27 de febrero de 2019
27.02.2019
Tribuna

Sobre las primarias socialistas en Alicante

27.02.2019 | 04:15
El domingo 24 de febrero se han celebrado las primarias socialistas para elegir el candidato alcaldable para la ciudad de Alicante. Como ha quedado de relieve, para ganar estas primarias no era preciso tener un programa de gobierno para Alicante mejor, ni tener mayor preparación, ni tener más compromiso socialista con el modelo de sociedad, ni estar afiliado al PSOE, ni siquiera ser candidato.
 
Al finalizar el escrutinio, quedó claro quién fue el ganador. La mayoría de los presentes se acercaban a felicitar a Ángel Franco, no era candidato, pero como «amo del cortijo socialista de Alicante» había ganado su peón, su jornalero. Su modelo de cortijo clientelar sigue vivo: ganar elecciones internas para perder elecciones municipales, y dejar vía libre a los caciques de los grandes negocios alicantinos.
 
Para no caer en la trampa de los descalificativos verbales, a continuación, expongo mi punto de vista sobre el funcionamiento de la agrupación, y sin nombrar a nadie. En todo grupo, asociación o partido político, los ciudadanos acuden por intereses muy dispares, unos para llenar el tiempo libre, otros para compartir ideas o aficiones, otros para defender intereses concretos, otros para promocionarse y situarse, otros para sacar beneficio social y/o económico... Los intereses se pueden dividir en dos grupos, los visibles y los ocultos, los verdaderos son difíciles de descubrir ya que cada socio suele esconder sus motivos. Antes de acudir a formar parte de una organización, los individuos suelen valorar las diferentes alternativas, primero qué pueden sacar y después qué tienen que aportar. Las asociaciones también saben que su existencia, poder y futuro dependerán de los beneficios que puedan aportar a sus socios. Pero no nos engañemos, la primera finalidad de los grupos no es proporcionar tales beneficios a sus socios o afiliados. Ante todo, la razón primera de todo grupo organizado es perpetuarse en el tiempo e incrementar su poder e influencia. Después, y sólo después, la organización se volcará en cumplir sus nobles motivos fundacionales. Es por ello que los dirigentes de todo grupo organizado son capaces de aliase con el mismísimo diablo para obtener financiación, aunque tengan que apartar o desviar «momentáneamente» los intereses y derechos de sus socios. Las negociaciones son siempre privadas y al margen de los socios, y en ellas, algunos dirigentes confunden financiación de la organización con negocios propios. En cualquier caso, siempre que hay financiación y donativos de recursos al margen de los que correspondan por ley, la subordinación de la asociación está asegurada.
 
Dentro de todo grupo también están los vividores y negociantes, esos ciudadanos que saben manejar los integrantes y los estatutos de las organizaciones para progresar en la vida de forma rápida, o para conseguir un empleo de por vida, o para sacar tajada o para conseguir mordidas. Estos personajes, que no son exclusivos de la derecha ni de la izquierda, se adaptan y acoplan a todo jefe con un mínimo de poder en cualquier asociación vecinal, cultural, deportiva, profesional, sindical, empresarial o política, desde la simple asociación de vecinos hasta el más selecto de los clubs privados. Si ingresas o participas en un grupo, detecta a estos arribistas cuanto antes y no se te ocurra discrepar con ellos, o con otros en su presencia, sobre los cargos dirigentes de la organización. Aun sin hacerlo, corres el peligro de ser desprestigiado bajo cualquier pretexto si representas un obstáculo o una competencia para sus intereses, estatus o promoción.
 
Para romper con esta dinámica del egoísmo individual dentro de la agrupación socialista de Alicante, los socialistas necesitamos recuperar la participación de los afiliados en el debate político del partido. Es imprescindible que los socialistas de base aporten críticas constructivas sin temor a caer en desgracia, porque de lo contrario estamos fomentando el servilismo y el estancamiento de ideas. Los socialistas queremos que las decisiones no vengan impuestas desde arriba y que los dirigentes locales dejen de actuar de cortafuegos a cambio de prebendas e inmunidad. La agrupación socialista no necesita jefes. Necesitamos un secretario general que organice y lidere el partido con un programa socialista, y no con un programa circunstancial, interesado y personal. El PSOE del siglo XXI debe ser un partido de izquierdas, universalista, democrático y participativo.
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