12 de agosto de 2019
12.08.2019
El feminismo de las cosas

Low

11.08.2019 | 20:05
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Finalmente iremos. El invierno ha sido muy duro, el verano está siendo muy caluroso y las dificultades de la vida han llegado para quedarse. Lo merecemos. Intercambiamos mensajes sobre cuestiones logísticas y preferencias de cartel, y del chat brotan cual esquejes conversaciones paralelas sobre asuntos de enorme importancia, como la receta de la ensalada de avena o la nota de corte de Medicina del próximo curso. Operaciones de menisco y cremas solares. Y desde el subsuelo cerebral, aflorando con formas de emoticonos de olas, besitos, delfines y flamencas, la emoción primigenia de los planes de chicas? ¡Ay! Las amigas. Qué fortuna. Qué capacidad para aligerar un momento denso y hacer digerible un día aciago. Fuente de inspiración, por su ejemplo y contraejemplo, que no está pagado lo que aprendemos de los errores de las amigas. Qué generosidad sus consejos. Qué fiereza en la defensa de la libertad, a menudo excesiva, y siempre terapéutica, en el uso de la palabra. Cuéntame. Tenemos que hablar. Necesito hablar. No cabe la menor duda: fue un grupo de amigas las que inventaron el coaching y el mentoring y todas esas herramientas para el crecimiento personal que no son otra cosa que artilugios para llevar la vida adelante. Benditas sean las amigas.

Los estudios sobre la heterosociabilidad otorgan una clara ventaja a las niñas respecto de los niños varones en la emergencia de las relaciones de amistad más íntimas. Sabemos que, en general, sea por el sistema de socialización o por selección natural, las relaciones de amistad más profundas se inician entre personas del mismo sexo. Chicas con chicas, chicos con chicos. Entre las chicas, el fenómeno de la mejor o buena amiga emerge antes en el tiempo que entre los chicos. Esta privilegiada relación es una fuente de aprendizaje temprano de las destrezas y emociones propias de una relación diádica, como la complicidad, el sentimiento de apoyo incondicional o el dolor por el abandono. Sus compañeros varones suelen iniciarse en las relaciones de amistad en grupos amplios, donde se comparten actividades y escasas confidencias, de manera que otras formas de intimidad que consideraríamos más profundas aparecen más tarde. Quizá debido a esa mayor destreza femenina en las cuestiones personales, son mayoría los chicos que prefieren compartir con una amiga sus confidencias. Lo que también podría explicar que usuarios de ambos sexos prefieran una voz femenina en una máquina que está diseñada para ayudar a las personas. Y es que está claramente establecido que la escucha activa y el consuelo son elementos más recurrentes en las relaciones de amistad de las chicas. La evidencia empírica sobre esta cuestión se extiende a lo largo y ancho de las relaciones personales: madre e hija, hermanas, primas, compañeras de trabajo?

En contraste, nuestro sistema de creencias insiste en difundir la idea de que las mujeres somos nuestras peores enemigas. Que nuestras relaciones son conflictivas. Para ganar eficacia, nuestro sistema de creencias pone el acento en los errores y resalta los casos que confirman el estereotipo. Nos inunda de relatos en los que dos mujeres se matan entre ellas. Y llama fracaso a lo que es riesgo. Y dificultad a la complejidad. Cuando sabemos que solo hay intimidad si hay riesgo y que ningún ser humano es sencillo en su intimidad. Como igualmente sabemos que el silencio puede herir más que las palabras. Y que es la relación de poder la que marca la diferencia, y no el tono de voz. Y que solo puede haber traición cuando ha habido confianza. Y, por supuesto, sabemos que nacer mujer no determina un mayor desarrollo moral. Y que hay mujeres machistas. Y mujeres malas personas. Claro que sí. Pero decir que las mujeres somos las peores enemigas de las mujeres no solo es un oxímoron, es una estupidez que no resiste ninguna evidencia. Ni la empírica, ni la mera observación. Y si no, paseen y vean. Están por todas partes. Riendo. Hablando. Llorando. Bailando. Aburriéndose juntas. Soportando el dolor. Cantando a gritos en un concierto. Remando. Cosiendo. Jugando a las cartas. Empujando la vida.

Iremos al Low. Y para las que no puedan ir prepararemos una lista de Spoty y un surtido de selfies. Y ya os contamos. Feliz agosto, chicas.

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