18 de mayo de 2019
18.05.2019
Nuestro mundo es el mundo

Sánchez juega fuerte: ¡Desinflamación!

La apuesta Iceta y luego la de Meritxell Batet para el Congreso y Manuel Cruz para el Senado es un firme mensaje al independentismo

18.05.2019 | 00:44
Sánchez juega fuerte: ¡Desinflamación!

Uno de los activos (no siempre reconocido) de Pedro Sánchez, desde antes de llegar a la Moncloa, ha sido su actitud respecto a Cataluña. Respaldó a Rajoy en la aplicación del 155 cuando el independentismo decidió saltarse las normas del Estado de Derecho, la Constitución y el Estatut. No había otra opción.

Luego su política ha estado marcada por una reflexión sensata. Cuando la desafección de Cataluña respecto a España ha hecho que en dos elecciones autonómicas (2015 y 2017) el secesionismo haya merecido la confianza del 47% de los catalanes, España está ante un problema grave que no se puede resolver con fórmulas simples. Y que requerirá tiempo. Recurrir a la mano dura (otro 155 pero más largo), como proponen el PP y Cs, sería ineficaz –e incluso podría ser contraproducente– porque el problema no son los dirigentes (hoy en el Supremo o en Waterloo) sino lo que siente el 47% de los catalanes. Es el «soft power» no el «hard power» el que cambia las mentalidades.

Pero negociar con los independentistas desde sus premisas –poniendo en paréntesis la Constitución o pactando un referéndum de autodeterminación– ni es posible ni menos la solución. No sólo porque es difícil en el marco de la Constitución sino porque los referendos para decidir cuestiones que parten a una sociedad en dos mitades sólo ahondan la división y no arreglan el problema. Es lo que pasa en Cataluña, donde las sucesivas elecciones y las encuestas del CEO de la Generalitat excluyen que pudiera haber un resultado inapelable (más del 60%) en uno u otro sentido. Se ha visto ya en Escocia, donde el no ganó de forma bastante clara en el 2014 y ya pide otro referéndum. Y en Gran Bretaña, donde el Brexit ganó con el 52% hace tres años y luego se ha visto que la salida de la UE es un tema en exceso complejo para ejecutarla sin una mayoría muy fuerte (porque tendría graves efectos negativos) y donde quizás se tenga que volver a hacer otro referendo.

El referéndum en Cataluña no arreglaría nada (porque la sociedad está partida) y quizás los perdedores no tardarían en exigir otro referéndum.

La mano dura no sirve. La cesión a los secesionistas (como de forma parcial plantea Podemos), tampoco. Lo único razonable es mantener el diálogo con los secesionistas, que mientras ganen las elecciones y no violen la ley tienen derecho a gobernar (los desplantes de Torra o Puigdemont son otra cosa), y al mismo tiempo a través de la desinflamación intentar encontrar no una salida sino un camino que pueda acotar y reducir el conflicto con la aquiescencia de la sociedad catalana y española. No es fácil, pero no hay otra vía. El 47% de catalanes es mucho para ser ninguneado, pero también muy insuficiente para imponer su voluntad minoritaria.

La desinflamación la persiguió Pedro Sánchez, con resultados mediocres aunque no nulos, la pasada legislatura. La prueba es que el PSOE pasó de 84 a 123 escaños pese a la campaña de PP y Cs, que decían que se había rendido a los separatistas y que era una urgencia nacional echarlo de la Moncloa. Y el PSC subió también en Cataluña ya que pasó de 7 a 12 escaños y con el 23,2% de los votos, pisando los talones al 24,5% de ERC que ganó las elecciones en Cataluña.

Respaldado por estos resultados, Sánchez ha propuesto esta semana a Miquel Iceta, el líder del PSC, para presidir el Senado, la cámara territorial, que es un órgano adecuado para negociar y avanzar en el autogobierno. La reacción de algunos medios de derecha fue decir que, con Iceta, Sánchez estaba dando un pago por anticipado a los separatistas. Pero esta tesis ha quedado no ya desmentida sino ridiculizada con la reacción de ERC, que ha vetado en el Parlamento catalán el nombramiento de Iceta como senador haciendo caso omiso de todos los usos y costumbres parlamentarios.

