30 de agosto de 2019
30.08.2019

La vuelta al cole

30.08.2019 | 00:40
La vuelta al cole

A esos padres y madres preocupados por el inicio del curso en un instituto, les diría que sigan educando el corazón de sus criaturas, que estén vigilantes de su trabajo en los centros educativos

Con el final del verano media España está de fiesta. No hay pequeños municipios, pedanías o parroquias que no celebren su fiesta mayor antes de que finalice el mes de agosto, poco importa que coincida con la onomástica de la santa, el santo, profeta o virgen homenajeada. Buena parte de esta tradición surge allá por los años 70 coincidiendo con la marcha de las primeras familias españolas a la vendimia francesa. La incorporación al trabajo en el país vecino a primeros de septiembre obligaba al desplazamiento, a veces de la mitad, de los vecinos de una localidad. Esto dio motivos a párrocos y al resto de los vecinos, que con buen criterio y con el fin de que todos disfrutarán de sus fiestas locales, a modificar las fechas de tales celebraciones. Finalizadas las fiestas patronales, mientras familias enteras trabajaban la tierra francesa durante 18 y 24 días, otros, los que quedaban en el pueblo, daban por finalizado el verano y daban la bienvenida al otoño temprano con los primeros días de septiembre.

La vendimia en el país galo que sigue siendo una actividad importante para muchos españoles, no han conseguido ocultar, ni enmascarar que el final de las fiestas locales, el final de agosto y el principio del mes de septiembre han sido y serán siendo, por excelencia, sinónimos de «la vuelta al cole». En breve, el extraño silencio inquietante que inunda los centros educativos se verá interrumpido por el griterío, las risas y los suspiros de miles de estudiantes de vuelta a sus rutinas invernales. En la etapa obligatoria del sistema educativo español, para nuestros retoños, el inicio de un nuevo curso traerá consigo cambios importantes con respecto al cursos pasado; unos abandonarán infantil para ocupar aulas de primaria, otros cambiaran de ciclo y otros avanzaran de etapa, de primaria a secundaria.

Todos los cambios suelen ser inquietantes, por el desconocimiento que conllevan, cambios que no solo suponen un quebradero de cabeza para niños, niñas y adolescentes; sino que muchas veces son los padres los que andan sumidos en un aura de preocupación por el nuevo camino que deben iniciar sus hijos e hijas. Es evidente que cada uno lleva sus pesares como buenamente puede, pero desde mi modesta opinión, al cambio que más quita el sueño a buena parte de padres y madres es el cambio de primaria a secundaría, del colegio al instituto. En sus cabezas todavía resuena la ultima y primera reunión que a finales de junio tuvieron con los equipos directivos de los institutos a los que están adscritos sus todavía niños y niñas. Es difícil olvidar el calor sofocante de aquella reunión multitudinaria en el salón de actos, donde los directores y jefes de estudios se afanaban en dar la bienvenida a los padres del nuevo alumnado, al tiempo que los bombardeaban con una serie de normas, reglamentos internos, obligaciones, nuevas dinámicas educacionales, amonestaciones, faltas leves, graves, exámenes? y todo regado, a veces en exceso, con términos como acoso escolar, saltar tapias, falsificar notas, mal uso del teléfono, violencia de género, robos y otras dinámicas que creíamos alejadas de nuestras criaturas. La secundaria obligatoria es otra etapa muy importante en el desarrollo emocional y educacional de nuestros hijos. Pero quizás esta tenga algo más de trascendencia. Llevamos a nuestro pequeños a un instituto preparándoles el bocadillo y acompañándolos todavía a la cama, y acabarán este periodo educativo siendo ya mujeres y hombres, casi adultos, con planes de futuro, que llegarán a casa con la pizza bajo el brazo y nos llamarán despertándonos del sueño en un sofá donde mal durmiendo esperábamos su vuelta a casa.

Decía Aristóteles que: «Educar la mente sin educar el corazón no es educación en absoluto». Humildemente a esos padres y madres preocupados por el inicio del curso en un instituto, les diría que sigan educando el corazón de sus criaturas, que estén vigilantes de su trabajo en los centros educativos, que conozcan y confíen en los profesionales de la educación y que no olviden que al igual que el paso del tiempo es inevitable, también lo es para nuestros pequeños y que el cumplir años lleva aparejado el tener que enfrentarse a nuevas encrucijadas, a nuevos retos; retos que tendrán que superar con sus propios criterios, con su educación.

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