14 de febrero de 2019
14.02.2019

EL SUPREMO TOREA UNA CABRA

13.02.2019 | 23:01

abe recordar periódicamente que el partido más votado de Cataluña en el último envite responde por Ciudadanos. En efecto, se trata del socio así en Andalucía como en la plaza Colón de Vox, la formación de ultraderecha moderada que ejerce la acusación popular en el proceso al independentismo catalán. Conviene fijar también que la quimera de la independencia de Cataluña nunca ha sido posible, según acreditan ahora mismo separatistas tan acusados como Oriol Junqueras o Joan Tardà. Bajo estas premisas, decae la liturgia judicial contra unos reos que asisten a peticiones de décadas de cárcel en el Supremo con la disciplina resiliente de otra monótona sesión del Parlament.

En ningún caso se pondrá en duda aquí la valía majestuosa del Supremo, a diferencia de unos abogados al borde de la defensa de ruptura popularizada por Jacques Vergès. Imaginamos a unos maestros, diestros en la lidia jurídica por encima de sus pares, formados y uniformados sin tacha. Y a quienes se les exige que toreen una cabra. O un rinoceronte, si prefieren atribuir el absurdo a Ionesco. Nadie preparó al tribunal retrepado en su burladero para rematar la faena con ese toro canijo, desobediente a las normas que rigen la tauromaquia. No se puede juzgar al fútbol con el reglamento del baloncesto.

Todavía no se ha cerrado el desfile zoológico en el juicio del milenio. Mientras los magistrados dan capotazos a una humilde cabra que les disfrazaron de puntiagudo miura, la afición se pregunta dónde para el elefante blanco, que en el proceso al golpe auténtico del 23 F introdujo el elemento de suspense por su papel decisivo, pero no materializado en la asonada. El proboscidio responde en el Supremo por Carles Puigdemont, con un diploma europeo que lo inhabilita para cometer delitos de consideración. Por lo visto, las decisiones golpistas de la Generalitat corrían a cargo de la encarcelada consellera de Familia.

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