El mensaje de ERC es claro. La negociación no debe hacerse en el Senado ni en las instituciones españolas sino de forma bipartita entre el gobierno de la Generalitat y el del Estado (se acuerdan del famoso «relator») y se debería llegar a pactos con independencia de lo que diga la Constitución. Y por supuesto sin tener que considerar las posiciones de los partidos de la derecha. Además –añadía ERC implícitamente– no nos gusta la política de desinflamación ni la figura de Miquel Iceta porque desinflamando se desmoviliza al independentismo. Y contigo, Pedro Sánchez, queremos negociar, pero no tienes fuerza suficiente para imponernos a Iceta y para seguir desinflamando sin nuestro consentimiento.

Así estaban las cosas el jueves por la noche. Patada de ERC a Sánchez en el trasero de Iceta. Luego, tras el portazo, mano tendida. Exhibición de fuerza como advertencia previa. Pero ERC no se ha dado cuenta –ya le ha pasado otras veces– de la realidad. Ahora tiene quince escaños y antes nueve, pero los quince pesan menos que los nueve porque su valor de bisagra ha bajado. Sánchez ahora no los necesita imperativamente como cuando la moción de censura. Incluso podría ser investido con su voto en contra, aunque sería bastante complicado que PP, Cs y ERC se fundieran en un no a Sánchez inmediatamente después de unas elecciones.

Y desde esta posición de fuerza relativa, el mensaje es claro. Si os molestaba que un catalán presidiera el Senado –porque no os gusta que la desinflamación modere la radicalidad separatista– y la respuesta es una patada, vais a tener ración doble. Una catalana, Meritxell Batet, la primera de la lista del PSC por Barcelona, presidirá el Congreso de los Diputados con la vistosidad que el cargo da y un senador del grupo socialista, Manuel Cruz, filósofo y no militante del partido, presidirá el Senado.

La respuesta es que ERC puede vetar a Iceta, pero no doblegar al PSC y al PSOE, y que el futuro de Cataluña no pasa ni por el 155 ni por negociaciones al margen de la Constitución. El diálogo y la desinflamación siguen siendo el norte.

Es una apuesta fuerte que en Cataluña tendrá el aplauso del electorado socialista y de bastantes catalanes que votan más la izquierda (En Comú Podem), o más a la derecha (el PP e incluso Cs), que será seguida con interés por el mundo económico y que incluso puede empezar a ser escuchada por una parte del secesionismo.

Que dos catalanes presidan el Congreso y el Senado es en España una decisión valiente. Es difícil, por ejemplo, que le dé más votos a Gabilondo en las cruciales elecciones a la Comunidad de Madrid, pero Sánchez es optimista (para sus enemigos temerario) y debe pensar que si sus electores avalaron la desinflamación cuando era acusado de vender España a plazos, más la aprobarán ahora cuando su primera apuesta (Iceta para el Senado) ha recibido una seria patada del independentismo.

Sánchez quiere hablar y a ser posible llegar a acuerdos con ERC porque hoy es el primer partido catalán. ¿Qué hará ERC? La tentación de los más cercanos al puigdemontismo será tirarse al monte, pero muchos de sus dirigentes (que pierden muchas batallas) hace tiempo que piensan en el PNV, que no renuncia a nada pero que se centra en su autogobierno (cierto que mayor que el catalán) y que sabe que –a grandes rasgos– lo que es bueno para España también puede ser bueno para Euskadi. Por eso el PNV quiere ayudar a la gobernabilidad a cambio de ser tenido en cuenta. Últimamente lo ha hecho con Rajoy y con Sánchez. Y el PNV tiene solo seis diputados, menos de la mitad de los quince de ERC.

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