12 de junio de 2019
12.06.2019

La pornografía, ¿un síntoma de nuestra sociedad actual?

11.06.2019 | 22:24
La pornografía, ¿un síntoma de nuestra sociedad actual?

Las grandes transformaciones acaecidas en la sociedad en los últimos cincuenta años, han llevado consigo importantes cambios en la modalidad de los vínculos, especialmente en los amorosos o sexuales, lo cual ha sido evidenciado tanto por las investigaciones científicas como por la práctica clínica. Tal es así que el investigador británico Simón Foster, acuñó el término «Pornograficación» de la Sociedad para denominar el fenómeno según el cual, en la actualidad, la pornografía se ha convertido en la principal fuente de educación sexual de los hombres de entre 18 y 25 años.

Aunque más o menos latente, la sexualidad siempre aparece detrás de cualquier consulta de psicoterapia. Si hasta hace un tiempo la demanda venía orientada en función de la pregunta por cómo posicionarse en el encuentro con otros en un mundo sexualizado, en los últimos diez años -desde que las nuevas tecnologías entraron en los vínculos sociales de un modo tal que los conmovieron profundamente- se constata que el sujeto se presenta desorientado en cuanto a esta. Un fenómeno que muchas veces se ve ampliado a otras generaciones.

Claramente son muchos los cambios que trae consigo la revolución digital, desde la inmediatez del encuentro de contenidos e incluso de desconocidos en la red hasta la publicación de todo tipo de información sin censura, incluyendo la vida privada. Todo suma a que haya cambiado la demanda que traen a la consulta con el psicólogo los llamados Millennials o Generación Y -jóvenes de aproximadamente entre 26 y 38 años hoy-.

Si la llamada Generación X -personas de actualmente entre 39 y 50 años aproximadamente- llegaba preguntándose, a grandes rasgos, cómo poner en forma el propio síntoma para el encuentro con un partenaire (pareja sexual), los jóvenes de hoy nos muestran que el encuentro con los otros está casi siempre mediatizado por los tiempos de las pantallas.

En la clínica puede constatarse que son muchos los hombres jóvenes que se preguntan cómo hacer en un encuentro sexual real, cuando la única experiencia -o al menos la experiencia primigenia y muchas veces mayoritaria- es la del propio cuerpo con la pornografía. Aunque cada vez más, sabemos que la pornografía también cumple una función en la población femenina, en todos los casos, la experiencia nos muestra que la elisión (o supresión) del amor en el encuentro del sujeto con la sexualidad tiene efectos devastadores.

Si a esto le sumamos que en algunos casos lo que se elide es el cuerpo del otro, se hace necesario entonces un recorrido que permita a cada uno hacer este pasaje singular de la imagen de la pantalla a la imagen de un otro real, y el desplazamiento libidinal necesario del cuerpo propio al cuerpo de un partenaire. Este pasaje de una sexualidad autoerótica a un verdadero encuentro donde el otro también cuenta, muchas veces requiere de un análisis para hacerse posible en los Millennials, quienes nos ponen en la pista de un síntoma cada vez más contemporáneo.

Allí donde «el encuentro» era natural y necesario para llevar a cabo cualquier tipo de práctica -desde un juego de niños hasta importantes reuniones de altos ejecutivos-, hoy con las nuevas tecnologías ha quedado obsoleto. Los efectos que esto causa en los más jóvenes, que no tienen un registro anterior, puede variar en múltiples formas, muchas veces desconocidas, dependiendo de los elementos estructurales y simbólicos con que cuente el sujeto para amortiguar sus efectos.

Como en el caso de la Generación Z -nuevas generaciones de hasta 25 años- quienes dan muestra, en gran variedad de contextos, de que a mayor facilidad del encuentro con facilitadores, desinhibidores o contenidos sexuales variados sin ningún tipo de limitaciones, existe una mayor dificultad para acceder a algún tipo de encuentro sexual más o menos cuidado, que permita acercarse a una sexualidad más satisfactoria, en el sentido de un «saber hacer» a través de la experiencia de la buena manera.

En este sentido, el gran desconcierto que presentan no sólo los propios sujetos sino también los padres a veces no va acompañado de la orientación profesional adecuada en las instituciones educativas, que en muchas ocasiones no están preparadas para responder a la actualidad de las nuevas prácticas de relación. Entendidas estas como un problema y la consecuente tendencia a encontrar protocolos de actuación para neutralizarlas, se advierte la necesidad de tender puentes en torno a cómo orientar a los púberes en cuanto a nuevas formas de encuentro con la sexualidad.

Por consiguiente, resulta necesario plantear estos nuevos fenómenos sociales como un «síntoma de nuestra sociedad actual», más que interpretarlos como un trastorno, lo cual plantea el desafío de comprender «la función» que cumple para los más jóvenes, así como quienes hemos vivido esta transición hoy debemos revisar nuestra posición frente a nuevas realidades. Esto nos permitiría tanto a padres, como a docentes, profesores o agentes de salud, aprehender «nuevas formas de uso» de los objetos de consumo y «leer las nuevas modalidades sintomáticas en clave de actualidad», con el objeto de crear espacios comunes e inventar nuevas fórmulas para hacer del síntoma algo vivible y en lo posible encontrar su utilidad en cada caso particular.

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