10 de marzo de 2019
10.03.2019
Profesor de Filosofía del Derecho en la UA

No todo Estado es Estado de Derecho

09.03.2019 | 21:03

Para quien es guiado por el sentimiento, la solución de cualquier cuestión es fácil» ( Fernando Pessoa). Esa frase, acompañando a una foto de los líderes independentistas catalanes, la publicamos Manuel Atienza y yo en Imaginación ética, la sección dominical del diario INFORMACIÓN en la que se invitaba al lector a reflexionar sobre cuestiones éticas a partir de imágenes. Que nadie minusvalore la importancia de las emociones y sentimientos en la actuación moral y política; de hecho, en no pocas ocasiones, son precisamente el sentimiento y la emoción quienes empujan a la acción y la explican. Pero explicar no es justificar, y si una cosa tenemos que hacer quienes nos dedicamos al estudio de la razón práctica es justificar racionalmente cosas como la conexión de la Ética con la Política, de la justicia con la ley, o de los valores morales con el Derecho. Porque de eso iba la declaración de Jordi Cuixart que me propongo comentar aquí.

«El Estado de Derecho no está por encima de la democracia, porque el franquismo también era un Estado de Derecho». Esto señalaba el presidente de Òmnium Cultural en su declaración ante el Tribunal Supremo. Sorprendentemente la totalidad de los diarios digitales que he consultado recogen la negación inicial (que el Estado de Derecho no está por encima de la democracia), pero algunos de los más importantes (El País, El Mundo, ABC) no citan la referencia a la justificación que da Cuixart para sostenerlo, «porque el franquismo también era un Estado de Derecho». Lo que me propongo sostener aquí es que lo primero es verdad a medias, y lo segundo es falso. Y para hacerlo recojo aquí buena parte de lo esencial de un artículo que publiqué en el semanal Ahora, conmemorando los cincuenta años de la publicación del libro de referencia en el pensamiento político español reciente Estado de Derecho y sociedad democrática, de Elías Díaz.


La siempre necesaria historia

En 1966, en España, faltaba todavía mucho tiempo para que los desencantados peregrinaran por los platós de televisión denunciando que la democracia resultaba aburrida. En 1966 hacía tres años que se había ajusticiado a  Julián Grimau, militante del clandestino Partido Comunista. En 1966 hacía también tres años que las autoridades franquistas registraron y clausuraron la sede de Òmnium Cultural prohibiendo sus actividades. En 1966 el ministro de Información y Turismo,  Manuel Fraga, presentó en marzo la Ley de Prensa e Imprenta, y Elías Díaz, en octubre, publicó en Cuadernos para el Diálogo Estado de Derecho y sociedad democrática, inmediatamente secuestrado por orden de la Dirección General de Información del ministerio de Fraga. Esta es su intrahistoria.

La Comisión Internacional de Juristas, con sede en Ginebra, publicó en 1962 su informe sobre «El imperio de la ley en España», y tanto los hechos como los argumentos jurídicos mostraban a las claras que la España franquista distaba mucho de ser un Estado de Derecho. La tendencia natural de la dictadura (aunque no solo de ella) a la demagogia llevó a la publicación, a modo de réplica oficiosa del régimen al mencionado informe ginebrino, de otro informe cuyo título era ya suficientemente significativo: «España, Estado de Derecho». En ese contexto, Elías Díaz publicó su libro.

Tal y como recoge Wikipedia, «en 1967, tras una larga batalla jurídica, Òmnium Cultural consiguió la legalización. En ese momento, y gracias a las posibilidades que proporcionaron nuevas leyes (como la ley de prensa de Manuel Fraga Iribarne de 1966), la entidad pudo restablecer y potenciar sus actividades. Fue en ese momento cuando inició la apertura de delegaciones en toda Cataluña».

A ver si ahora va a resultar que el Estado de Derecho era el que representaba Fraga, y el secuestro del libro de Elías Díaz fue un ejercicio en defensa de la libertad de opinión. No deja de tener su aquel que el franquismo que clausuró Òmnium Cultural sea la representación del Estado de Derecho que Cuixart recoge como referencia. ¿Supone eso que a partir de la Ley de Prensa e Imprenta de Fraga el franquismo devino un Estado de Derecho? (esa era la gran aspiración del Régimen), ¿o lo era ya desde su génesis como vencedor de la Cruzada? La identificación del franquismo como Estado de Derecho es un error que, de producirse por ignorancia sería una ignorancia culpable, por recogerlo quien lo hace y en el contexto en el que lo hace. Y de ser intencionado con ánimo de confundir, merece un calificativo feo, muy feo.


Características del Estado de Derecho

Con todas las objeciones que el pensamiento crítico puede y debe señalar, Estado de Derecho y sociedad democrática es, desde su publicación en España hace más de cincuenta años, la referencia obligada para determinar qué es, qué requisitos debe cumplir, y cuál ha sido la evolución histórica del Estado de Derecho. Y si empezamos por la primera de sus manifestaciones, la del Estado de Derecho liberal, sus características pueden resumirse en cuatro:

a) El imperio de la ley: ley como expresión de la voluntad general recogida en el órgano popular representativo (Parlamento o Asamblea Nacional).

b) División de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial que pretende evitar la concentración de los mismos.

c) Legalidad de la Administración: actuación según ley y suficiente control judicial. La actuación de la Administración está fiscalizada jurídicamente a través de un sistema de recursos contenciosos-administrativos atribuidos a favor del particular contra las posibles infracciones legales de la Administración.

d) Derechos y libertades fundamentales: garantía jurídico formal y efectiva realización material.

Que el presidente de una asociación cultural afirme que el Estado franquista reunía estos requisitos y puede por tanto identificarse como un Estado de Derecho, resulta injustificable. Siendo benévolos tal vez el error venga de identificar al Estado de Derecho como a un Estado capaz de articular un Derecho, un código civil y penal... Claro que el franquismo era un Estado, y claro que tenía una articulación jurídica; pero como recoge en frase célebre la primera línea del libro que aquí sigo: No todo Estado es Estado de Derecho. Y Jordi Cuixart debería saberlo.

Falta analizar la primera parte de la cita anta el Supremo, que «el Estado de Derecho no está por encima de la democracia». Mantengo que es una verdad a medias, porque en rigor no está ni por encima ni por debajo. La relación entre ambos es más de identificación que de subordinación. Como recoge Elías Díaz: «Si el Estado es la institucionalización del poder político, el Estado de Derecho sería correlativamente la institucionalización del poder político democrático, es decir la institucionalización jurídico-política de la democracia».

Desde la iusfilosofía, la justificación argüida por Jordi Cuixart de que el Estado de Derecho no está por encima de la democracia, porque el franquismo también era un Estado de Derecho, es falsa. Sin embargo, otra afirmación suya en esa misma declaración es absolutamente cierta: «Yo mismo soy independentista, tengo un sentimiento republicano y estoy seguro de que aquí no se está juzgando mi sentimiento republicano».

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