29 de noviembre de 2019
29.11.2019
OPINION
Esperando a Godot

La Alquería Blanca

28.11.2019 | 23:24
Elenco de L'Alqueria Blanca.

En vista de que somos tan dados a conmemorar efemérides, como la semana pasada con el Día Internacional del Retrete, les recordaré una que tuvo lugar tal día como hoy, un 29 de noviembre, pero del año 2013: el cierre de Canal 9. No es un hecho baladí, puesto que en toda Europa un hecho semejante (el cierre de una emisora de televisión pública) sólo ha acaecido en la Comunidad Valenciana y en Grecia.

Claro que la cadena tuvo tiempos mejores, incluso de gloria, podría decirse, siendo el máximo exponente de esa etapa feliz una serie de producción propia y que a todos ustedes al menos les sonará: L'Alqueria Blanca, espacio que se estrenó, en horario de máxima audiencia, el domingo 23 de septiembre de 2007. Esa temporada llegó a tener un share, o cuota de pantalla, del 15'1%. Además, en sus siete años de emisión ininterrumpida, llegó a alcanzar porcentajes del 22'9% y nunca bajó de una audiencia media del 15%.

L'Alqueria Blanca se emitía con una frecuencia semanal y fue rodada en los estudios de Ciudad de la Luz, en Alicante, y en la Colonia Santa Eulalia, cerca de Villena. La teleserie recreaba la vida de un pueblo valenciano de los años sesenta del siglo pasado y tenía como tema principal la historia de amor que nació entre dos jóvenes de familias enfrentadas. Poco más les puedo contar porque, a diferencia de un gran número de valencianos, jamás presencié un solo episodio del serial. Perdonen mi petulancia, pero para historias de amores imposibles entre miembros de familias enfrentadas, prefiero la de Romeo y Julieta y los Capuleto y los Montesco. En todo caso, tirando de Google, sí les puedo recordar que su director fue Santiago Fumarola, el coordinador del guion Tirso Calero, y sus principales intérpretes Remedios Cervantes, Juan Gea, Guillermo Montesinos y Joan Gadea.

En cualquier caso, la tesis que hoy quiero plantearles no es sobre sus gustos televisivos, o los míos, sino sobre los motivos que llevaron a la debacle de Canal 9 e incluso más allá, a una reflexión sobre la necesidad de la propia existencia de televisiones públicas en todas y cada una de las Comunidades Autónomas (TV3, ETB, TVG, TeleMadrid, Canal Sur, TV Canaria, TV Castilla La Mancha, IB3, Canal Extremadura, Aragón TV, 7 Región de Murcia?).

Para ilustrar esa tesis, el caso de Canal 9 es paradigmático. Su creación se remonta al año 1989. Por aquel entonces gobernaba la Comunidad Valenciana el PSPV con una cómoda mayoría. Las cifras de audiencia del primer año de funcionamiento de la cadena fueron modestas (5'30%), si bien es cierto que el inicio de las emisiones se produjo el nueve de octubre de ese año. A partir del año siguiente, ese share se mantuvo en guarismos en torno al 20%, independientemente del partido que gobernara, puesto que, a partir del 1995, con la irrupción del PP de Eduardo Zaplana, los datos de audiencia siguieron moviéndose en ese entorno.

Sin embargo, a partir de 2002, cuando la cuota de pantalla aún fue de un 20'60%, comienza un acusado descenso que lleva a la televisión autonómica valenciana a cifras de un 11'90% en 2010, 8'10% en 2011, 7'90% en 2012 y un 4'60% el año de su cierre, cifra inferior incluso a la del año en que comenzó su andadura (recordemos que aquel año sólo emitió durante tres meses).

Pero esa caída de las audiencias no se circunscribió a Canal 9. Si comparamos sus datos con los de otras televisiones autonómicas en el mismo lapso de tiempo, podremos comprobar que la audiencia de TV3 (la televisión autonómica catalana) era del 29'5% en 1997, pero del 15'0% en 2013; en el caso de TeleMadrid, el descenso fue aún más acusado, pasando del 19'8% al 3'4% en el mismo periodo. No voy a abundar en los particulares del resto de las televisiones públicas autonómicas por no abrumarles con más cifras, pero todos los casos vienen a ser muy similares.

Es obvio que el paradigma en el negocio de la televisión ha cambiado de una forma enorme desde 1989 hasta ahora; las plataformas digitales de pago, la televisión a la carta y los contenidos online han trasformado el panorama televisivo de una manera palmaria. Hoy en día un ocho por ciento de cuota de pantalla puede ser considerado un éxito. Pero también es evidente que el fracaso de las televisiones públicas autonómicas no se debe sólo a un cambio de modelo, sino también a la constatación por parte de la audiencia de que son instrumentos de manipulación puestos al servicio del partido político que gobierna en cada momento.

No voy a criticar la nueva televisión pública valenciana, À Punt, porque no me parece coherente denostar un producto que uno mismo no ha consumido jamás. Sin embargo, sí les diré que, en mi modesta opinión, las televisiones públicas, todas en general, han perdido su razón de ser y su erradicación supondría un importante ahorro para las arcas públicas y un ejercicio de coherencia y transparencia por parte de los partidos políticos.

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