15 de octubre de 2019
15.10.2019
Opinión

Un mes de la DANA

14.10.2019 | 23:10
Un mes de la DANA

Se cumple un mes desde que nos correspondió asumir que, en algunas ocasiones, somos meras hojas que lleva el viento. Son esas terribles ocasiones en las que la maravillosa naturaleza muestra su fuerza bruta y descontrolada con capacidad para una gran devastación y transformar en desierto, ruina y desgracia lo que hasta entonces era fertilidad, armonía y porvenir. Vivimos en un lugar privilegiado del planeta. Con una generosa huerta, situada entre montañas alargadas y atravesada por un río que discurre muy lentamente en busca del mar.

Nuestro idílico escenario acostumbra a mostrarse como un precioso lugar donde luce el sol y las gentes del campo laborean en un clima primaveral casi todo el año, mientras otros transitan a lo largo y ancho de la Vega para trabajar en fábricas, hospitales, comercios...

Pero no siempre es así. A veces el cielo se cubre de nubes grises y negras, cargadas de tanta agua que la tierra no soporta. Los que tenemos una cierta edad hemos conocido otras riadas, aunque no fueron tan salvajes. Nuestros hijos ya han visto una y nuestros padres también vivieron otras, y nuestros abuelos, así como los padres de estos... hasta el origen. ¿Quién asegura hoy que no vuelva a suceder algo parecido en los próximos años?

A través de las imágenes éramos conscientes de la gran magnitud de lo ocurrido. Pudimos comprobar que esto no era la típica gota fría a la que estábamos acostumbrados. Era «otra cosa». 500 litros por metro cuadrado en dos tandas separadas por unas horas. Nada que ver con 2016 ni 1987. La historia nos ha venido dando cuenta de las anteriores visitas de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Si nos referimos a inundaciones, todavía se recuerda la de Santa Teresa, el 15 de octubre de 1879 (se cumplen 140 años); por San Andrés, el 30 de noviembre de 1916; la acaecida del 21 al 24 de abril de 1946, la del 4 de noviembre de 1987, y 18 de diciembre de 2016.

En cuanto a terremotos, no olvidemos que estamos situados en zona de alto riesgo: en 1048 (destruyó la mezquita); en 1480, 1673, 1748 (se vino abajo la capilla de Monserrate). El más reciente, el de 1829 con honda repercusión en la Vega dejando casi 400 víctimas.

Sin embargo, tal y como pasa con los accidentes, casi todos pensamos que ese tipo de cosas a nosotros no nos van a ocurrir nunca; pero, sin embargo, suceden. Y, el resultado, es desolador. Hay personas que de un día para otro pierden su futuro al quedarse sin hogar, empresa y/o trabajo... Sin mañana.

Durante la DANA y los días posteriores pudimos conocer a gente que daba todo lo que podía, incluso la vida si era preciso. Gracias a todos, tanto a los que tienen nombre y apellidos, como a los que no ha trascendido su identidad y su historia. El presidente Puig habló de un Plan Marshall. Pues mañana es tarde. Porque, además de las primeras ayudas de emergencia necesarias para cubrir las necesidades básicas, precisamos de la recuperación de empresas y comercios y la implantación de otros nuevos para dar trabajo. También que se realicen las infraestructuras hidráulicas, de transporte y de movilidad para nuestro desarrollo.

No debemos olvidar que los que hemos sufrido esta horrible experiencia somos víctimas, y no culpables. Y necesitamos, mejor, exigimos que se nos ayude a salir de esta horrible situación. Queremos un Plan Marshall y no un Bienvenido Míster Marshall. Somos un gran pueblo y una gran comarca, y tenemos que demostrarlo. Siempre ha sido así. No cabe otra salida que ponernos a reconstruir y recuperar lo perdido. Con la suficiente energía como para sobresalir pronto por encima de los demás. Eso es lo que nos hace diferentes y nos hace sentirnos orgullosos.

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