06 de mayo de 2019
06.05.2019
Tribuna

Luna de Miel del cine con Elche

05.05.2019 | 22:38

Cuando salieron las primeras imágenes por Twitter de la desconocida película con la que la Filmoteca Española pretendía conmemorar sus treinta años de sesiones en el Cine Doré de Madrid, se encendió el proyector y la memoria sacó a la luz otros paisajes similares en los que los protagonistas de la acción, casi siempre en peligro, estaban rodeados de palmeras de la especie «Phoenix dactylifera»: los soldados silentes de El héroe de Cascorro, Yul Briner y Gina Lollobrigida en Salomón y la Reina de Saba, Anthony Quinn y Alain Delon en Mando perdido, James Mason y Jean Seberg en Matar, Marisa Paredes en Tacones lejanos, Matthew Modine en La chaqueta metálica o Christopher Lee en Dark Mission (Operación Cocaína) de Jesús Franco. Precisamente este director, que tanto provechó le sacó a los paisajes de Alicante y Murcia para sus exóticas historias, fue el protagonista de aquella sesión de rescate el pasado 28 de febrero a través de una película que se consideraba inacabada, El escarabajo de oro.

El artífice ha sido Alex Mendíbil, autor de una tesis doctoral sobre el cineasta, « Jess Franco, de los márgenes al cine de autor. Análisis del relato cinematográfico», y encargado de otras recuperaciones en la programación de la Sala B de la Filmoteca Española, al que se le puso desde el CCR (Archivo de la Filmoteca) tras la pista de la película, propiedad de Enrique Cerezo. Cuando comprobó los rollos de negativo, resultó que estaba montada y tenía hasta títulos de crédito, sorprendentemente sustituidos por Vaya luna de miel / Basado en un relato de Edgar Alan Pöe » (sic) y en los que se precisa al final de la película que el depósito legal es de 1980. Aquel año, según una orden de envío que aparece en el archivo, se enviaron dos copias de la película a Magna Films, SA, la productora, y a los Cines Reyzabal de Barcelona, aunque no hay noticias del estreno allí ni en ningún otro sitio.

Fotofilm, el laboratorio de donde provienen estos negativos, puede que tuviera facturas impagadas del productor, el propietario del estudio de doblaje madrileño Magna Films, José Luis Martín Berzal, un tipo raro, según Jess Franco, y que se quedara, por tanto, con los negativos. Sin embargo, en los créditos finales aparece Joaquín Domínguez, dueño de Tritón P.C., como director de producción y Magna Films SA como la productora. Mendíbil especula con la posibilidad de que la película empezara a rodarse con Tritón en Portugal (en Lisboa, la playa de Caparica y Sintra), ya que la mayoría de los trabajos de Franco con Tritón se rodaban allí, y que luego se acabara con la intervención de Magna Films en España, concretamente en Benidorm y en Elche, como se informa sobre el plano final de la película.

Alertado por Chema García Ibarra ante el hallazgo que vio con sus propios ojos en aquel pase, no quedaba otra que verla. Se trata de una producción muy modesta aunque muy complicada, como hemos visto, rodada en poco tiempo y de manera rápida, probablemente entre el verano y otoño de 1979. La película parte de una premisa típica de comedia romántica, la luna de miel de un matrimonio disfuncional en un lugar exótico (la Isla Bananas por Bahamas), pero plagada de los guiños cinéfilos del tío Jess, que van desde el slapstick y la screwball comedy, y con ocurrencias de índole político sobre La Pasionaria y Fraga Iribarne o la parodia histórica del colonialismo en la lectura de viejos folletos turísticos de la isla. Lo que hace de una película tan modesta algo tan especial, en palabras de Mendíbil, «es que representa absolutamente el cine de Jess Franco, su imaginario y su discurso.»

Y el ilusionista Franco hace creer que Elche es en gran parte la isla tropical Bananas, de hecho llega a aparecer una pareja de policías locales con el atuendo de la época en el que podemos apreciar el escudo de la ciudad. Tal como era propio de la forma de filmar el cineasta, se alternan las localizaciones en una lógica al servicio de la historia. Aunque una feria a la que va a divertirse la pareja está rodada en Portugal, el exterior del recinto es el exterior del Parque Municipal de Elche, incluso se lee el rótulo que existía sobre la entrada principal en una imagen mientras huyen hacia el Paseo de la Estación, donde toman un taxi que, en varias tomas desde distintos ángulos, simula el trayecto hacia el hotel donde se hospeda la pareja, el protagonista velado de la película, el hotel Huerto del Cura, no en vano tiene su hueco en los títulos de crédito.

Así, a través de esta colaboración mutua (la necesidad del productor y la publicidad del hotel), el posible espectador de la película podía conocer las instalaciones de un hotel inaugurado al principio de aquella década, también utilizadas por Berzosa en su película sobre el Misteri de 1972. Se ve desde la recepción a una de las habitaciones en la que se refugia la pareja para dar sentido a la luna de miel hasta la zona de la piscina (que simula la residencia del cónsul español en la isla) y el interior del bar. El Parque Municipal también se utiliza para el contracampo de los malos de la película espiando a la pareja en una cala cercana a Benidorm (con su isla en el horizonte) y el camino rodado hacia el restaurante, también en algunos contraplanos del interior de la feria. Aunque la zona de la selva se filmó en Sintra, también hay planos del Hort de Baix intercalados y la cafetería en un parque con lago de la isla ficticia es en realidad una terraza sobre la Rotonda Municipal.

Tras varias secuencias de acción trepidante, la película de aventuras se nutre de una sana desvergüenza que suple la total falta de medios para satisfacer el placer del cineasta por contar historias, lo que facilitó que el público, como pudimos comprobar, se entregara a una experiencia satisfactoria. Por eso resulta un hallazgo realmente interesante que hay que agradecer a la Filmoteca Española, pero también por las evidencias extracinematográficas, por mostrarnos las huellas de una ciudad desvanecida en la memoria, recuperada por la feliz idea de Jesús Franco, después de sus etapas francesa y suiza, de rodar aquí en Elche, un paisaje que no ha enamorado de la misma manera a los nuevos cineastas para ser filmado en su presente y asombrar con posteridad.

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