos. Ha sucedido con supuestos masters, e incluso tesis doctorales.
Hay quien miente más que habla, y algunas de sus mentiras son tan grandes como la catedral de Burgos. Son dichos populares que por algo persisten.
También lo es que la realidad con frecuencia supera a la ficción, o también que la imaginación conduce al poder. Pero en la misma línea, debemos saber que se coge antes al mentiroso que al cojo. Posiblemente lo es porque mentir es un lastre. La primera falsedad obliga luego a otras muchas para poder justificarse. Yo le aconsejo que no lo haga, mentir llena su mochila y caminar por la vida con ella será duro. Por otra parte, la verdad tiene un gran valor. Decimos de su poseedor que es sincero, transparente y fiable. Ello supone que vive sin cero, pero no quiere decir que el que miente si tiene un cero.
Sabemos que en general los más altos caminan más rápido, pero para mentir no es preciso serlo, pueden hacerlo los bajitos, o los que tienen la boca pequeña. Y sabe que es frecuente entre nosotros; decimos que el alicantino es borracho y fino, o que la mujer en Loja si no es pu.., es coja, y sí no anda renqueando. Esas mentiras llegan incluso a los países. Sabe que se ha culpado durante siglos a los ingleses de inventar una historia falsa de nuestro país, lo que se llamaba la leyenda negra.
Si será importante la mentira que incluso entre los católicos los que la hacen pecan, pues incumplen un mandamiento de la ley de Dios. Y aún así hay muchos pecadores.
Mentir en el deporte puede ser ir dopado, o respecto a la ciencia médica creer en homeópatias o naturopatias, lo que llamamos pseudociencias.
Los humanos han ideado un aparato para detectar las mentiras, es un polígrafo, recoge ondas que pueden corresponder o no con lo que está diciendo. Ayuda a reconocer las verdades.
Dicen que la verdad te hará libre, pero no siempre es fácil reconocer la verdad. ¿Qué pintamos en este planeta? ¿Podremos viajará a la velocidad de la luz? ¿Existe el cielo?. Hay infinitas preguntas con difícil respuesta. Las religiones han intentado darnos alguna respuestas, también filósofos o pensadores, pero dejamos volar nuestra imaginación, soñamos, y eso puede ser alejarse la realidad. De niños cantábamos: vamos a contar mentiras, por el mar corren las liebres y por los montes las sardinas, y hemos convivido como el ratoncito Pérez, o papá Noel, todos personajes irreales.

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