10 de enero de 2020
10.01.2020

Ante la tensión perpetua

Alabar la democracia cuando se gana es muy sencillo: solo hay que dejarse llevar por la euforia

09.01.2020 | 22:25
Ante la tensión perpetua

Pero cuando un líder político demuestra sus valores democráticos es cuando pierde las elecciones.

Como era de esperar el nuevo Gobierno dirigido por Pedro Sánchez ha sido tachado, incluso antes de comenzar a andar, de ilegítimo e inconstitucional por el líder del Partido Popular, Pablo Casado, que no acaba de encontrar su lugar en la oposición del Congreso de los Diputados, así como por Ciudadanos y Vox que luchan por conseguir el mismo electorado de cara a futuras elecciones.

Lo más reseñable de la sesión de investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno de España fue la actitud bronca y maleducada de la Santa Alianza de la derecha española, es decir, del Partido Popular, Vox y Ciudadanos, actitud premonitoria que deja adivinar qué clase de oposición va a tener en frente el Gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos. Ha recuperado el PP el mismo tono y el mismo argumentario que ya utilizó en el año 2004 cuando José Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones generales. Si entonces el Partido Popular alentó y apoyó la teoría de la conspiración con relación al atentado del 11M como medio para deslegitimar al Gobierno socialista, teoría que se inventó y fue portada de varios medios de comunicación durante años y que aseguraba que el más mortífero atentado de la historia de Europa fue poco menos que ideado por Zapatero, sectores de la policía afines a Rubalcaba y los servicios secretos de Marruecos, en el pasado debate de investidura la derecha española ha retomado esa idea afirmando que el nuevo Gobierno se apoya en etarras y en golpistas lo que vendría a significar que Pedro Sánchez forma parte también del entramado de terroristas y anticonstitucionalistas que pretenden terminar con la gloriosa España del Cid Campeador y Felipe II.

El problema que supone semejante argumento (por llamarlo de alguna manera) es doble. En primer lugar, porque rebaja la vida política al fango de la intolerancia y da carta blanca a los guerracivilistas y a los partidarios de la vuelta al Antiguo Régimen que pretenden extender la idea de que la política en España está dirigida por peligrosos arribistas y que por tanto la única solución para resolver esta peligrosa situación sería modificar la democracia y transformarla en un sistema nuevo en el que todos los españoles caminen de la mano para conseguir una España fuerte. En segundo lugar, porque si se practica en el Congreso de los Diputados la intolerancia y la crispación se transmite a la sociedad española la idea de que la única manera válida de resolver las diferencias y de relacionarse unos con otros es utilizando la agresión verbal, sustituyéndose las buenas costumbres, la educación y el saber estar por la grosería, el insulto y la zaborrería.

Todos los representantes que se sientan en el Congreso de los Diputados lo son de los ciudadanos porque así lo ha querido la Constitución Española y el sistema legal vigente que emana de ella. Cuando se ataca la legitimidad del ya presidente del Gobierno y se le tacha de golpista y filoetarra se está atacando a la propia Constitución que es la que ha posibilitado que Pedro Sánchez y el Gobierno de coalición que va a dirigir se reúna todos los viernes en el Consejo de Ministros. Todo eso nos lleva en realidad a volver a reflexionar, una vez más, a que la derecha española no termina de aceptar las reglas del juego democrático que los españoles nos dimos después de la muerte del dictador Franco y la reinstauración del sistema de libertades que se vio interrumpido con el golpe de Estado de 1936. La derecha no ha logrado salir de ese bucle sin fin en el que se encuentra según el cual cuando las urnas dan el voto mayoritario a un partido de derechas es porque la democracia funciona, pero cuando es un Gobierno de izquierdas el que se hace con el poder es porque ha habido oscuras maniobras que han dado como resultado acuerdos entre separatistas y golpistas que buscan acabar con la monarquía parlamentaria.

Sin embargo, el resultado actual del Congreso de los Diputados depende única y exclusivamente del voto de los españoles que han decidido de manera libre la fragmentación política y el fin del bipartidismo y un político responsable, constitucionalista y amante de su país que proclame su españolidad a los cuatro vientos debe aceptar siempre el resultado de las elecciones. En el debate de investidura pudimos ver a un Pablo Casado desencajado y en ocasiones al borde de la histeria y a una Inés Arrimadas que parece no haber aprendido nada del batacazo electoral que sufrió Ciudadanos. Alabar la democracia cuando se gana es muy sencillo: sólo hay que dejarse llevar por la euforia. Pero cuando un líder político demuestra sus valores democráticos es cuando pierde las elecciones y además no logra formar mayoría gobernar. La mayoría de los partidos que han votado a favor de Pedro Sánchez o se han abstenido facilitando un gobierno progresista, feminista, europeo y ecologista lo han hecho, sobre todo, para impedir que gobierne el PP apoyado en Vox y Ciudadanos.

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