23 de mayo de 2019
23.05.2019
La pluma y el diván

Civilitas VII

23.05.2019 | 00:02
Civilitas VII

Ha dado comienzo, con mucho más esplendor esperpéntico de lo esperado, la XIII Legislatura en el Parlamento hispano-catalán, o por lo menos eso parece. No sé si en este caso el número trece nos va a traer mal fario, aunque podemos pensar que más pésimamente de lo que nos está yendo sería complicado, pero siguiendo la muy popular ley de Murphy, siempre puede ir a peor.

El protagonismo sigue siendo un deporte nacional y en el Congreso no puede ser de otra manera. Las nuevas señorías comienzan la sesión peleándose por los lugares más emblemáticos. Diputados a la carrera pillando sillones para que se les vea bien. Los representantes de Vox detrás de nuestro insigne presidente en funciones. Y a los separatistas catalanes les guardan el sitio en primera fila. Aparecen, por supuesto, con algún que otro distintivo amarillo para que no falte la provocación.

No nos puede caber ninguna duda de que estamos en una democracia. El pueblo habla en las urnas y puede elegir a sus representantes con independencia de que estén en prisión preventiva, que no acaten la Constitución o que estén fugados de la justicia. Estaría bien reconocer, por coherencia democrática, que en España no hay presos políticos desde la finalización de la dictadura, pero quizás este extremo sea difícil de entender para quienes piensan que ir en contra de la ley de leyes es tan legítimo como depositar un voto.

Uno de los momentos estelares fue, sin duda, cuando se estrechan la mano el señor Oriol y el señor Sánchez. No sería un gesto extraño si el presidente en funciones hubiera hecho lo propio con todos los diputados entrantes o, como mínimo, con todos los que encabezan un grupo parlamentario, cosa que no sucedió. Pero esta camaradería se vuelve más criticable cuando se estrechan la mano por segunda vez acompañada de un cruce de palabras significativo, con un ¿cómo estás? o un tenemos que hablar. Al final mandan las minorías, como siempre en este país.

Después el circo congresual continuó con su esperpento usual, bufonadas, pataleos, aglomeraciones innecesarias y chascarrillos de colegio. El hemiciclo lleno de diputados, algo insólito. La mayoría jugueteando con sus teléfonos móviles de primera generación que le suministramos todos los españoles para su trabajo, comentando anécdotas con sus amigos y echándose unas risas, lo habitual.

Y ahora que nos digan que vayamos a votar el domingo a la siguiente tanda de representantes, para que los circos se multipliquen de forma exponencial. Hay que reconocer que los ciudadanos españoles, incluyo a los separatistas, tenemos unas tragaderas kilométricas, baja ideología y estupidez endémica.

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