28 de junio de 2019
28.06.2019
Tribuna

Patrimonio de la Humanidad olvidado y falto de reconocimiento

27.06.2019 | 21:28
Patrimonio de la Humanidad olvidado y falto de reconocimiento

En la región climática del Sureste Ibérico se han prodigado iniciativas diversas para resolver o, al menos, paliar los efectos de precipitaciones parvas, irregulares e intensas, con las manifestaciones extremas de prolongadas sequías y esporádicos diluvios. Las carencias hídricas han sido siempre particularmente graves y acuciantes en los regadíos deficitarios tradicionales, articulados sobre los ríos-rambla. De ahí que estos campos regados buscaran tempranamente el incremento de los recursos hídricos: las peticiones de trasvases, desde el otoño de la Edad Media, precedieron en el tiempo a las decisiones sobre construcción de pantanos; sin embargo, aquellos, estorbados por inconvenientes insuperables, no fueron realidad sino en el siglo XX, mientras los grandes reservorios para riego (Almansa, 1587; Tibi, 1593) se realizaron ya en el quinientos. Menudearon en el Sureste Ibérico propuestas de este tipo para regular los ríos-ramblas, ejecutándose un admirable conjunto de presas entre los siglos XVI y XIX, con notorias mejoras y avances técnicos. Este progreso fue posible por la adición a la experiencia y espíritu innovador de inteligentes maestros de obras y técnicos locales de las aportaciones de arquitectos e ingenieros al servicio de la monarquía española, punteros en cálculo de estructuras, composición de fuerzas y resistencia de materiales. Resultó así posible la realización de reservorios colosales para la época, con diseños calificados, justamente, de revolucionarios, de planta curva y dique escalonado o en talud aguas abajo. Sin perjuicio de algunas incógnitas a despejar, esta serie de presas cuentan, afortunadamente, con excelente bibliografía, nutrida de estudios bien solventes.

Según algunos tratadistas, el estudio comparado de las presas de Tibi (1593), Elche (1632) y Relleu (circa 1690) atestiguaría un extraordinario progreso, que sintetizan como el paso de la presa de gravedad arco a la bóveda, con el intermedio de la de arco-bóveda; esquema, sin duda, muy atractivo, aunque quizá requiera de mayor precisión y alguna revisión. Con todo, el pantano prototípico, modelo a imitar, fue, hasta el último cuarto del setecientos, Tibi. Cuando en 1611 el Concejo de Lorca pretende levantar una presa en el estrecho de Puentes, el acta capitular habla literalmente, de «una obra hecha al estilo de Alicante», y en términos semejantes se expresa la Real Cédula de 11 de febrero de 1785 que dispuso la disolución de la Real Compañía del Canal de Murcia, y «en otra a construir dentro del término de la ciudad de Lorca dos pantanos a imitación del de Alicante ...».

Los pantanos de Puentes (1785-1791), sobre el Guadalentín, y de Valdeinfierno (1785-1788), en el Luchena, corriente madre de aquel, marcan hito de primer orden en la historia hidráulica europea, no solo como antecedente obligado de las grandes presas actuales, sino por la introducción del concepto de hiperembalse y del esquema embalse (Valdeinfierno) - contraembalse (Puentes). En relación con Tibi (3,7 hm3), el mayor de los reservorios existentes hasta entonces, las capacidades proyectadas para Valdeinfierno y Puentes subían a 29,5 y 52,0 hm3; un vaso superior al de esta segunda presa de Puentes no se cerró en España hasta 1912, con el de Guadalcacín (93 hm3). El 30 de abril de 1802, la ruina de Puentes causaba el mayor desastre de la historia hidráulica española; esta catástrofe fue rica en consecuencias de signo vario: una, casi inmediata, la creación de los Estudios de la Inspección General de Caminos, denominada poco después Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales. Contaría asimismo mucho el desastre en la polémica internacional, centrada en París, sobre la utilidad y riesgo de los pantanos; en España dicha controversia periclitó con la construcción de la tercera presa de Puentes (1881-1885), auténtico desafío para los ingenieros hidráulicos españoles en la segunda mitad del siglo XIX, con redacción de proyectos por los más destacados. En el estrecho de Puentes quedó comprometido el futuro de las grandes presas, y allí mismo se abrió paso gracias a esta tercera presa de Puentes (36 hm3), la mayor de las existentes para riego en España a comienzos del siglo XX.

Muy en síntesis, la situación actual de las mencionadas presas es la siguiente: enteramente aterradas, Elche y Relleu; casi otro tanto, convertida en espectacular tarajal, la recrecida de Valdeinfierno; muy menguada su capacidad originaria, fuera de servicio y reemplazada por una cuarta el año 2000, la tercera presa de Puentes; y, por último, disminuidos sus vasos por entarquinamiento, aún en funcionamiento las dos más antiguas, Almansa (1587) y Tibi (1593). Por su entidad, singularidad y celebridad histórica, este conjunto de pantanos, auténtico Patrimonio de la Humanidad, habría de ser objeto del oportuno expediente para instar esa declaración. Mientras tanto debieran recibir máxima protección administrativa, como monumentos históricos nacionales, prestando especial atención a su mantenimiento y conservación, con mejora de accesos e instalación, en cada uno, de cuidadas cartelas informativas sobre sus características técnicas y diacronía. Se lograría así que este inestimable legado histórico, capítulo brillantísimo de la historia hidráulica europea, saliera del olvido y tuviera las notoriedades local, nacional e internacional correspondientes; de las que hoy, por desgracia, carece.

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