29 de septiembre de 2019
29.09.2019

Alquiler de vientres

28.09.2019 | 20:25
Alquiler de vientres

Si algo ha marcado la agenda social estos meses ha sido el feminismo. Como movimiento social imparable, el feminismo está de moda, y eso siempre es una buena noticia. Más de la mitad de la población está discriminada por ser mujer y se impone la necesidad de tomar medidas contra el sistema de injusticia e indignidad patriarcal. 

Hemos visto en pocas semanas cómo se ha declarado la emergencia feminista ante el insoportable nivel de violencia que sufren ellas: asesinatos, parricidios, violaciones colectivas o individuales, pero también hemos asistido a un posicionamiento masivo en contra de la explotación sexual, esto es, la prostitución, como máxima económica de un sistema que considera a las mujeres y niñas como objetos de compraventa y no como sujetos de derechos. La prueba de esta cosificación la daba la edil del PSPV-PSOE,  Llanos Cano, en el pleno municipal de esta semana en la que defendió que «si consideramos un trabajo la prostitución deberían introducirse cupos en los burdeles para personas con discapacidad, tal y como establecen las leyes». Una ironía que pilló todo el mundo excepto algunos periodistas, a juzgar por los titulares.  

Nadie -que esté en su sano juicio- discute que el feminismo es el único camino posible hacia la igualdad entre mujeres y hombres, así como tampoco se discute que la lucha feminista contribuye a construir un mundo mejor. Que el reconocimiento del derecho a la igualdad mejora el bienestar de ellas, las mujeres primero, pero que después repercute en los derechos de toda la sociedad porque la enriquece.

Nunca ha sido tan importante como ahora decir un claro no a la explotación reproductiva que pretenden imponer ideológicamente desde algunas formaciones políticas autodenominadas liberales. Alquilar vientres en ningún caso es legítimo, y traficar con el resultado de la gestación materna es y debe ser considerado como lo que es, un delito. Utilizar al movimiento LGTBI como si esto fuera una causa de nuestra lucha es un insulto a las personas que se han matado, en algunos casos literalmente, para conseguir que hoy podamos hablar de igualdad de oportunidades sin sentir miedo. 

Cristina Cabedo, la diputada autonómica de Podem que llevó -y consiguió aprobar- la iniciativa contra el alquiler de vientres al pleno de les Corts ha recogido un magnífico resultado en la defensa de los Derechos Humanos. Ha puesto al parlamento valenciano en la cima del respeto a la dignidad e igualdad de las mujeres. Y eso construye territorios con bases tan sólidas como indiscutibles, los derechos fundamentales.

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