02 de marzo de 2019
02.03.2019

Los teatros, imagen del mundo griego

01.03.2019 | 22:54

Juan Antonio Roche, profesor de Sociología Cultural y de las Artes en la Universidad de Alicante, une a la larga lista de publicaciones este estudio sobre los teatros griegos, publicado por la editorial Antrhopos y titulado Del monte de Apolo a la vid de Dioniso, que como se especifica en el subtítulo trata de «Naturaleza, dioses y sociedad en la arquitectura teatral de la Grecia antigua». En esta obra el autor desentraña el mensaje de esta arquitectura teatral. Los teatros constituyen uno de los máximos testimonios de la forma de entender el mundo de los griegos antiguos y en la arquitectura teatral se plasman las preguntas más profundas del alma humana; se pregunta por el cosmos, por Dios o los dioses y por el propio hombre. En esta cosmovisión griega se plantean estas tres cuestiones, no como compartimentos estancos, sino plenamente interrelacionados. El autor nos presenta un amplio catálogo de los teatros griegos situados tanto en las ciudades como en las montañas, las cuevas, los valles; su mirada a los mares y a los cielos nos da a entender de un modo concreto el conocimiento que el griego tiene de su mundo, de la propia realidad física en la que se configura su vida.

En la religión helena, afirma el autor, no se produce una separación nítida entre los aspectos políticos, sociales y religiosos, sino que existe una imbricación en todos ellos. La presencia de lo religioso en el teatro es tratada en todas sus facetas; desde el sentido de la sacralidad en su ubicación espacial, así como la representación teatral entendida como acto de culto y también enseñanza normativa. Las representaciones teatrales se llevan a cabo en el tiempo festivo, un tiempo sagrado y la propia representación teatral está envuelta en una liturgia religiosa, con manifestaciones tales como el traslado de la imagen del dios al propio teatro en el comienzo de las fiestas; el altar que también es utilizado como escenario de la representación, el sacrificio de un animal que se lleva a cabo antes de la representación y que da nombre a la tragedia. Los argumentos de las obras están sacados en gran parte de los mitos, su representación de los ritos antiguos de Grecia, que de manera muy profunda se nos narra en el capítulo V de este libro. Por medio de figuras tan vinculadas al teatro como las divinidades DIoniso y Apolo, dioses a la vez que antagónicos, complementarios y a través de ellos se manifiesta la relación del teatro con la religión, la fiesta, la política, la vida de los griegos. De esa relación nos dirá Nietzche, se acaba engendrando la tragedia. En la humanización, en la contemplación del teatro griego, descubrimos que su diseño y funcionalidad responden a una serie de valores religiosos y políticos. En la humanización de los dioses, nos dice el autor, se descubre la dimensión del hombre «lo más divino y profundo que posee el mundo se expresa en la figura humana».

Los teatros al igual que los templos son públicos son creaciones de la comunidad, son edificios políticos. Las enseñanzas del teatro se proyectan en la polis y la polis es el lugar en el que se configura la forma humana de vida. El modo de conducirse de forma responsable en la ciudad es la política. Para los griegos la concepción de la polis es fundamentalmente una realidad moral, más que una realidad física, de aquí que cuando se habla de la ciudad nos referimos a una comunidad como una realidad moral; eso lleva consigo que cuando se la nombra, se nombra especialmente a la comunidad humana. El propio Sófocles define la ciudad como «la gente, los hombres, la vida misma». La ciudad se convierte en el escenario de la representación de la vida humana. La representación del teatro es una escuela de ciudadanía, que inspira la representación ciudadana en la vida de cada día. Es esta una idea que no ha dejado de estar presente en el pensamiento de muchos de nuestros dramaturgos a través de los tiempos. El poeta Miguel Hernández en el prólogo a las cuatro breves obras del llamado «Teatro en la guerra», nos viene a decir que todo pueblo necesita tener un teatro ejemplar para conseguir un mundo ejemplar. El teatro como escuela de ciudadanía que nos enseñe a llevar a cabo una digna representación en nuestra vida. Sin duda un mensaje muy apropiado para nuestros tiempos.

No es fácil sintetizar en estas líneas una obra tan densa y sugerente como la que nos presenta el profesor Juan Antonio Roche. Sirvan estas letras para invitarles a su lectura. Sin duda el conocimiento del mundo clásico nos ayuda a orientarnos en las incertidumbres del presente.

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